Lo ocurrido en Ceuta los días 30 y 31 de julio ha abierto una nueva grieta en el Gobierno a cuenta de si hubo o no hubo avisos. La Moncloa, con el objetivo de defenderse, y en un gesto poco habitual en otros gobiernos, ha optado por señalar al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con ataques directos por, supuestamente, no haber redirigido correctamente la información de la que disponía. El presidente, Pedro Sánchez, incluso llegó a verbalizar que el CNI «debe mejorar» sus técnicas.Los servicios de inteligencia se encontraron desde el principio en el centro de la diana, con cuestionamientos sobre su capacidad para anticipar la que sería la mayor oleada de personas dispuestas a atravesar la frontera de manera irregular. En el Centro se sintieron señalados desde el momento en el que el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, sostuvo públicamente que no había habido ningún «informe, ni aviso, ni publicación» que pudiera prever la magnitud de la crisis.Marlaska no modificó su postura pese a las informaciones que empezaron a filtrarse con datos sobre avisos realizados por el CNI o por la inteligencia militar —el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas)— y empezó entonces a fraguarse uno de los mayores cismas en el seno del Ejecutivo, el que ha enfrentado al titular de Interior con la ministra de Defensa. Un enfrentamiento que viene de lejos, en concreto desde que ambos estaban en la judicatura, que tuvo su punto álgido durante esta crisis evidenciando unas tensiones que no serían permitibles en ninguna empresa privada entre dos de sus máximos mandatarios.Margarita Robles, de quien depende el CNI, ha defendido durante todas estas semanas que los servicios secretos hicieron su labor. «Operativamente en Ceuta nuestras Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia y obviamente el CNI realizaron la labor que competencialmente les era y es exigible y que compartieron y analizaron con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con el personal de la delegación del Gobierno», sostuvo en su comparecencia en el Congreso, dejando la pelota en el tejado de otros, especialmente en el de Marlaska.Cuando la tensión estaba en sus momentos más altos, Sánchez decretó la desclasificación de todos los documentos secretos relacionados con la crisis ceutí, tanto de los días anteriores como los inmediatamente posteriores. En ellos quedaron reflejados varios avisos del CNI sobre el movimiento que se estaba gestando en redes sociales para asaltar la frontera, sobre todo mediante dos conversaciones de WhatsApp mantenidas con el jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno y la Guardia Civil.El entorno de Robles trasladó entonces a ABC su satisfacción porque consideraban que su versión quedaba acreditada. Sin embargo, esos mismos informes sirvieron al Gobierno para sostener su tesis de que no había habido avisos formales que hubieran permitido pensar que casi 80.000 personas iban a cruzar la valla de Marruecos. El propio presidente del Gobierno publicó un mensaje en redes sociales reafirmando que ninguno de los mensajes publicados «podía interpretarse como un indicador de la escala, naturaleza o probabilidad de lo que pasó después». «De hecho, ni siquiera el CNI lo hizo», aseveró.Los servicios de inteligencia viven con tristeza encontrarse de esta manera en el centro de la polémica. Ellos se dedican a trabajar por el Estado y lamentan que se cuestione o utilice su labor, trasladan a ABC miembros del organismo. Dentro del CNI comparten tranquilidad con el trabajo realizado, pero se sienten decepcionados por el trato recibido. En todas las ocasiones anteriores en las que los servicios de inteligencia han sido objeto de polémica política, Robles ha censurado que se ataque a quien no puede defenderse porque tiene deber de secreto.Fue especialmente inédito el episodio que tuvo lugar a última hora del miércoles, cuando desde el Palacio de la Moncloa se remitió a los medios de comunicación una información atribuible a fuentes del CNI, dirigidos por Esperanza Casteleiro, una persona de la máxima confianza de la ministra de Defensa. En esa comunicación, los servicios secretos apuntan que avisaron de llamadas a saltar la valla de Ceuta pero que no anticiparon «la magnitud y la naturaleza» de lo que acabaría ocurriendo el día 30.La propia Robles trató de rebajar la tensión al día siguiente, cuando aceptó la misma versión y aceptó que el fenómeno de finales de julio tuvo un impacto que no se podía prever, ni en España ni en otro lugar del mundo. También apaciguó las aguas dentro del Ejecutivo asegurando que todo el Gobierno trabaja «unido» y el foco está únicamente puesto en la recuperación de Ceuta. Pero la actitud de la titular de Defensa, que no fue otra que la de defender a sus subordinados, ha marcado un punto de inflexión en un gabinete que cada vez la tiene más arrinconada.Las relaciones personales, pero también las aspiraciones políticas, están detrás de gran parte del espectáculo que el Ejecutivo ha ofrecido estas últimas semanas. Al margen del choque Robles-Marlaska, la autodefensa con ataque incluido del Delegado del Gobierno, apoyado por su jefe directo, Ángel Víctor Torres, ha añadido un punto de gravedad al asunto, ya que nunca hasta ahora ningún segundo nivel en la Administración se había atrevido a atacar directamente a una ministra con el membrete del Gobierno. Caso aparte es el del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, enfrentado a la titular de Defensa desde hace algunos años a cuenta de su deseo de tener el control del CNI bajo sus funciones.Se repite el patrónSi bien es nuevo este enfrentamiento tan descarado de Moncloa con el CNI, con un señalamiento público sin precedentes por parte del presidente a una de las pocas instituciones que no puede defenderse, la estrategia no es nueva por parte de Pedro Sánchez. Antes de con los servicios de inteligencia el presidente ya hizo lo mismo con la Guardia Civil, que investigaba a su esposa y a su hermano, a la Policía y al Poder Judicial. Nunca antes un jefe del Ejecutivo había disparado a tantos frentes con el único propósito de hacer sobrevivir su relato frente a la realidad.La pugna con el CNI, sin embargo, adquiere un significado especial, ya que con esos señalamientos se produce un debilitamiento de la imagen internacional de la inteligencia española, clave para librar cualquier batalla. Fuentes de Moncloa, que conocen bien al presidente, consideran que «esta vez se ha pasado de frenada» por todo lo que ello supone. También por «la guerra» que es enemistarse tan fuerte con los funcionarios que poseen una mayor información, por muy presidente que uno sea. «Cuando haces esas cosas tienes que medir muy bien, y creo que no ha medido lo suficiente» señala esa misma fuente.Respecto a esta polémica por la contienda con el CNI, muchos en el complejo presidencial señalan a la secretaria de Estado de Comunicación, Lydia del Canto, a la que responsabilizan «de gran parte de lo que ha dicho» Sánchez. Fue la propia del Canto quien, tras hacerse públicos los informes, que, según varias fuentes el líder socialista no había leído en su totalidad cuando anunció publicarlos, envió a los periodistas, camuflándolo como fuentes, un mensaje atribuido al CNI. En realidad, sin embargo, esas fuentes eran ideadas por Moncloa para salir al paso de lo que muchos medios de comunicación interpretaban de los informes y que chocaba con el relato de Moncloa. «El CNI quiere aclarar que no se ha realizado ninguna valoración o comentario sobre la desclasificación llevada a cabo esta tarde y desmiente cualquier atribución al respecto, ya que se ha mantenido desde el primer momento el deber de secreto», rezaba este mensaje, diseñado y escrito por el equipo de Lydia del Canto, en consenso supuestamente con la ministra de Defensa y la directora del Centro Nacional de Inteligencia. Después de una guerra sin cuartel, Moncloa diseñó una operación quirúrgica para tratar de salvar los muebles pese a que el ambiente, explican fuentes conocedoras de lo que ocurre en el complejo situado en la carretera de La Coruña, «se ha enrarecido tanto» que no descartan «que cualquier día esto salte por los aires de la peor manera».
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