Los lobos de la Cibona, los legendarios ‘Vukovi’, vuelven a salir de caza. El irrepetible equipo croata, antaño uno de los más duros y exitosos de toda Europa, celebró el martes por la noche su primera victoria continental en la última década. Lo hizo ante el Galatasaray turco (96-76) y en la Champions League, la tercera competición más importante tras la Euroliga y la Eurocup. El norteamericano Malik Battle fue el principal responsable de la gesta, autor de 32 puntos, cinco asistencias y seis dianas desde la línea de tres en siete intentos. Sin embargo, no fue el más ovacionado del encuentro por el público de Zagreb. Ese honor fue para Biserka, madre del mito Drazen Petrovic , que mostró antes del inicio del encuentro la camiseta de su vástago, fallecido en 1993 en un trágico accidente de tráfico, y la de su hermano, el también archiconocido Aleksandar Petrovic. Un ambiente irrepetible que nada tiene que ver con lo vivido por el conjunto balcánico hace solo unos años. De hecho, en 2023, estuvo a punto de colapsar, presa de una malísima gestión económica que obligó al gobierno croata a bloquear sus cuentas durante 120 días. Además, fue expulsado de las competiciones domésticas y tanto jugadores como entrenadores acudieron a la huelga tras no cobrar durante varios meses. Una situación similar a la vivida en la temporada 2009-10, solo que hace tres años, el equipo se declaró en banca rota y tuvo que comenzar a transformarse en una sociedad anónima. Un trago durísimo para un escudo que posee dos Copas de Europa, pero que significó la primera piedra de su renacimiento. Así, el pasado 29 de septiembre se completó su metamorfosis gracias a Víctor Dodig. El prestigioso empresario canadiense, especializado en telecomunicaciones, quiso hacer honor a la patria de sus padres, croatas emigrados a Norteamérica en la década de los 50, salvando el emblema deportivo más importante del país. Se hizo con el 69,96% de la acciones de la Cibona y promulgó una ampliación de capital de casi dos millones de euros. «Zagreb y Croacia adoran el baloncesto, y adoran a la Cibona, así que confío en que volvamos a llenar el pabellón y ver jugar en nuestra ciudad a algunos de los mejores equipos de Europa», aseguró el mes pasado.Dicho y hecho pues, tras una buena ristra de fichajes y buenas decisiones, la Cibona, después de mucho sufrimiento, volvió a sentirse grande el pasado martes, entre los mejores del continente y haciendo honor a su dilatada historia en el baloncesto, que comenzó allá por 1946. Su primer nombre fue Club deportivo Sloboda y, unos años después, pasó a denominarse como Lokomotiva. Pero no sería hasta los 70 cuando asumiría el nombre de Cibona, debido a que una importante marca de alimentos croata pasó a ser su principal patrocinadora. Con Mirko Novosel en el banquillo, su nombre comenzó a ser temido en toda Yugoslavia, pues en 1982 conquistó la Recopa de Europa, su primer título europeo, y la liga nacional. Pero aquellos éxitos quedaron empequeñecidos en 1985, cuando el conjunto ascendió al olimpo del baloncesto. Gracias a los 36 puntos de Drazen Petrovic, uno de los mejores anotadores que se recuerdan, se hizo con su primera Copa de Europa después de batir al Real Madrid en la gran final. Un éxito inconmensurable que repetiría el curso siguiente, aunque en esa ocasión fue el Zaligiris lituano su presa. La cascada de títulos continuó hasta que, en 1991, estalló la guerra de los Balcanes. Como a otros grandes equipos del territorio, la Cibona fue obligada al exilio pues la FIBA prohibía jugar al baloncesto en un país en plena desintegración. Su destino fue Puerto Real, en Cádiz, su casa hasta 1993. Ya finalizado el conflicto, los de Zagreb continuaron con su estela y se convirtieron en dominadores de la liga croata, aunque la difícil situación económica del país y la marcha de los grandes talentos nacionales fueron deteriorando su salud año tras año. Su última muesca fue el campeonato de la Liga Adriática de 2014 (trofeo donde compiten los grandes equipos de la antigua Yugoslavia), paso previo a la autodestrucción. Pero la crisis parece ya un un mal sueño, un oscuro recuerdo. Los ‘vukovi’ están de vuelta.
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