El juez Peinado ha firmado este lunes el auto de apertura de juicio oral contra Begoña Gómez y su asesora Cristina Álvarez. Ya se puede jubilar tranquilo, habiendo dejado bien resuelto su trabajo, ya que el próximo domingo, 27 de septiembre, cumple 72 años, la edad máxima para seguir en activo. La hija de Sabiniano, el de las saunas y los clubes de alterne, tendrá que responder ante un jurado popular por los delitos de tráfico de influencias y malversación; mientras que su asesora lo hará como cooperadora necesaria en parte del delito de malversación presuntamente cometido por Begoña.
Tal y como explica el juez Peinado en su auto, Begoña Gómez habría cometido ambos delitos prevaliéndose de su condición de esposa de Pedro Sánchez, en la medida en que esta relación de parentesco con el secretario general del PSOE, primero, y presidente del Gobierno de España, más tarde, le habría permitido influir y malversar de un modo que estaría totalmente fuera del alcance de cualquiera que no estuviera casada con Sánchez.
Careciendo de estudios universitarios y con una escasísima y muy poco prestigiosa carrera profesional llevando la contabilidad de los clubes de su padre y como formadora de comerciales de telemarketing, a Begoña Gómez en la vida le habrían dejado dirigir una cátedra universitaria, ni habría conseguido que grandes empresas como Indra, Telefónica y Google pusieran una pasta para el bodrio de software que a ella se le antojó. Todo eso lo consiguió únicamente por ser la mujer de Pedro Sánchez.
Como fundamento de derecho, el juez señala la sentencia que condenó a Iñaki Urdangarín, quien «se prevalió, entre otras circunstancias, de la relación de parentesco que por vínculo matrimonial había adquirido con la hija del monarca».
Recordemos que el entonces marido de la infanta Cristina fue condenado a más de cinco años de prisión por malversación, fraude, prevaricación, delitos fiscales y tráfico de influencias. Influencias que Urdangarín conseguía por haberse casado con una hija del rey, del mismo modo que Begoña, la nueva Urdangarina, habría influido por ser la mujer de Pedro Sánchez.
Solamente la mujer de Pedro Sánchez puede lograr que, sin ningún proceso selectivo y solo porque era su amiga, Moncloa contratase a Cristina Álvarez por 50.000 euros al año, para luego convertirla en la secretaria de su actividad privada.
Dice el juez en su auto que Begoña «solicitó, aceptó y aprovechó de forma estable la dedicación de una empleada retribuida por Presidencia a tareas ajenas al cometido institucional del puesto: interlocución con universidades, patrocinadores y partners; seguimiento de la cátedra; gestiones sobre el software; asistencia a reuniones técnicas…», algo que solo pudo hacer por ser la mujer de Pedro Sánchez.
Creyendo que así la defienden y con la manifiesta intención de insultar al juez Peinado, nada más conocerse el auto, el PSOE publicó un tuit que dice: «Begoña Gómez es inocente y, desde hace dos años, está en el centro de una persecución judicial y política por ser la mujer del presidente Pedro Sánchez.»
La Fiscalía en España es una institución totalmente desprestigiada desde el momento en que Pedro Sánchez presumió de que depende de él y lo demostró nombrando como Fiscal General del Estado a marionetas sumisas a sus órdenes, uno de ellos ya condenado e inhabilitado. Esa Fiscalía de Pedro Sánchez decidió en este caso incumplir sus funciones, pedir el sobreseimiento y no formular acusación.
Esa función acusadora que debería estar ejerciendo la Fiscalía la está asumiendo, sin saberlo ni pretenderlo, todo el equipo de opinión sincronizada que, sin pensar mucho, sigue las consignas que les marcan desde el PSOE.
De lo que se acusa a la hija de Sabiniano, el de las saunas y los clubes de alterne, es precisamente de haberse aprovechado de ser la mujer de Pedro Sánchez. Repitiendo como loros que se está persiguiendo a Begoña Gómez «por ser la mujer del presidente Pedro Sánchez»; en realidad están reforzando los argumentos del juez Peinado.
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