Miguel Bosé acaba de cumplir 70 años, pero hay un episodio de su infancia que permanece especialmente presente en sus memorias. Tenía sólo diez años cuando su padre, el torero Luis Miguel Dominguín, decidió llevarle de safari a Mozambique durante un mes, en junio de 1966. Lo que debía ser una aventura para el pequeño terminó convirtiéndose en una experiencia límite marcada por la enfermedad. Bosé contrajo malaria, sufrió fuertes fiebres, vómitos, diarreas y una importante deshidratación, hasta el punto de perder buena parte de su peso y acabar en coma. A su regreso a Madrid, todavía tendría que afrontar una larga recuperación que le obligó a pasar el resto del verano en una silla de ruedas.
Un safari decidido por su padre
El viaje a Mozambique estaba relacionado con la particular forma que Luis Miguel Dominguín tenía de entender la educación de su hijo. Según recuerda Bosé en sus memorias, su padre quería endurecerle y enseñarle a desenvolverse en un entorno salvaje. La idea del safari había aparecido anteriormente en sus conversaciones familiares, hasta que finalmente, cuando Miguel acababa de cumplir diez años, se hizo realidad.
«Con diez años recién cumplidos, fuimos de safari a Mozambique un mes entero», recuerda el cantante en El hijo del capitán trueno. La expedición comenzó a mediados de junio de 1966 y estuvo marcada desde el principio por las diferencias entre la personalidad del niño y aquello que su padre esperaba de él.
Antes de viajar, un médico había proporcionado quinina como medida preventiva frente a la malaria. Sin embargo, Bosé asegura que su padre guardó las pastillas y no se las administró durante el viaje. El cantante explica que fue entonces cuando comenzó una enfermedad que acabaría teniendo consecuencias mucho más graves de las que cualquiera de los dos podía imaginar.

Fiebre, vómitos y una pérdida de peso extrema
Durante el safari, el estado de salud de Miguel Bosé fue empeorando progresivamente. El cantante relata que comenzó a sufrir fiebre, vómitos y diarreas muy fuertes, además de una importante deshidratación. La situación llegó a ser tan delicada que dejó de tener fuerzas y comenzó a sentirse una carga para quienes le acompañaban.
El regreso a España estuvo acompañado por una imagen que Bosé recuerda especialmente. Cuando su madre le vio llegar a Barajas, quedó completamente impresionada por el estado físico en el que se encontraba su hijo.
«Jamás olvidaré la cara que puso al verme. Descompuesta», escribió el cantante al recordar aquel momento. Su pérdida de peso había sido enorme. Según explicó, había salido de España pesando algo más de treinta kilos y regresó con menos de quince.
La diferencia física era especialmente llamativa teniendo en cuenta que apenas tenía diez años. El niño que había viajado a Mozambique para vivir una aventura regresaba a Madrid debilitado y necesitado de cuidados constantes.

Miguel Bosé entró en coma con diez años
El episodio más grave llegó después del regreso a España. La enfermedad no había desaparecido y las fiebres continuaron durante la convalecencia. Bosé recuerda uno de los momentos más extremos de aquellos días, cuando sufrió convulsiones y perdió el conocimiento.
«Había entrado en coma», relata al describir aquel episodio. Años después también recordó públicamente aquella experiencia y explicó que la causa había sido la malaria que había contraído durante el safari.
La enfermedad provocó que la recuperación fuese mucho más lenta de lo esperado. El cantante pasó semanas intentando recuperar las fuerzas después de la importante pérdida de peso y del deterioro físico sufrido durante el viaje.

El resto del verano en silla de ruedas
La recuperación no terminó cuando desaparecieron las fiebres. Bosé explica que la convalecencia se prolongó durante meses y que las consecuencias físicas de la enfermedad le impidieron recuperar inmediatamente su vida normal.
«La convalecencia fue larga», recuerda en sus memorias. Una de las consecuencias más visibles de aquel periodo fue que tuvo que desplazarse en silla de ruedas durante buena parte del verano. «Yo me pasé el resto del verano en una silla de ruedas», explica.
El episodio quedó así ligado para siempre a uno de los recuerdos más duros de su infancia: un viaje organizado por su padre cuando apenas tenía diez años que terminó con una grave enfermedad, una pérdida de peso de más de quince kilos, un coma y meses de recuperación en Madrid.
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