Dice Javier Sierra , el hombre que ganó el Premio Planeta en 2017, que la palabra que mejor le define es entusiasmo, ‘inspiración divina’ en su origen griego. Y vaya si lo derrocha en cada frase. Hoy, el escritor, siempre sonriente, siempre cercano, presenta la reedición de una de sus novelas más famosas: ‘La cena secreta’ (Planeta, 2026), esa en la que analiza los mensajes ocultos que Leonardo da Vinci dejó en ‘La última cena’. Lo hace 22 años después de que fuese presentada, tras tres millones de ejemplares vendidos y haber sido traducida a más de cuarenta idiomas. Y lo hace, asegura, porque ha pasado bastante tiempo como para entregársela a esta nueva generación de lectores.–La novela no ha cambiado, pero, ¿lo ha hecho Javier Sierra?–Esa es la clave. La novela es la misma, pero yo no, ni tampoco aquellos que la leyeron cuando se publicó en 2004. La literatura como algo inamovible no existe, es un espejo en el que nos reflejamos. Y eso ocurre con ‘La cena secreta’. El mensaje es que si el libro sigue reeditándose 22 años después, es porque es un espejo que sigue dando buen reflejo a los lectores, continúa interesando y no ha pasado de moda. Casi amenaza con convertirse en un clásico… [Ríe]–¿Le atrae la idea de convertirse en un clásico?–No es una etiqueta que me acompañe cuando me levanto, pero entiendo que este libro forma parte de la literatura española contemporánea, y eso me reconforta.–Y el oficio de escritor, ¿le reconforta tras más de dos décadas?–Es un oficio muy solitario y que tiene muchas incertidumbres. Nunca sabes qué va a ser de un libro cuando lo entregas, y da igual que seas un autor de éxito o que tus novelas hayan estado en el ‘top ten’ del New York Times. En lo personal, me enfrento a cada manuscrito como si fuera el primero. Quizá es complejo de Peter Pan, que no quiero crecer, pero es algo que me ilusiona. Me ilusiona cada reedición, cada vez que me llaman para decirme que uno de mis libros sale en edición de bolsillo…–¿Cómo le ha sentado releerla?–He descubierto matices que sabía que había introducido, pero que no había apreciado en su totalidad. Por ejemplo, la tesis que subyace de la influencia del neoplatonismo en la trama. En la época en la que se pintó ‘La última cena’, Marsilio Ficino había traducido por primera vez los libros de Platón al latín. Eso generó un gran debate porque permitió descubrir que, en el siglo IV a.C., la ética cristiana ya estaba armada y que muchos de sus valores morales se hallaban ya en el filósofo. Pero de nuevo, soy yo el que ha evolucionado: en estos 22 años he acudido muchas veces a Platón, a Pico della Mirandola… Son personajes que he utilizado para otras novelas y que ahora me permiten apreciar más estas capas de ‘La cena secreta’.–Presenta a un Leonardo bastante desconocido. ¿Cómo le definiría?–Como un hombre gamberro, muy inteligente, inconformista, atrevido… pero también como un oportunista en el buen sentido de la palabra. Si veía una oportunidad de experimentar con algo, lo hacía. No hay que olvidar que el duque de Milán, Ludovico Sforza, no lo contrató como pintor, sino para que reformara las cocinas del palacio. A partir de ahí creó desde una picadora de vacas, hasta un autómata. Los detalles nos dicen que era muy transgresor.’La última cena’, de Leonardo da Vinci ABC–En lo religioso también era muy atrevido. ¿Siguen vivos los enigmas de ‘La última cena’?–Los misterios sobre Leonardo siguen vigentes. Cuando en 1999 se terminó la restauración de ‘La última cena’, la doctora Pinin Brambilla , al frente de los trabajos, confirmó que lo que vemos en el cuadro apenas tiene un 20% de su mano; todo lo demás se ha perdido porque la técnica pictórica hizo que la pintura se deteriorase. Brambilla se encontró hasta cinco capas de pintura encima de la original. A la vez, eso sí, hizo que brotaran todos los enigmas.–Uno de ellos es que Leonardo pintó a los Apóstoles sin halo…–Sí. Leonardo pintó a los 13 personajes como humanos: ninguno tenía halo de santidad. La escena tampoco era la de consagración de la Eucaristía, ni estaba el tradicional cordero pascual. Además, defiendo que la figura que parece ser el traidor es Pedro, que en el siglo XV representaba a la Iglesia. En definitiva: era una pintura política porque se acusaba a la Iglesia de traición a Cristo desde la corte de los Sforza, la familia que había contratado a Leonardo.«Leonardo pintó a los 13 personajes como humanos: ninguno tenía halo de santidad» Javier Sierra Escritor–Usted sostiene que Leonardo se retrató como Judas Tadeo, pero de espaldas a Jesús. ¿Qué significa?–Con este dato inicié un proceso de investigación muy curioso, casi policíaco. Descubrí que Mateo, que en el cuadro se halla a la espalda de Leonardo, era la descripción perfecta de Ficino. Y también que Simón, a la derecha en ‘La última cena’, había sido construido a partir de un busto de Platón. La carga simbólica era increíble: se veía como Ficino y Leonardo le prestaban más atención a Platón que a Jesús. Eso es una declaración de intenciones: un alejamiento de la Iglesia y un acercamiento a las fuentes clásicas. Ese era el mensaje.La cena secreta Editorial Planeta Páginas 368 Precio 22,90 euros A la venta el… 16 de septiembre–¿Sigue pensando que Leonardo podría ser cátaro?–Sí, porque es algo coherente. La doctora Brambilla coincidió con mi hipótesis: algunos cátaros vivieron en Concorezzo, entonces un pueblecito a tan solo dos kilómetros de la capilla de Santa Maria delle Grazie. Y es posible que hubiera conexión entre ellos y Leonardo.–¿Con qué pregunta le gustaría terminar esta entrevista?–[Ríe] Si puedo elegir… Nunca me han preguntado quién es Javier Sierra.–¿Y quién es?–Pues un niño curioso, por reducirlo mucho. Pero un niño que disfruta descubriendo y compartiendo. Por eso terminé en la radio a los 12 años y por eso no he parado de contar historias hasta los 55.
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