Toda relación comienza con el enamoramiento, repleto de pasión e intensidad emocional. Los problemas no existen, todo es pura idealización. Un momento efímero, una armonía imperiosa, el mismo ‘Idilio’ que pervive en las páginas del nuevo libro de André Aciman, que edita Alfaguara . El archiconocido autor de ‘Call me by your name’ (‘Llámame por tu nombre’) presenta cuatro novelas cortas amalgamadas en una . Aciman da rienda suelta a su obsesión con la memoria proustiana. Desde ‘El caballero del Perú’, pasando por ‘Habitación frente al mar’ y ‘Mariana’ hasta ‘Polizones’, los encuentros casuales y el recuerdo imaginado dominan la narrativa, entrelazándose con los sucesos inesperados y el amor que no pudo ser.—¿Cuándo se dio cuenta de que estas cuatro historias pertenecían al mismo libro?—Es irónico, porque las editoriales italianas e inglesas las publicaron por separado pero, al final, son distintas perspectivas sobre el mismo tema: un amor intenso, normalmente desesperado y, al mismo tiempo, esperanzador.—En ‘Idilio’ luce muy interesado en lo que queda cuando una historia de amor termina: la memoria, el deseo y todos los ‘¿y si?’ que nunca sucedieron. ¿Le interesa más el amor que experimentamos o el que imaginamos y nos gustaría haber vivido?—El que nunca llegó a ocurrir, el que pensamos constantemente. De hecho, nuestros recuerdos no son de las cosas que sucedieron, sino de cómo hemos reconstruido todo lo que pasó para formar una especie de recuerdo. Así que se ha convertido, básicamente, en un recuerdo fantástico. Eso es lo que yo llamo ‘lo que pudo haber sido’, ‘lo que debió ser’ pero que nunca ocurrió. Eso es lo que nos consume por completo y se convierte en el modo en el que vivimos toda nuestra vida. Nunca es lo que está en el presente, siempre se deriva hacia el futuro o hacia el modo condicional, el subjuntivo o el pasado, pero nunca se queda en el tiempo presente. Y no creo haber vivido nunca en el presente, no creo que nadie lo haga, aunque haya gente que afirme que sí.—Las cuatro historias empiezan con un encuentro o evento casual que lleva a una posibilidad inesperada. ¿Cree que una vida puede cambiar debido a momentos aparentemente insignificantes?—Yo suelo empezar con un momento insustancial, nada importante, y luego ves cómo se transforma en algo totalmente imprevisto y, por supuesto, lleno de arrepentimiento. Así que el principio es algo absolutamente impredecible. Me gusta porque nunca sé adónde voy a ir en la siguiente página, ni lo sé, ni quiero saberlo. Me gusta explorar. Solo me dejo llevar hasta que ocurre algo que me dice: ‘Ah, creo que esto va por aquí’. Me encanta cuando pasa eso porque entonces sí que puedo ver el final de la historia. Me doy el lujo de no saber adónde voy. Pero, al mismo tiempo, es muy limitante, ya que no sabes lo complicadas que pueden llegar a ponerse las cosas.«Me interesa el amor que nunca llegó a ocurrir, el que pensamos constantemente»—Sus personajes recuerdan, reconstruyen conversaciones e imaginan vidas que pueden haber tenido. ¿Hasta qué punto cree que la memoria transforma lo que pasó realmente? ¿Puede aquello que imaginamos llegar a ser tan importante como lo que vivimos?—Nunca recordamos lo que sucedió realmente. Siempre transformamos lo que pasó en lo que podría haber pasado, lo que debería haber pasado o lo que habría pasado. Nunca recordamos las cosas exactamente como ocurrieron porque recordamos mal o porque preferimos fantasear sobre lo que pasó. Pero, al fin y al cabo, nada sucede justo como queríamos y eso está bien, porque tanto en mi escritura como en mi vida, no sé adónde voy. Y creo que a mis personajes les pasa exactamente lo mismo.—Desde ‘Call me by your name’, el deseo, la memoria y el paso del tiempo han sido temas recurrentes en muchas obras suyas. ¿Cómo ha evolucionado su visión del amor desde ese entonces?—Es la misma. Aunque creo que hoy en día, sin embargo, tenemos una forma distinta de deseo porque este se difunde a través de los mismos medios que se supone que hacen que la vida suceda. La gente puede comunicarse entre sí con bastante facilidad, la mayoría presupone que las redes sociales permiten que todo sea más simple cuando, en realidad, están teniendo el efecto contrario. Evitan que las personas se deseen unas a otras. Es algo que no entiendo: la gente entra en internet y se conoce, pero creo que muchos ni siquiera tienen relaciones sexuales e, incluso, se niegan a tenerlas. Yo vengo de una generación que cree que se debería practicar sexo todo el tiempo, y ahora me encuentro conque la gente ni siquiera tiene citas.
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