John Frieda ha muerto a los 75 años. El peluquero británico, considerado uno de los grandes nombres de la industria de la belleza, deja tras de sí una carrera marcada por los peinados que hicieron historia, una clientela repleta de estrellas y una revolución que llegó mucho más allá de los salones de Londres. Entre las mujeres que confiaron en sus manos estuvo Diana de Gales, aunque su influencia en la peluquería de aquella época se entiende especialmente a través de un corte que causó auténtica sensación entre las británicas.
En los años 80, llevar el pelo con volumen, movimiento y una forma perfectamente estudiada era casi una cuestión de identidad. Frieda supo interpretar aquel momento y crear estilos que terminaron convirtiéndose en referentes. Uno de los más recordados fue el que realizó para Joanna Lumley, que interpretaba a Purdey en la serie británica The New Avengers. La actriz necesitaba una imagen reconocible para su personaje y el peluquero diseñó un corte corto, redondeado y con un flequillo muy característico. El resultado trascendió la pantalla y se convirtió en uno de esos peinados que muchas mujeres querían llevar.
Aquel trabajo fue una de las primeras grandes demostraciones de su talento para crear imágenes que conectaban con el público. Frieda no se limitaba a seguir las tendencias: sabía anticiparse a ellas y adaptar cada corte a la personalidad de quien se sentaba en su sillón. Por sus manos pasaron también Jackie Kennedy Onassis, Twiggy, Farrah Fawcett, Gwyneth Paltrow y Nicole Kidman. Y entre sus clientas figuró Diana de Gales, una de las mujeres que más influencia ejercieron sobre la moda y la belleza de su tiempo.
De una peluquería familiar a las estrellas de Londres
La peluquería formaba parte de su historia familiar. Su abuelo había sido barbero y su padre regentaba un establecimiento, aunque inicialmente quería que John siguiera estudiando y llegara a ser médico. Él tenía otros planes. Acabó entrando en el salón de Leonard Lewis, donde apenas un mes después ya había sido seleccionado como ayudante.
Allí empezó a relacionarse con algunos de los nombres más importantes de la moda y la imagen, entre ellos la maquilladora Barbara Daly y la estilista Grace Coddington. En 1976, con solo 25 años, abrió su primer salón en Londres. Aquella decisión fue el comienzo de una trayectoria de cinco décadas en las que su nombre se convirtió en una referencia internacional.
Su éxito no se limitó a las celebrities. Frieda entendió que muchas de las necesidades que escuchaba diariamente en su salón podían encontrar respuesta en productos que las mujeres utilizaran en casa. Y ahí llegó su segunda gran revolución.
El hombre que consiguió domar el encrespamiento
Junto a la empresaria Gail Federici desarrolló una compañía de cosmética capilar que cambiaría la manera de entender el cuidado del cabello. Su producto más conocido fue Frizz Ease, un sérum concebido para combatir el encrespamiento, uno de los problemas que más preocupaban a sus clientas.
Lanzado en Estados Unidos en 1990, el producto convirtió una necesidad cotidiana en un éxito comercial. Ya no era imprescindible acudir a un peluquero para conseguir un cabello más manejable. La marca amplió después su catálogo con líneas específicas para rubias, morenas y pelirrojas, como Sheer Blonde, Brilliant Brunette y Radiant Red.
En 2002, el gigante japonés Kao adquirió el negocio de productos capilares por 450 millones de dólares. Los salones quedaron fuera de la operación, pero el apellido Frieda ya había conseguido algo mucho más difícil: ser reconocido por millones de mujeres que quizá nunca habían coincidido con él en una peluquería.
Su equipo comunicó su fallecimiento a través de Instagram y explicó que estuvo acompañado por su familia. Por el momento, no se ha hecho pública la causa de la muerte. Cetera Lamb, directora creativa de su salón londinense, le ha despedido definiéndolo como «una auténtica leyenda, un verdadero inconformista de la peluquería». También Jo Wood ha recordado aquellos primeros encuentros con él, cuando Frieda todavía trabajaba como ayudante en Leonard y ella tenía apenas 16 años.
Este mismo año, al cumplirse medio siglo de sus salones, el peluquero seguía reivindicando la formación, la observación y la capacidad de entender qué favorece a cada persona. Una filosofía que explica por qué su legado va mucho más allá de los productos que llevan su nombre. Frieda fue uno de esos profesionales capaces de convertir un corte de pelo en una tendencia y una necesidad de belleza en un negocio millonario.
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