Nacer en diciembre o hacerlo en enero supone apenas unas semanas de diferencia en el calendario, pero dentro de una misma clase puede significar casi un año más de desarrollo. Un niño que acaba de cumplir seis años puede compartir aula, actividades y exigencias con otro que se acerca ya a los siete. Esa distancia cobra especial importancia cuando se valoran cuestiones como la atención, la capacidad para permanecer sentado o el control de los impulsos.
El psicólogo Rafa Guerrero ha llamado la atención sobre este fenómeno a partir de una investigación realizada en Canadá. «Los niños nacidos en diciembre tienen un 39% más de probabilidad de ser diagnosticados con TDAH que aquellos nacidos en enero», explica. El dato no indica que diciembre predisponga al trastorno sino que en realiad, señala otra cuestión y que tiene que ver con el hecho de que ser de los más pequeños de la clase puede influir en cómo los adultos interpretan determinados comportamientos.
Los niños nacidos en diciembre tienen un 39% más de probabilidades de ser diagnosticados con TDAH
El dato procede de un estudio publicado en 2012 en Canadian Medical Association Journal. Los investigadores analizaron a 937.943 niños de entre 6 y 12 años de Columbia Británica durante un periodo comprendido entre 1997 y 2008. La fecha de corte escolar de esta provincia canadiense era el 31 de diciembre. Esto hacía que los nacidos durante ese mes fueran normalmente los más jóvenes del curso, mientras que los de enero se encontraban en el extremo contrario.
Al separar los resultados por sexo, los investigadores observaron que los niños nacidos en diciembre tenían un 30% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de TDAH que los nacidos en enero. Entre las niñas, la diferencia alcanzaba el 70%. Al considerar conjuntamente los datos, la Universidad de British Columbia comunicó una diferencia del 39%. También aparecía un patrón similar en el tratamiento farmacológico. Los nacidos en diciembre presentaban una probabilidad un 48% superior de recibir medicación para el TDAH respecto a los nacidos en enero.
Once meses durante la infancia pueden marcar una gran diferencia
Guerrero pone el acento precisamente en esa distancia de edad. «La única diferencia entre esos niños es que unos llevan 11 meses más de vida, nada más. Están en la misma clase y se les exige lo mismo», señala. Once meses probablemente importan poco cuando se comparan dos adultos, pero durante los primeros años de escolarización pueden representar una diferencia apreciable de madurez. No todos los niños desarrollan al mismo ritmo capacidades como esperar su turno, organizar una tarea o mantener la atención durante un periodo prolongado.
Un alumno más pequeño puede mostrarse más inquieto o impulsivo que otro casi un año mayor sin que esa diferencia implique necesariamente la existencia de un trastorno. Los autores del estudio canadiense apuntaron precisamente al denominado «efecto de la edad relativa» y advirtieron de la posibilidad de que los alumnos más jóvenes estuvieran siendo sobrediagnosticados. «Comparar a un niño de diciembre con uno de enero es comparar dos madureces distintas y llamar trastorno a la diferencia», resume Guerrero.
Nacer en diciembre no significa tener más riesgo de TDAH
Este es probablemente el matiz más importante del estudio. La investigación encontró una asociación entre la posición del niño dentro del curso y la frecuencia con la que recibía un diagnóstico. No demostró que el mes de nacimiento provocara TDAH. De hecho, el patrón observado estaba relacionado con el calendario escolar. En Columbia Británica, diciembre quedaba inmediatamente antes de la fecha de corte y sus nacidos eran, por tanto, los más jóvenes de la clase. Los investigadores estaban interesados precisamente en comprobar si esa edad relativa podía influir en las decisiones de diagnóstico y tratamiento.
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo y su valoración no debería depender de que un niño sea simplemente más inquieto que los compañeros mayores de su clase. Guerrero recuerda además que no existe una única prueba que permita confirmar por sí sola un diagnóstico. «No existe la prueba del TDAH, no hay un test ni analítica ni neuroimagen», señala. La evaluación requiere reunir información sobre el comportamiento y las dificultades del menor, además de valorar cómo aparecen en distintos ámbitos de su vida.
Mirar al niño más allá de lo que ocurre en clase
El estudio canadiense no plantea que los niños más pequeños no puedan tener TDAH. Un menor nacido en diciembre puede necesitar diagnóstico y tratamiento igual que cualquier otro. La advertencia está en evitar que la inmadurez propia de su edad se convierta por sí sola en una señal de trastorno. Por eso resulta importante observar qué sucede fuera del aula. Si las dificultades de atención, impulsividad u organización persisten en el tiempo y aparecen también en casa o en otras situaciones, la valoración será distinta a la de un niño que simplemente se muestra más inquieto que sus compañeros durante determinadas actividades escolares.
Para Guerrero, los profesores también deberían tener presente quiénes son los alumnos más jóvenes del grupo antes de comparar su comportamiento con el de quienes les llevan prácticamente un año. El dato del 39% adquiere así un significado muy distinto. No dice que los niños nacidos en diciembre tengan más TDAH, sino que, en la población estudiada, tenían más probabilidades de recibir ese diagnóstico. Una diferencia que los investigadores relacionaron con la edad relativa dentro del aula y que obliga a mirar la madurez del menor antes de interpretar su comportamiento como un problema clínico.
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