Crecer con dificultades económicas no determina quién será una persona, pero puede dejar huellas que permanecen a pesar del paso del tiempo. Quienes esperaban al día de Reyes para recibir un regalo, quienes no podían celebrar sus cumpleaños con amigos o quienes veían cómo sus padres renunciaban a ciertos gastos, pueden arrastrar algunos de esos aprendizajes hasta la edad adulta.
Muchas de nuestras costumbres no aparecen por casualidad. Detrás de la forma en la que administramos el dinero, compramos, comemos o nos relacionamos con los demás, pueden esconderse aprendizajes adquiridos durante la infancia. La escasez obliga a desarrollar estrategias para salir adelante y, aunque los recursos económicos cambien con los años, algunos de esos mecanismos permanecen.
10 comportamientos habituales en adultos que crecieron con pocos recursos
- Elegir siempre lo más barato: comparan precios, esperan a las rebajas y priorizan el ahorro incluso cuando pueden permitirse gastar más.
- Sentir culpa al darse caprichos: les cuesta gastar dinero en sí mismos porque aprendieron que había otras necesidades más importantes.
- Prepararse siempre para lo peor: ahorran por miedo a los imprevistos y prefieren conservar dinero por si llega una mala racha.
- Saber aprovecharlo todo: reparan objetos, reutilizan materiales y encuentran soluciones sin necesidad de comprar cosas nuevas.
- Acumular comida en casa: tener la despensa vacía puede generarles ansiedad, por lo que prefieren contar siempre con provisiones.
- Dificultad para tirar objetos: guardan prendas, envases y aparatos porque consideran que todavía pueden tener alguna utilidad.
- No pedir ayuda: están acostumbrados a resolver sus problemas por sí mismos y pueden sentir que recurrir a otros supone una carga.
- No sentirse nunca económicamente seguros: incluso con buenos ingresos, mantienen el miedo a perder la estabilidad que tanto les costó conseguir.
- Sentirse fuera de lugar en determinados ambientes: pueden experimentar incomodidad en círculos sociales o profesionales muy diferentes al entorno en el que crecieron.
- Mostrar una gran empatía: conocer las dificultades económicas de primera mano puede hacer que sean más sensibles a los problemas ajenos y estén dispuestos a ayudar.
Crecer con pocos recursos no define por completo a una persona, pero sí puede influir en sus hábitos y en su manera de entender el mundo.
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