Carles Puigdemont prepara ya su retorno a España. El expresident de la Generalitat y líder de Junts, podría no celebrar el noveno aniversario en Waterloo (Bélgica), donde reside desde que se fugó de los tribunales españoles un 30 de octubre de 2017. Recién cesado por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, Puigdemont escapó a la capital comunitaria junto a otros consejeros de su gabinete y con la ayuda de agentes de los Mossos d’Esquadra.El exjefe del Govern catalán, según fuentes de su entorno consultadas por ABC, baraja la posibilidad de retornar con toda la épica el próximo mes de octubre. En concreto, según explican esas mismas fuentes, Puigdemont tiene dos fechas señaladas en rojo en su calendario: el 1 y el 27 de octubre. El primero de octubre coincidiría con el noveno aniversario del referéndum ilegal y el día 27 con la proclamación de la breve declaración unilateral de independencia, que declaró y suspendió estando en vigor apenas unos segundos.Aunque su equipo legal le recomendó el pasado mes de julio, cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avaló la Ley de Amnistía, permanecer en Bélgica para evitar la detención, a nivel político el núcleo duro de Junts lleva varias semanas analizando el escenario y las posibilidades de que solo sea sometido a una detención técnica. Es decir, que fuera puesto a disposición del Tribunal Supremo por el delito de malversación y una vez comparezca ante Pablo Llarena sea citado para más adelante.Aunque la malversación está castigada con pena de prisión, la condena que se impuso al resto de líderes juzgados por los mismos hechos hacen difícil que Puigdemont sea condenado a una pena privativa lo suficientemente alta como para justificar el ingreso en prisión preventiva -más allá del agravante del riesgo de fuga, por haberlo hecho ya anteriormente-. Además, tal como recuerdan en Junts, su líder es aforado en el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) por su condición de diputado no ejerciente en el Parlament.La orden de detención nacionalPuigdemont sigue teniendo un obstáculo decisivo para regresar a España sin acabar detenido: la orden nacional de busca, detención e ingreso en prisión que permanece vigente por su procesamiento por malversación. El reciente aval del Tribunal de Justicia de la Unión Europea a la Ley de Amnistía no ha supuesto el levantamiento automático de esa orden. La decisión corresponde ahora a la Justicia española, que sigue analizando el fallo comunitario y que podría optar por dar por válida esa postura o elevar nuevas prejudiciales.El expresidente catalán confía en que el Tribunal Constitucional, tal como le prometió en su día José Luis Rodríguez Zapatero en nombre de Pedro Sánchez, termine amparando su recurso contra la decisión del Tribunal Supremo de no aplicar la amnistía a la malversación que se le atribuye. El Supremo considera que este delito queda fuera del ámbito de la norma de amnistía en las circunstancias apreciadas en su caso y, por ello, mantiene activa la orden de detención.La próxima fecha clave será la resolución del Tribunal Constitucional. El tribunal tiene pendiente pronunciarse sobre el recurso de Puigdemont y el fallo podría determinar si finalmente se le aplica la amnistía y, en consecuencia, si debe quedar sin efecto la orden de detención. Está previsto que el Constitucional aborde estos recursos durante el otoño, con octubre como horizonte para el primer pronunciamiento relevante, de tal forma que favorecería los planes del expresident.Hasta que eso ocurra, que el Constitucional se pronuncie, Puigdemont puede regresar físicamente a España, pero lo haría bajo el riesgo de ser detenido y pasando, aunque sea solo unas horas y de forma técnica, por dependencias policiales y ante el juez Pablo Llarena. Por ahora el magistrado instructor ha optado por mantener desde su huida esta medida.Artur Mas se deja querer Al margen del retorno de Carles Puigdemont, que le permitirá dirigir el partido que él mismo fundó desde el terreno, sin la lejanía de los 1.350 kilómetros que hay entre Barcelona y Waterloo, en Junts hay movimientos también que pasarían por un paso al lado de su actual líder, que él mismo no ha verbalizado en ningún momento que vaya a hacer. Pero esa posibilidad sobrevuela el ambiente. Ante ese escenario emerge de nuevo otro expresident, el que le cedió el testimonio, Artur Mas, que se deja querer. Según fuentes de su entorno «está dispuesto a ayudar» para «reflotar» la marca política. La única condición de Mas, que hundió a Convergència hasta su suelo electoral -obligando a sus dirigentes a mutar en el PDeCAT-, es que Puigdemont esté alejado de la primera línea política. Cambios en su núcleo duroEn paralelo a su inminente retorno a España, evento que Puigdemont quiere utilizar para demostrar una fuerza política que a día de hoy está muy en duda, el líder de Junts prepara también cambios en su núcleo más cercano. Las malas perspectivas de cara a las próximas elecciones municipales y la caída en los sondeos ante unas hipotéticas elecciones autonómicas, han obligado al presidente de la formación a estudiar estos cambios para reforzar las posibilidades electorales.La pieza más débil, cuyo futuro tiene menos asegurado a día de hoy, es la del secretario general, Jordi Turull. El número dos del partido, que era su consejero de la Presidencia durante el referéndum ilegal, está siendo muy cuestionado a nivel interno. En Waterloo no descartan su relevo, tras varios años ya en el cargo, para «insuflar» savia nueva a la dirección para encarar un año electoral que se antoja complicado para los neoconvergentes, que tienen que lidiar con una Aliança Catalana cada vez más fuerte.
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