Llegado el último set, Atmane brama y tuerce el gesto. El partido ante Munar se ha extendido hasta casi las cinco horas y su cuerpo comienza a decir basta. Atmane se niega a ello y saca el conejo de su chistera. Se duele de la rodilla para que el árbitro entienda que su integridad está en peligro y pueda dar luz verde a la entrada del fisioterapeuta. Munar se quejó por ello. Y el sanitario en cuestión se negó a aplicar el tratamiento. Así fue el final de un partido en el que el español remontó (6-7, 3-6, 6-1, 7-6, 7-5) dos sets de desventaja y accedió a segunda ronda.
«Vengo de meses con muy poca preparación y con falta de sentirme tenista en el día a día. Después ha pasado de todo. He empezado relativamente bien, luego he jugado mal y, durante todo el periodo de los calambres, uno no sabe en qué situación se encuentra. Después se recupera, vuelve a subir el nivel y es difícil adaptarse porque entras en una situación de tensión inesperada. Al final, por mi parte, creo que ha sido muy bueno. Hay que sacar las cosas positivas. Obviamente, tengo que mejorar muchísimo, pero hoy es un paso adelante muy grande», explicó Munar a un reducido grupo de periodistas españoles desplazados, entre los que se encontraba OKDIARIO.
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