Con la edad, los riñones acusan el trabajo acumulado durante décadas, y los hábitos diarios, entre ellos lo que se bebe, pueden influir en cómo envejecen. Mantener una buena hidratación con agua sigue siendo fundamental. Sin embargo, algunos nefrólogos señalan una bebida cotidiana que podría aportar un pequeño beneficio adicional a partir de los 60 años: el té verde sin azúcar. «Se trata de cuidar los riñones cada día, no de soluciones rápidas», resume uno de estos especialistas.
Qué aporta frente al agua
El agua hidrata y mantiene la sangre fluida, lo que facilita la filtración renal, pero no contiene compuestos bioactivos. El té verde, en cambio, incluye catequinas, sustancias vegetales con acción antioxidante a las que se atribuye un efecto protector sobre el revestimiento interno de los vasos sanguíneos. Según quienes lo recomiendan, esto cobra importancia con los años, especialmente en personas con antecedentes de hipertensión o de glucosa elevada.
A ello se suma que es una bebida baja en calorías y, por lo general, con menos potasio que muchos cafés y zumos, algo relevante para quienes deben limitar ese mineral. Su contenido moderado de cafeína puede aportar sensación de alerta sin elevar en exceso la frecuencia cardiaca ni la presión arterial, siempre que se prepare suave y se consuma con moderación.
Lo que dicen los estudios
La investigación apunta en una dirección favorable, aunque con matices. Un análisis del estudio japonés JACC, que siguió a adultos de la población general, concluyó que el consumo diario de té verde se asociaba a una menor mortalidad por enfermedad renal crónica en mujeres. No encontró esa relación con el café, el té negro ni el té oolong.
Otro trabajo, basado en datos del Biobanco del Reino Unido y del estudio estadounidense CARDIA, observó que quienes tomaban té sin azúcar tenían menos riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica, algo que no ocurría con el té azucarado. Esa investigación se refiere al té en general, no solo al verde, y sus propios autores reconocen que los resultados sobre esta relación han sido hasta ahora inconsistentes.
Se trata, en todo caso, de estudios que muestran asociaciones, no una relación de causa y efecto. Como advierte un médico citado entre los defensores de esta pauta: «Lo más importante es lo que haces cada día, no lo que haces una sola vez».
Cómo tomar el té verde
Las recomendaciones que acompañan a esta bebida pasan por prepararla con agua a entre 70 y 80 grados y dejarla reposar dos o tres minutos, lo que da una taza más suave y con menos cafeína. Se aconseja tomarla sin azúcar ni edulcorantes y preferentemente durante el día, para no alterar el sueño. Variedades como el sencha, el bancha o el té de jazmín permiten variar el sabor, y una rodaja de limón o unas hojas de menta añaden frescor sin calorías.
Quién debe tener precaución
Las personas con enfermedad renal avanzada, sobre todo si tienen restringidos el potasio o los líquidos, deben consultar con su médico la cantidad y la concentración adecuadas. El té verde puede dificultar la absorción del hierro, por lo que conviene tomarlo entre comidas si hay niveles bajos. Quienes siguen tratamiento anticoagulante deberían evitar los extractos concentrados y el consumo abundante de matcha y consultarlo antes con su médico. En caso de antecedentes de cálculos renales, se recomienda evitar las infusiones muy fuertes o prolongadas, aunque el té verde suele contener menos oxalato que el negro.
Como alternativas sin azúcar se mencionan el té blanco, el rooibos y la manzanilla. En cambio, se desaconsejan los tés con regaliz, que pueden elevar la presión arterial. El café solo, con moderación, puede ser adecuado para muchas personas, aunque contiene más cafeína y potasio.
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