Las elecciones de medio mandato en EEUU o midterms que se celebran este martes en EEUU son tan importantes porque la Cámara de Representantes (Congreso) controla las leyes, los presupuestos y las investigaciones al Ejecutivo, y el Senado confirma a jueces y altos cargos. Un presidente con el Congreso en contra suele ver frenada su agenda, lo que se conoce como gobierno dividido. Por eso los midterms se leen como un voto de aprobación o castigo a la gestión presidencial, y condicionan la estrategia de ambos partidos de cara a las siguientes elecciones presidenciales.
Si los resultados de las elecciones de este martes se parecen a lo que anticipan las encuestas, con una ventaja de 9 puntos de los demócratas sobre los republicanos, Estados Unidos entraría en un periodo de gobierno dividido, con consecuencias que dependerían sobre todo de lo que ocurra en el Senado.
Una Cámara de Representantes demócrata bloquearía la agenda legislativa de Trump
Una ventaja de en torno a nueve puntos en el Congreso es comparable o superior a la de 2018, la última gran victoria demócrata en unas legislativas. Aun así, la redistribución republicana de distritos electorales y la estrechez del margen en los distritos más competitivos significan que la ventaja en votos no se traduciría de forma automática en una mayoría amplia de escaños. Es probable una mayoría demócrata, pero no necesariamente holgada, lo que obligaría a sus dirigentes a gestionar un grupo con poco margen para disidencias internas, tal y como sostienen medios como Fox News o CNN.
Con la Cámara en manos demócratas, la agenda legislativa de Trump quedaría prácticamente bloqueada: los demócratas presidirían las comisiones, con capacidad para citar a funcionarios, pedir documentos y abrir investigaciones sobre la Administración Trump. También tendrían un peso decisivo en los presupuestos, lo que aumentaría el riesgo de enfrentamientos y de cierres parciales del gobierno. Se abriría además un debate interno sobre la conveniencia de un juicio político, una decisión que dependería de la estrategia del partido más que de la aritmética.
El Senado, decisivo
Los republicanos parten con una mayoría de 53 a 47, así que los demócratas necesitan una victoria neta de cuatro escaños. Los modelos más recientes les dan opciones razonables, aunque los pronósticos difieren y los republicanos conservan opciones reales; entre ellas, el voto de desempate del vicepresidente DJ Vance en caso de empate a 50.
Si los republicanos retienen el Senado, mantendrían el control de las nominaciones judiciales y de altos cargos, uno de sus apoyos más destacados, y podrían frenar cualquier iniciativa demócrata procedente de la Cámara. El resultado sería un bloqueo recíproco, con poca legislación importante y un gobierno que recurriría más a las órdenes ejecutivas. De hecho, Trump ya ha avisado de este hecho. Si los demócratas lo ganan, ese freno se extendería a los nombramientos, y la Administración tendría mucho más difícil confirmar jueces y cargos clave durante los dos años siguientes.
¿Voto de castigo a Trump?
Un resultado favorable a los demócratas se interpretaría como un voto de castigo a Trump, cuya aprobación aparece en las encuestas en niveles bajos, aunque los datos varían según el sondeo. Eso influiría en la estrategia de ambos partidos de cara a 2028: los republicanos tendrían que decidir cuánto se distancian o se alinean con el presidente, y los demócratas empezarían a perfilar su liderazgo y su mensaje.
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