Madrid tiene costumbres únicas, pero entre las celebraciones de la Almudena hay un momento que llama especialmente la atención: el alcalde toma la palabra para cumplir un compromiso adquirido hace siglos. Se dirige a la Virgen, habla en nombre de Madrid y formula sus peticiones ante la patrona.
Es el Voto de la Villa, una tradición cuyo origen más conocido se remonta a unas lluvias que pusieron en peligro la ciudad en 1646. El tono solemne siempre es el mismo, aunque cada año el discurso cambia.
Todo para que cada renovación del alcalde incorpore las preocupaciones de su tiempo: las familias, las dificultades económicas o la convivencia tienen cabida en unas palabras que unen la historia municipal con la devoción a la Almudena.
Qué dice el Voto de la Villa que el alcalde de Madrid renueva cada noviembre
La alocución comienza con «Señora» y termina con «Que así sea». Entre ambas fórmulas, el alcalde (ahora José Luis Martínez-Almeida) recuerda el vínculo de Madrid con su patrona, agradece su protección y presenta una serie de ruegos.
Eso sí, no lo hace a título personal sino como representante del pueblo madrileño y acompañado de otras autoridades.
El último año, por ejemplo, pidió por la unión de las familias, la atención a las personas desfavorecidas y la superación de disputas que dificultan trabajar por la ciudad. También incluyó al medio rural, a la Familia Real y a quienes tienen responsabilidades de gobierno.
Y es que el Voto de la Villa es más que una simple ceremonia que se sigue repitiendo por pura costumbre. Lo que se renueva es el compromiso y las palabras se adaptan a cada ocasión.
Eso se vio claramente en 2020, en plena pandemia. Ese año el alcalde pidió protección para sanitarios y trabajadores esenciales, ayuda para los científicos y consuelo para quienes habían perdido a un ser querido.
El compromiso que adquirió el alcalde de Madrid en 1646 y que todavía se mantiene
Madrid tiene tradiciones antiquísimas y esta se remonta al reinado de Felipe IV cuando la ciudad sufrió varios meses de lluvias intensas e inundaciones.
El relato conservado por la Real Esclavitud de la Almudena cuenta que se decidió sacar la imagen en procesión y que, poco después de comenzar el recorrido, dejó de llover.
Como agradecimiento, la congregación solicitó al Concejo un voto solemne. El 8 de septiembre de 1646, el corregidor Álvaro Queipo de Llano y los regidores asumieron el compromiso de asistir perpetuamente a la festividad de la Virgen.
De todas maneras, la continuidad de la costumbre tuvo interrupciones. Se suspendió en 1836 y se recuperó en 1845; además, durante mucho tiempo se renovó en septiembre. Su traslado al 9 de noviembre llegó en 1977, cuando esa fecha quedó establecida como fiesta civil de la patrona.
Cómo se convirtió la Virgen de la Almudena en la patrona de Madrid
Según la tradición, los cristianos ocultaron una imagen de la Virgen de la Almudena para protegerla y esta apareció en 1085, después de la conquista de Alfonso VI, al desprenderse unas piedras durante una procesión.
La talla venerada actualmente es posterior, se fecha entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. Pero eso no evitó que con los años se consolidase la devoción popular y su figura como patrona.
De hecho, el Concejo ya la reconocía oficialmente como tal en 1640, antes del voto motivado por las inundaciones. En 1977, Pablo VI confirmó su patronazgo sobre la archidiócesis de Madrid-Alcalá.
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