María Antonietta tiene 101 años y ha pasado prácticamente un siglo observando cómo cambiaba la sociedad que la rodeaba. Nacida en Italia y residente en Cerdeña, una región conocida por la elevada presencia histórica de personas centenarias, ha compartido una reflexión sobre una de las contradicciones que observa en la vida moderna, porque muchas veces cuanto más tenemos, más parece que queremos. «Nunca estamos satisfechos; si tenemos un dedo, queremos cuatro», explica en una entrevista. Su testimonio compara la austeridad de su infancia con la abundancia material actual y plantea una pregunta sencilla, ya que ¿tener más significa realmente necesitar menos?
Antes se vivía mejor con menos
María Antonietta recuerda una infancia alejada de muchas de las comodidades que hoy forman parte de cualquier hogar. Durante los años de la guerra, su familia dependía en buena medida de lo que podía obtener de un huerto y no disponía de agua corriente en casa. Para conseguirla tenían que desplazarse hasta el río con cántaros, una rutina que hoy resulta difícil de imaginar para buena parte de la población.
Sin embargo, la mujer no describe aquellos años únicamente desde la carencia. Al recordar su infancia, asegura en Progetto Happiness que «no nos faltaba nada», una frase con la que pone el énfasis en aquello que no aparece en una lista de bienes materiales. Su relato diferencia entre disponer de pocas cosas y sentir que la vida carece de aquello que realmente importa, una distinción que atraviesa buena parte de su reflexión.
Cerdeña y los centenarios
El contexto en el que vive María Antonietta también resulta especialmente llamativo. Algunas zonas del interior de Cerdeña forman parte de las denominadas zonas azules, áreas identificadas por investigadores por sus elevados niveles de longevidad. La Universidad de Cagliari explica que la llamada zona azul sarda fue delimitada a partir de investigaciones demográficas que detectaron una elevada supervivencia hasta edades muy avanzadas en determinados municipios de la isla.
Su reflexión puede resumirse en una idea, ya que la cantidad de cosas que tenemos no determina necesariamente nuestra capacidad para sentirnos satisfechos. Después de 101 años de vida, su comparación entre una infancia austera y un presente mucho más abundante deja abierta una cuestión que no necesita una respuesta científica para resultar universal, ya que quizá el problema no sea únicamente cuánto conseguimos, sino cuándo dejamos de necesitar siempre algo más.
Powered by WPeMatico