El Gobierno predica que la confianza en el sistema ferroviario se ha «quebrado» y se enfoca en volver a recuperarla. La clave es si admite que la persona con legitimidad y credibilidad para hacerlo no es el actual titular de Transportes, con dos accidentes tan mortíferos en su gestión reciente. Esta decisión no está definida, pese a que desde los altavoces socialistas oficiales se afanen en trasladar el blindaje de Óscar Puente . «Máximo respaldo», señalan. De hecho, fuentes gubernamentales indican que Pedro Sánchez rechazó el ofrecimiento del ministro de echarse a un lado, al considerar «injusto» que asumiera la responsabilidad por lo ocurrido. «Creo que puedo conseguirlo, confío en ello y el presidente del Gobierno también confía», aseguró el propio Puente en rueda de prensa, sobre su capacidad para reconducir la crisis.La dimisión del ministro sobrevuela desde el mismo miércoles del accidente y el hecho diferencial —respecto a otros siniestros precedentes, como el de Adamuz— es que, en esa ocasión, la presión interna está siendo muy fuerte. Puente es una persona de la máxima confianza de Sánchez, uno de sus escuderos más fieles y parecía inmune a cualquier movimiento de desestabilización. Sin embargo, ahora se encuentra en el alero y hay un sector del partido que considera «inasumible» su mantenimiento en el cargo. Más si cabe, a un mes de las elecciones. En Moncloa han perpetrado un movimiento defensivo en dos direcciones y en forma de rendición de cuentas. La doble comparecencia de este viernes desde el ministerio y la parlamentaria del martes en la Diputación Permanente revela el afán de resistencia y de dar la batalla de la continuidad.Por ello, fuentes socialistas consultadas dan por hecho que no habrá ninguna novedad hasta que Puente acuda al Congreso. «Tiene que dar la cara y dar explicaciones», señalan. «A partir del martes ya veremos», apuntan. Por delante, todo un fin de semana largo en el que se comenzará a calibrar el impacto real de la tragedia con la demoscopia como refuerzo. Se han encargado encuestas para dibujar de forma más fidedigna el escenario al que se enfrentan y trazar nuevas estrategias, si fuera necesario, para resolver la crisis. Tal como informó ABC , internamente al ministro ya le dan por amortizado y consideran que si sigue en el puesto es por un mero cálculo político. Los movimientos se hacen en corto y condicionados por otros elementos paralelos que van surgiendo en la investigación. Desde el primer momento, el Gobierno apuntó al «error humano», una filtración en defensa propia para desviar el foco del Ejecutivo y de la gestión deficiente de las infraestructuras hacia el centro de control de Adif en Atocha. En base a esta tesis, dejar caer al ministro —más allá de «injusto», según Sánchez— supondría asumir que el Gobierno tiene algún tipo de responsabilidad en lo ocurrido cuando fue una aplicación equivocada de los protocolos. Por otro lado, otras fuentes apuntan que descabezar ahora el ministerio no aportaría nada en la resolución de la crisis. «Necesitas alguien que controle y él es bueno en eso», dicen. «Tiene que dar la cara y dar explicaciones. A partir del martes [tras comparecer en la Diputación Permanente] ya veremos», apuntan en el partidoEn esta misma línea, y desde la mera instrumentalización política, también hay quien considera que dejar caer a Puente en un momento tan inicial implica eliminar un cortafuegos clave para el presidente, lo que acabaría repercutiendo sobre Sánchez el desgaste de la tragedia. Esto es, dejar que el ministro acabe de achicharrarse para tratar de mantenerse a salvo. Sin embargo, la retórica comienza a volverse en contra, porque mientras se pregona lo inadmisible de los dos siniestros mortales en la alta velocidad, no se asume ninguna responsabilidad por ello. «Asumir mi responsabilidad es dar la cara», respondió el ministro.«No seré un problema»Puente destiló un victimismo —en su comparecencia de este viernes ante los medios— que no encajó bien una parte del PSOE. El titular de Transportes se definió como «una persona muy pequeña dentro de un gran proyecto de país» y dijo que si pensara que es perjudicial se apartaría. «Yo no seré un problema». A partir de este momento, se enfocó en señalar que «pasar dos veces por esta circunstancia», no se lo desea «a nadie» y anticipó un futuro todavía peor. «Soy consciente del calvario que me espera, más en campaña electoral», avanzó, para señalar que «lo fácil para mí sería salir, pero no va con mi carácter ni eso es lo que Sánchez me ha pedido», sentenció.La dimensión de la crisis está todavía por cuantificar, pero todas las fuentes consultadas asumen que será perjudicial para sus intereses. Hasta ahora, en el Gobierno estaban muy satisfechos con el devenir de la campaña que se estaba desarrollando en base a sus intereses y en torno a debates que le eran favorables: vivienda, pensiones, protestas en la educación pública… Ahora todo ha cambiado. Puente, cuya exposición pública se ha limitado a lo estrictamente necesario y al que se ha desactivado en redes sociales, ya asume que no tendrá un papel principal en campaña. Al menos, no como el activo político que estaba considerado hasta el momento. «No es esencial que yo haga campaña», dijo el propio ministro, que es cabeza de cartel del PSOE en Valladolid, en una conversación informal con periodistas.«No es esencial que yo haga campaña», dice Puente, en privado, que es cabeza de cartel del PSOE por Valladolid el 29-NEn su entorno apuntan que está «muy tocado», pero él asegura tener «la conciencia tranquila». Fuera del PSOE las presiones se suceden para que dé un paso a un lado. Incluso desde el Frente Amplio, en el que se integran sus socios de coalición con asiento en el próximo Consejo de Ministros, se demanda la dimisión. El PP, por su parte, está dispuesto a convertirle en el mejor activo de campaña, si se mantiene el ministerio, para que sean los españoles «quienes le dimitan con sus votos». El goteo de salidas en las filas socialistas durante esta campaña ya lo engrosan dos renuncias: la de la que fuera portavoz de la Ejecutiva del PSOE Montse Mínguez por los negocios inmobiliarios de su pareja, en plena embestida a los grandes tenedores por su acaparación de viviendas, y el del exdelegado del Gobierno en Madrid Francisco Martín por no haber sido incluido en las listas del partido.
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