Ridley Scott tiene una respuesta de una sola palabra cuando se le pregunta qué hay, en último término, detrás de ‘ La constelación del perro (The Dog Stars) ‘, la película con la que regresa a un territorio que conoce bien, el de los mundos sometidos a una presión extrema en los que los seres humanos revelan aquello que normalmente permanece oculto bajo las rutinas de la vida ordinaria, y que llega este 26 de agosto a los cines españoles: «Supervivencia». Lo dice como si la palabra bastara para sostener todo lo demás, aunque enseguida la respuesta se ensancha y aparecen las crisis económicas, las pandemias, el deterioro de determinadas estructuras sociales, la vulnerabilidad de sistemas que durante demasiado tiempo se han considerado estables y, sobre todo, esa vieja preocupación del cineasta por observar qué ocurre cuando una persona se queda sin las certezas sobre las que había construido su existencia.La película, adaptación de la novela que Peter Heller publicó en 2012, años antes de la pandemia de Covid-19, está protagonizada por Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce, Benedict Wong y Allison Janney , y sitúa al espectador en un mundo devastado por una pandemia, un escenario en el que Hig, el piloto interpretado por Elordi, trata de sostener una vida precaria junto a Bangley, el superviviente armado al que encarna Brolin, mientras una señal procedente del exterior abre la posibilidad de que más allá de los límites conocidos exista todavía algo distinto del miedo y la pérdida. La premisa contiene todos los elementos reconocibles del relato postapocalíptico, aunque Scott insiste en que lo que le interesó no fue tanto la destrucción como aquello que permanece después de ella.Jacob Elordi y Josh Brolin, en un momento de la película DisneyScott habla de la película acompañado por Elordi, Brolin y Pearce en una conversación con la prensa extranjera que avanza con la informalidad de quienes han compartido un rodaje intenso y en la que las respuestas se cruzan, se interrumpen y a veces terminan en una broma. Debajo de esa complicidad está la idea sobre el modo en que el director entiende su trabajo: antes de la cámara, antes de las localizaciones y antes incluso de los actores, está la palabra escrita.«Todo depende de la primera lectura», explica Scott al ser preguntado sobre qué encontró en esta historia para sentir que todavía había algo que no había hecho antes, y añade que, si el material funciona desde el principio y si la escritura ha encontrado el tono adecuado, «no hay ninguna razón para no hacerlo». Esa confianza inicial no significa, sin embargo, que la adaptación pueda trasladarse de la página a la pantalla sin transformación, porque, como recuerda el director, «la dinámica de una película es diferente a la dinámica de un libro» y obliga a intervenir sobre ritmos, silencios, tensiones y relaciones que, en literatura, pueden construirse con herramientas completamente distintas. Scott recibió un guion de Mark L. Smith que consideraba especialmente sólido, aunque durante el desarrollo introdujeron algunas modificaciones. Así, cuando el texto funciona, se convierte en «el plano del edificio que estás a punto de construir», una imagen que resulta especialmente reveladora en un cineasta cuya obra suele asociarse de manera inmediata a la potencia visual. «Me machacaron con ‘Blade Runner’ por ser tan oscura, nunca lo he olvidado» Ridley Scott CineastaScott, de 88 años, asegura que, en aproximadamente cuarenta años, sólo tres guiones llegaron a sus manos y provocaron en él una reacción inmediata: ‘Alien’, ‘The Martian’ y este, del que recuerda incluso cómo avanzó la primera lectura: «En la página diez estoy enganchado; en la cincuenta estoy empezando a sudar: por favor, no lo estropees». Siguió leyendo y la decisión quedó tomada. «Dije: Lo haré. Todos los componentes estaban ahí: los personajes, la historia, el tiempo, el lugar. Todo estaba ahí».Para Elordi, que trabaja con Scott por primera vez, entrar en ese sistema significaba enfrentarse a un director cuya reputación podía resultar intimidante antes incluso de pisar el plató, y destaca la libertad que Scott concedió al reparto dentro de una puesta en escena visualmente muy controlada. «Es un cineasta muy visual, pero nos dio muchísima libertad para hacer lo que queríamos», explica Elordi, ya que los actores podían buscar, probar y modificar aspectos de sus personajes mientras el director mantenía una estructura general muy definida.Brolin, que ya había trabajado con el cineasta en ‘American Gangster’, señala que el director construye en el plató «un diseño un poco peligroso y un poco escurridizo», porque todos conocen el punto de partida de una escena, pero nadie puede dar por hecho que se mantendrá intacta cuando empiece el rodaje. «Estás reescribiendo y experimentando mientras lo haces».En otro momento de la conversación, aparece una de sus películas. «Me machacaron con ‘Blade Runner’ por ser tan oscura, nunca lo he olvidado», recuerda Scott, antes de señalar directamente a los críticos: «Me crucificaron». Entre aquellas reseñas menciona la de Pauline Kael, publicada en ‘The New Yorker’, cuatro páginas que describe como «de destrucción» y que, lejos de esconder, decidió enmarcar y conservar en su despacho. «Lo que me enseñó fue a no leer lo que se publica sobre ti, sea bueno o malo, porque, si es fantástico, piensas que eres el dueño del mundo, y no lo eres; y, si es malo, piensas: oh… Así que simplemente hago lo que tengo que hacer. Eso es todo».’La constelación del perro’ llega, además, en un momento histórico muy distinto de aquel en el que Heller escribió su novela, ocho años antes de que el Covid-19 transformara una pandemia global en una experiencia reconocible para millones de personas y obligara a mirar de otra manera cualquier ficción construida sobre la interrupción repentina de la normalidad. «Está a la vuelta de la esquina, ¿no?», dice sobre esa proximidad, y a partir de ahí habla de su costumbre de seguir las noticias internacionales dos veces al día, de su preocupación por el cambio climático y de otras situaciones de inestabilidad. «Mucho de esto ya está ocurriendo».Y es que para Scott entretener no significa vaciar de sentido una historia. «El entretenimiento también debería desafiarte», afirma, porque una obra empieza a adquirir otra dimensión cuando «empieza a decirte algo». En esta película, explica, esa capa está relacionada con «el comportamiento humano, la empatía, la compasión y el humor».Pearce reconoce que resulta imposible aproximarse al material sin recordar la experiencia reciente de la pandemia. «Simplemente parece que no está tan lejos. Como dice Ridley, ese tipo de cosas están a la vuelta de la esquina». Elordi, por su parte, encontró buena parte del trabajo emocional de Hig en sus relaciones y en un dolor compartido que él y Margaret Qualley exploraron también fuera del plató.Ese universo de relaciones que rodea a Hig incluye también a Jasper, una presencia fundamental en su vida y un compañero de escena muy distinto, interpretado durante el rodaje por varios perros. Para el actor, trabajar con ellos «fue maravilloso. Son perros con muchísimo talento».El otro gran personaje de ‘La constelación del perro’ es la naturaleza, cuya presencia en la novela de Heller obligaba a Scott a encontrar una traducción cinematográfica que le diera peso narrativo a las montañas, la tierra o el aire. Para Scott, «la fotografía es la poesía de cualquier película».ItaliaBuena parte de esa poesía se encontró en Italia, donde el rodaje aprovechó los Dolomitas, Roma y otros espacios. La elección del país nació, según Scott, después de haber explorado localizaciones en Calgary, en Canadá, cuyo paisaje describe como «majestuoso» pero también intimidante, porque la densidad del bosque y la presencia de animales salvajes le producían un respeto que relata con su habitual ironía. «Yo tengo miedo, así que nos fuimos todos a Italia». Y entre risas menciona otra ventaja: la comida.Rodar en Italia añadió, además, otra capa a una película ya atravesada por la relación entre pasado y supervivencia, porque Elordi, por ejemplo, encontró en Cinecittà una historia del cine que todavía puede tocarse físicamente y que aparece en los edificios y en los oficios transmitidos de una generación a otra. «Todavía tienen objetos de Fellini esparcidos por el lugar», cuenta, y recuerda la extraña sensación de saber en qué plató había trabajado el cineasta italiano y encontrarse ahora allí, pensando en cuánto había cambiado el cine y, al mismo tiempo, en todo lo que continuaba igual. «Es imposible olvidar la importancia del cine cuando ruedas en Italia», afirma Elordi.
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