La posibilidad de que un hombre y una mujer puedan ser amigos y nada más que amigos ha estado durante décadas sujeta a debate. Hay quienes consideran que se trata de una relación posible y quienes creen que, tarde o temprano, la atracción puede terminar entrando en escena. La cuestión no es nueva. Durante siglos, pensadores, filósofos, artistas y escritores han tratado de desentrañar qué ocurre cuando dos personas de distinto sexo construyen un vínculo afectivo que no es romántico; o al menos, pretende no serlo.
Oscar Wilde llevó esta cuestión al terreno de la literatura y lo hizo con una de esas frases rotundas que parecen escritas para sobrevivir al tiempo: «Entre hombres y mujeres no hay amistad posible. Hay pasión, enemistad, adoración, amor, pero no amistad». La frase aparece en El abanico de Lady Windermere, estrenada en Londres en 1892.
Más de 130 años después, la psicología ha estudiado precisamente esa clase de vínculos y ha encontrado una realidad bastante más compleja. La atracción puede aparecer en algunas amistades entre hombres y mujeres, pero los estudios no permiten afirmar que esté necesariamente presente ni que haga imposible una relación platónica.
La frase de Oscar Wilde sobre la amistad entre hombres y mujeres
Aunque suele atribuirse directamente a Oscar Wilde, la frase es pronunciada por Lord Darlington, uno de los personajes de El abanico de Lady Windermere. En el segundo acto, Lady Windermere le pide que sea su amigo y él responde negando que pueda existir una amistad entre hombres y mujeres. Inmediatamente después le confiesa su amor.
Wilde utiliza así el diálogo para jugar con una idea que continúa formando parte del imaginario colectivo. Detrás de una amistad entre un hombre y una mujer puede esconderse, en algún momento, una intención romántica o una atracción que uno de los dos no reconoce.
La contundencia de la frase explica buena parte de su permanencia. No habla de dificultades, posibilidades o excepciones. Dice directamente que la amistad es imposible y coloca en su lugar una lista de emociones: pasión, enemistad, adoración y amor.
¿Puede existir realmente la amistad entre un hombre y una mujer?
La psicología no ofrece una respuesta tan categórica como Wilde. De hecho, los estudios sobre amistades entre personas de distinto sexo muestran que estos vínculos pueden existir, aunque presentan algunas particularidades respecto a otras amistades.
Una investigación publicada en 2012 en el Journal of Social and Personal Relationships analizó precisamente el papel de la atracción en este tipo de relaciones. En uno de sus estudios, realizado con parejas de amigos, los hombres jóvenes declararon sentir una mayor atracción por sus amigas que las mujeres por sus amigos, independientemente de que ellos o ellas tuvieran pareja en ese momento.
El estudio también encontró que tanto hombres como mujeres señalaban la atracción hacia el amigo del otro sexo con mayor frecuencia como un inconveniente que como una ventaja de este tipo de amistad. Sin embargo, eso no significa que todas las relaciones entre hombres y mujeres estén marcadas por la atracción ni que la amistad tenga necesariamente que transformarse en una relación sentimental.
De hecho, una investigación anterior publicada en la misma revista encontró algo especialmente interesante. Entre las distintas formas de atracción que pueden aparecer en una amistad entre hombres y mujeres, la atracción vinculada a la propia amistad era la más frecuente, mientras que la romántica era la menos habitual entre las analizadas.
La atracción puede existir sin acabar con la amistad
Uno de los aspectos más interesantes de estas investigaciones es que la existencia de cierta atracción no implica necesariamente que la amistad tenga que terminar o convertirse en una relación de pareja.
Un estudio publicado en Journal of Social and Personal Relationships analizó precisamente cómo se gestiona la atracción sexual dentro de las amistades entre personas heterosexuales. Sus resultados apuntaron a que la atracción puede representar un desafío dentro de la relación, pero también observaron que, cuando esa atracción se expresa, la amistad continuaba en la mayoría de los casos estudiados.
Es decir, la realidad que describe la psicología está lejos de la afirmación absoluta de Wilde. Puede existir atracción, pueden aparecer malentendidos y pueden surgir expectativas diferentes, pero ninguno de esos elementos convierte automáticamente una amistad entre un hombre y una mujer en una relación romántica.
Oscar Wilde planteó una cuestión que la psicología ha complicado
La psicología no parece respaldar una respuesta tan tajante como la de Lord Darlington. Los estudios sí han encontrado que la atracción puede aparecer en determinadas amistades entre hombres y mujeres y que puede generar dificultades, especialmente cuando no es compartida o cuando cada persona interpreta la relación de una manera diferente.
Pero también muestran que la atracción romántica no es necesariamente el elemento dominante de estas relaciones. Una amistad puede mantenerse como tal incluso cuando existe algún grado de atracción, y las diferencias individuales son demasiado importantes como para convertir la experiencia de una parte de la población en una regla universal.
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