Asturiano de Oviedo, guionista, director y actor de cine, escritor, inventor de universos y futbolero, cronista deportivo bajo el pseudónimo de Martín Girard, conversador, italófilo, helenioherrerista e inventor de una nueva forma de periodismo que seguía las suelas de los zapatos de tipos como Norman Mailer, Tom Wolf o Gay Talese.Gonzalo Suárez, hombre de mucho mundo, mucha vida, mucho cine y mucha escritura ha fallecido a los 92 años, algo casi impensable para quien lo viera hace apenas unos meses recogiendo el Goya de Honor y regalándole a la audiencia uno de esos discursos llenos de lucidez, imaginación y poesía inolvidables y en el que, de repente, él era el bisonte de las cavernas. Ese Goya de Honor se lo entregó María de Medeiros, actriz portuguesa que trabajó con él en ‘El detective y la muerte’ .Podía decirle, con todas las de la ley, a los otros directores de cine que él era escritor; y a los otros escritores, que él era director de cine, pero lo cierto es que sus imágenes nacían de la palabra escrita, como ‘ Ditirambo ‘, su primer largometraje, como más tarde ‘ Epílogo ‘, otro de sus títulos de inequívoca procedencia, que venían de un universo ya creado por él en su novela ‘ Rocabruno bate a Ditirambo ‘. Pero no solo era creador, escritor y filmador de un mundo propio, también fue un magnífico adaptador de mundos que no le pertenecían, pero a los que les encontraba su punto personal, como es el caso de la que tal vez es su película más popular, ‘Remando al viento’ , en la que recoge el vaho de Mary Shelley, de Byron, Polidori y demás monstruos y lo visualiza todo en esta hermosa película, en la que Hugh Grant aún no sabía que podía ser Hugh Grant.Adaptador con personalidad del mundo de otros en ‘La Regenta’, en ‘Parranda’, en ‘ Don Juan en los infiernos ‘, en ‘ El detective y la muerte ‘, incluso en ‘El portero’, donde adaptó un relato de Manuel Hidalgo, donde mezclaba el cuero futbolero con el pellejo rasgado de la guerra civil. Y en ‘ Don Juan en los infiernos ‘ lo que mezclaba era la figura de Don Juan, más cerca de Moliére que de Zorrilla o Tirso, con su capacidad barroca para dialogar y una reflexión sobre el tiempo que le valió a su actor, Fernando Guillén no solo un Goya sino también la impresión de haber hecho el trabajo de su vida.Su última película, ‘ Oviedo Express ‘, aun sin estar entre lo mejor de su filmografía todavía conservaba todo el zumo de su estilo, tragicómico, romántico, surrealista, abundante de imaginación y de una cierta y graciosa petulancia, en realidad, abundancia, referencia y fragancia cultural.Con los más grandesJosé Sacristán, Francisco Rabal, José Luis Gómez, Fernando Fernán Gómez, Antonio Ferrandis, Charo López, Fernando Guillén, Héctor Alterio, Carmen Maura, Marisa Paredes, Javier Bardem, mucho Carmelo Gómez…, los más grandes actores de su generación querían estar en las películas de Gonzalo Suárez , entre otras cosas porque sabían que se iban a encontrar con textos, diálogos e ideas de esas que rebotan en la pantalla, marean y no podrían ni siquiera soñar con decirlas en otro sitio más que dentro de sus películas. Gonzalo Suárez, fuera mejor o peor, lo que sí era es ‘incopiable’, un tipo sin posible duplicado, protegido por la patente de su inimitable talento.La reciente reedición de ‘La suela de mis zapatos. Pasos y andanzas de Martín Girard’ , una impagable crónica de la Barcelona de los años sesenta, con artículos recogidos y editados en 2006, y que respira el espíritu alegre, libre, apasionado y optimista de un mundo, una generación y unos personajes hoy impensables, nos devolvía a la actualidad su talento literario, periodístico y creativo. En lo lúdico, en lo tenebroso, en lo cinematográfico, en lo extravagante, ‘Con el cielo a cuestas’, ‘ El caso de las cabezas cortadas ‘, ‘El cementerio azul ‘, ‘Ditirambo’…, Gonzalo Suárez nos deja lectura para toda una vida y películas para ir desenvolviéndolas (algo más que viéndolas) de vez en cuando pero siempre.
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