«Fuck, Aryna». El grito se escucha en toda la Arthur Ashe y parte de Nueva York. Lo brama Sabalenka como reproche a sí misma por haber fallado una derecha. El berrido va acompañado de un gesto descriptivo. Se agacha y mira al suelo. Así una y otra vez. Está perdiendo su batalla interior y se le escapaba (6-4, 5-7, 6-2) la exterior. Al otro lado, Rybakina, la trabajadora silenciosa del circuito femenino, ni se inmuta. Piensa y ejecuta. Su tenis y los demonios de Sabalenka atrapan a la bielorrusa, que se va de vacío de Nueva York. Sin US Open y sin número uno del mundo. Todo el botín se lo queda Rybakina.
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