Hubo un tiempo, no hace tanto, cuando gobernaba el PP de Mariano Rajoy, en que todo desahucio, con independencia de dónde se produjera, era responsabilidad exclusiva del Gobierno. Desahucio en Madrid, culpa de la derecha. Desahucio en la Barcelona de Ada Colau, culpa de la derecha. Desahucio en Sevilla, pese a que en la Junta de Andalucía y en la ciudad hispalense gobernaba por entonces el PSOE, culpa de la derecha. Desahucio que se producía en el último rincón de España, el culpable era el PP.
Pedro Sánchez lleva más de ocho años gobernando, pero el PSOE y la izquierda han encontrado en el desahucio de la octogenaria Maricarmen la baza que andaban buscando para desviar la atención de la crisis de Ceuta y de la corrupción que rodea al partido del Gobierno y la familia del presidente. Vaya por delante una consideración: ver a una anciana tener que salir de su domicilio en camilla es conmovedor, pero más allá de la triste imagen de Maricarmen, convendría detenerse a analizar la suprema hipocresía de sus muñecos: esa izquierda empeñada en invertir la carga de la prueba y en señalar al PP de Ayuso y Almeida con argumentos que son una oda al cinismo.
Sánchez prometió acabar con los desahucios y vendió las virtudes de un Gobierno progresista para acabar con esta lacra social. El fracaso ha sido absoluto. Cuando Sánchez llegó a la Moncloa, el problema de la vivienda no estaba entre los diez asuntos que más preocupaban a los españoles, según el CIS, y ahora encabeza la lista con amplia distancia sobre el resto de preocupaciones.
Resulta evidente que, en lugar de resolver el problema, Sánchez se ha dedicado a construir un gigantesco edificio de mentiras para tratar de esconder la supina incapacidad de su Gobierno. Y ahora lanza sus críticas a Ayuso por el desahucio de Maricarmen cuando la comunidad que abandera de largo el número de desahucios en España es la Cataluña del socialista Illa. Y miente el Gobierno cuando afirma que el Ministerio de Vivienda intentó comprar la casa de la octogenaria madrileña para que esta no tuviera que ser desahuciada. Que demuestre la oferta de compra. No hubo ninguna. Los muñecos mentirosos de la izquierda han encontrado en Maricarmen un instrumento para desviar la atención. La están utilizando.
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