No existe una regla universal que permita afirmar que a todos los gatos les gustan o les disgustan los abrazos, ya que, al igual que ocurre con las personas, cada animal tiene su propia personalidad. Algunos disfrutan del contacto físico y buscan que los cojan en brazos, mientras que otros se apartan o incluso pueden llegar a morder si se sienten incómodos. Ahora bien, es fundamental recordar que los gatos tienen una forma de comunicarse y expresar sus emociones muy diferente a la nuestra.
Por eso, un beso o un abrazo que para nosotros representa una muestra de cariño, puede tener un significado completamente distinto para un felino. En muchos gatos domésticos, este tipo de contacto genera incomodidad porque sienten que no pueden moverse libremente. Aun así, lo más importante es observar sus reacciones y respetar siempre sus preferencias y límites.
¿Por qué a los gatos no les gustan los abrazos?
Verónica Ros Llobell , veterinaria generalista en Veterinario del Clínic, explica en Rac1 qué es lo que más se malinterpreta del comportamiento de un gato: «en muchas ocasiones analizamos su comportamiento desde nuestra perspectiva o pensando que son pequeños perros. El gato tiene una naturaleza diferente y necesita que entendamos sus propias formas de comunicarse. El ronquido es un buen ejemplo. Pensamos que cuando roncan es porque están cómodas, pero también puede ser por dolor, estrés o miedo. Lo mismo ocurre cuando un gato hace sus necesidades fuera del arenal: podemos pensar que lo hace para enfadarnos, cuando en realidad puede estar expresando un problema de salud o una situación de estrés».
Y añade: «uno de los errores más habituales es tratar al gato como si fuera un perro pequeño. Muchas veces forzamos el contacto físico porque queremos acariciarlo, cogerlo o tenerlo cerca, sin entender que puede no querer ese contacto en ese momento. También es necesario pensar en el entorno. Un gato necesita lugares en los que refugiarse, zonas seguras, un arenal limpio y bien situado, una alimentación adecuada y momentos de interacción con nosotros. Que sea un animal independiente no significa que no necesite atención».
Para entender por qué a muchos gatos no les gustan los abrazos, primero hay que tener en cuenta su naturaleza. Son depredadores, pero también pueden ser presas, por lo que cuando los rodeamos con nuestros brazos pueden percibirlo como una forma de sujeción que limita sus movimientos. Aunque el abrazo sea cariñoso y no tenga ninguna intención agresiva, el animal puede interpretarlo como una situación de amenaza o peligro
Por eso, no es una buena idea coger al gato de repente para abrazarlo, especialmente mientras está comiendo o durmiendo. Esto no quiere decir que no necesite afecto. Los expertos recomiendan esperar a que sea él quien se acerque y permitir que nos indique cuándo quiere contacto, acariciándolo suavemente por la barbilla y las orejas. Si ronronea y permanece relajado, probablemente esté disfrutando de nuestra atención. Entonces podemos probar a acercarnos un poco más, siempre con delicadeza
Si observamos que el gato se queda rígido, mueve la cola de forma insistente o empieza a maullar, lo mejor es detenernos de inmediato porque nos está indicando que la situación le incomoda. En cambio, si acepta el contacto y permanece tranquilo, podemos hablarle con una voz suave y calmada para transmitirle seguridad mientras está en nuestros brazos.
Señales de incomodidad
A diferencia de los perros, que en muchos casos toleran los abrazos de sus dueños, los gatos pueden reaccionar de una forma diferente. Pero, ¿en qué debemos fijarnos para saber si al gato le gustan las muestras de cariño? Una de las señales más características aparece en las orejas. Cuando un gato las coloca hacia atrás, especialmente si permanece tenso, suele estar mostrando incomodidad, miedo o irritación. Esta postura también puede indicar que el animal se siente amenazado y está preparado para defenderse.
La cola también constituye una parte fundamental del lenguaje corporal de los gatos. Los felinos la utilizan para comunicarse y sus movimientos pueden variar dependiendo de lo que estén sintiendo. Por eso, si al cogerlo para abrazarlo observamos que comienza a mover la cola de manera rápida e insistente, lo más recomendable es dejarlo nuevamente en el suelo. Los movimientos bruscos suelen estar relacionados con estados de estrés o incomodidad.
Otra de las señales más evidentes aparece cuando el gato intenta escapar de nuestros brazos. Si empieza a retorcerse, empuja con las patas o hace movimientos para conseguir liberarse, lo mejor es soltarlo cuanto antes y permitir que vuelva a tener libertad de movimiento.
Finalmente, la veterinaria recuerda que «necesitan enriquecimiento ambiental. Rascadores, lugares elevados donde puedan subir y observar el entorno y escondrijos donde se sientan seguros. También necesitan interacción activa con las personas con las que conviven. No se trata de llenar la casa de objetos, sino de ofrecerles un entorno en el que puedan elegir dónde estar, explorar, esconderse, descansar y jugar».
Powered by WPeMatico