El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, busca responsables de la crisis institucional y orgánica en la que se ha visto implicado por la crisis de Ceuta. Sánchez, según fuentes de su entorno, no entiende como Moncloa y Ferraz «han podido cometer errores de tanto calado» y ya señala con el dedo directamente a dos personas: Diego Rubio y Rebeca Torró.El primero, jefe del Gabinete del Presidente, es su mano derecha en el Gobierno. La segunda, secretaria de Organización del Partido Socialista, la encargada de mantener al PSOE calmado y obediente. Ambos, según explican en el entorno de Sánchez, «han fallado estrepitosamente» dando «señales de caos». Algo que «no le gusta nada al jefe».Por ahora el jefe del Ejecutivo no tiene previsto hacer rodar ninguna cabeza. De responsabilizar a alguien públicamente de los errores cometidos durante el último mes, dicen, supondría de facto «asumir que las cosas no se han hecho bien». Y eso enmendaría por completo el discurso que ha empleado Pedro Sánchez y su equipo hasta ahora.Pero, «como es habitual en él», indican, el presidente «ha tomado nota» de todo. Y «no va a dejar pasar por alto que haya tenido que asumir un daño reputacional que se podría haber evitado». Ahí es donde se centra ahora toda la estrategia de Sánchez, sin que se note mucho, de forma discreta, pero con la convicción de que este desgobierno «tiene que tener consecuencias en algún momento».Sánchez no tiene previsto realizar cambios inminentes en su núcleo duro, aunque no descartan que ambos sean desplazados en el medio plazoEl guardián de La MoncloaDiego Rubio fue nombrado director del Gabinete presidencial el 10 de septiembre de 2024, es decir, que está a punto de cumplir dos años en el cargo. Sin carnet del PSOE y de perfil técnico y académico, Rubio relevó en el cargo a un fontanero Óscar López acostumbrado a maniobrar entre bambalinas. Por lo que su aterrizaje en Semillas supuso un cambio radical en la forma de funcionar.El actual jefe de Gabinete, como sus antecesores, ha gestionado el engranaje de La Moncloa con mano de hierro. Todo pasa por él. Y eso, a veces, le convierte también en el último responsable de las decisiones que se toman. Con la crisis de Ceuta todas las miradas se sitúan sobre el extremeño, tanto dentro del Gobierno como del PSOE.A Rubio se le afea haber «minusvalorado» las alertas del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que durante las jornadas previas al 30 y 31 de julio se comunicó con él por teléfono para avisarle de un crecimiento de las entradas a nado a la ciudad autónoma. La mano derecha de Pedro Sánchez pensó que estaba exagerando y lo despachó con un «todo está bajo control».Precisamente esa frase es la que, según fuentes de Moncloa, transmitió también al presidente del Gobierno. Incluso durante la tarde del 30 de julio, cuando ya habían empezado a entrar masivamente inmigrantes ilegales, y en el complejo presidencial se estaba viendo como abordar la situación, con llamadas a tres bandas entre Presidencia, Interior, Defensa y Exteriores.Altos cargos del Ejecutivo señalan que Diego Rubio «trató de reducir en todo momento la gravedad de lo que estaba sucediendo». De hecho durante gran parte del 30 de julio no se consideró que Sánchez viajase junto a Fernando Grande – Marlaska a Ceuta el día siguiente. «No fue capaz de leer la importancia de lo que pasaba» indican fuentes monclovitas a ABC.El tipo de avisos que Rubio llegó a tener sobre la mesa son importantes, tras conocer el informe que la Policía elevó a la juez María Tardón, ya que en la reconstrucción del recorrido de las advertencias si realmente la mano derecha de Sánchez subestimó lo que le transmitían, alguien podría tener que responder sobre eso si las diligencias previas que se instruyen siguen adelante.La ausencia del jefe de Gabinete en la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional sorprendió a muchos en MoncloaEn Moncloa sorprendió también la ausencia del jefe de Gabinete en la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional, que se celebró hace dos martes, coincidiendo con el primer Consejo de Ministros tras la vuelta de las vacaciones. El también primer Secretario de Estado tiene silla fija en este órgano. Rubio sí acudió a la segunda reunión celebrada esta semana.La mujer fuerte de FerrazEl otro nombre que Pedro Sánchez tiene en la lupa, según fuentes de su entorno, es el de la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró. Es la mujer fuerte del presidente en el cuartel general, teniendo en cuenta que la vicesecretaria general, María Jesús Montero, «hace más vida en Sevilla que en Madrid».A Torró, cuya gestión ya fue muy cuestionada durante sus primeros meses en el cargo por la inacción inicial en los múltiples casos de acosadores dentro del partido, en Moncloa le afean «no haber sido capaz de tener bajo control al partido». Esa es básicamente su misión, asegurar a Sánchez el orden interno.Las críticas a la gestión del Gobierno por parte de varios cargos electos, tanto del PSOE ceutí como de otras regiones, cayó como un jarro de agua fría en el despacho presidencial. Lejos de ser capaz de frenar a esos «versos sueltos», como se les catalogó desde Ferraz, la falta de acierto por parte de Sánchez provocó que esas discrepancias públicas fueran en aumento.La gota que colmó el vaso, según indican en el entorno del presidente, fue el casi centenar de alcaldes socialistas que salieron a la calle el pasado 2 de septiembre, coincidiendo con el Día de Ceuta. Aunque Ferraz remitió varias cartas a sus ediles recordando que «el PSOE no se suma» a estas concentraciones, 72 alcaldes desoyeron a la Ejecutiva Federal y convocaron a sus vecinos.Entre los dirigentes municipales que secundaron la convocatoria de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), el de León, José Antonio Díez, o el de Chiclana, José María Román, cargaron abiertamente contra la respuesta de Moncloa. En algunos de los municipios gobernados por el PSOE se escucharon gritos de ‘Sánchez dimisión’.
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