Muere a los 96 años Sir William Heseltine, una de las figuras clave de la monarquía británica y el hombre que ayudó a cambiar la relación de la reina Isabel II con el público. Australiano de nacimiento, llegó a convertirse en el primer ciudadano de su país en ocupar el puesto de secretario privado de la soberana, una responsabilidad que desempeñó entre 1986 y 1990 y que le permitió trabajar durante décadas en el corazón de Buckingham.
Heseltine pasó más de 27 años vinculado a la Casa Real y fue mucho más que un miembro de la maquinaria interna de Palacio. Su trabajo estuvo estrechamente ligado a una transformación que hoy parece completamente natural: conseguir que la familia real se mostrara más próxima, accesible y conectada con la sociedad. Una estrategia que comenzó mucho antes de que las redes sociales y la televisión en directo convirtieran cada gesto de los Windsor en noticia.
Quienes conocieron de cerca su relación con Isabel II describieron un vínculo basado en la confianza. La reina llegó a referirse cariñosamente a él como «mi Bill», una expresión que reflejaba la cercanía que existía entre ambos. Una relación que contrastaba con la imagen más distante que durante décadas se había proyectado de la soberana y de una institución en la que incluso los miembros más jóvenes de la familia debían pasar por determinados filtros para acceder a ella.
Su llegada a Palacio coincidió además con una etapa en la que la monarquía británica comenzaba a replantearse su relación con los medios. El biógrafo real Ben Pimlott destacó precisamente el papel de Heseltine, que entendía que su trabajo no consistía únicamente en mantener a la prensa alejada, sino en abrir las puertas de la institución siempre que fuera posible. Para él, la comunicación de la Corona debía adaptarse a una sociedad que también estaba cambiando.
Su gran hito: el documental que cambió la imagen de los Windsor
Una de sus grandes apuestas fue el documental Royal Family, emitido en 1969. Heseltine estuvo detrás de una producción que permitió a millones de personas entrar, por primera vez, en la intimidad cotidiana de Isabel II, el duque de Edimburgo y sus hijos. La emisión se convirtió en un fenómeno y se estima que llegó al 68 % del público británico, además de alcanzar una enorme audiencia internacional. La intención era clara: mostrar una cara diferente de los Windsor y acercar la institución a los ciudadanos. El documental permitió ver a la familia real en situaciones mucho menos ceremoniosas de lo habitual y marcó un antes y un después en la manera de presentar a la Corona ante el público.
Heseltine todavía tenía otra idea que terminaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de la monarquía británica: los walkabouts. Durante la gira de Isabel II y el príncipe Felipe por Australia y Nueva Zelanda en 1970, ambos abandonaron el vehículo oficial para caminar entre la multitud y saludar directamente a quienes habían acudido a recibirlos. Aquella fórmula, que entonces resultó novedosa, acabaría convirtiéndose en una práctica habitual de los miembros de la Familia Real durante sus compromisos públicos. Su influencia también alcanzó cuestiones más delicadas. Heseltine defendió que la familia real debía pagar el impuesto sobre la renta, una posición que en un primer momento fue considerada demasiado avanzada. Finalmente, los miembros de la familia comenzaron a pagar el impuesto en 1993.
Tras abandonar su puesto de secretario privado en 1990, Heseltine siguió manteniendo una relación cercana con Isabel II. Su legado, más allá de los cargos que ocupó, quedó ligado a una idea que él mismo resumió años después: «Si bien no le correspondía a la monarquía ser excesivamente vanguardista, tampoco podía permitirse quedarse demasiado rezagada respecto a los tiempos».
Y precisamente ahí estuvo una de sus grandes aportaciones a la Corona: entender antes que muchos que, para sobrevivir al cambio de los tiempos, la monarquía también tenía que aprender a mostrarse más cerca de quienes estaban al otro lado de las puertas de Palacio.
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