El presidente del Gobierno medita este fin de semana qué decisión tomar sobre el posible adelanto de las elecciones, después de que el Congreso tumbara este viernes los dos decretos de vivienda. Pedro Sánchez quiere datos sobre la mesa para terminar de decantarse y sigue muy atento a la reacción de la calle. La posibilidad de un acortamiento de la legislatura como consecuencia del doble varapalo parlamentario comenzó a moverse desde primera hora de este viernes por los propios entornos socialistas, que -en un movimiento muy coreografiado- presionaron con la llamada a las urnas para tratar de mover a Junts del voto negativo que había anunciado horas antes tras reunir a su dirección.La decisión solo compete a Pedro Sánchez, que en 2023 activó el botón nuclear en contra del criterio de parte de su entorno, pero entonces lo hizo de manera sorpresiva y sin generar este caudal de opinión favorable al anticipo. Ministros y dirigentes socialistas aseguran a este diario que el momento es propicio , mostrando su total convencimiento que este será el resultado final. «Repartamos cartas de nuevo», aseguran, desafiantes, las fuentes consultadas. El presidente, que acudió a la jornada parlamentaria e intervino al cierre de la misma, mantuvo reuniones en la zona de Gobierno de la Cámara Baja con varios de sus ministros y otros cargos de su confianza. «Todas las opciones están abiertas» , aseguran fuentes de su entorno. El proceso de escucha está en marcha y seguirá en las próximas horas.Sánchez, que no tiene agenda este fin de semana, quiere aprovechar estos días para reflexionar y reunir evidencias. El criterio sobre el anticipo es prácticamente unánime, pero en Moncloa buscan tener también algunas cuestiones clarificadas antes de decidir. La primera es la reacción social, cómo cristaliza el naufragio de los dos decretos en la calle, donde llevan más de una semana manifestándose por la causa de la vivienda. «Depende de cómo evolucione la sociedad estos días», señalan en el Gabinete. En clave netamente electoral, en el Gobierno también quieren cuantificar si esa indignación, de producirse, puede vehicularse en base a sus intereses y expectativas y, en todo caso, qué efecto tiene en la movilización de su electorado.El principal desafío que tiene el PSOE es la desafección de sus votantes, que no cambian de papeleta en las urnas, sino que se quedan en casa. En el Gobierno quieren ver si lo ocurrido en el Congreso se consolida en una activación de sus bases electorales, antes de pulsar el botón rojo de la legislatura. De hacerlo, Sánchez volvería a colocar en una posición muy comprometida a sus socios de Sumar, que no han resuelto todavía la conformación de una futura candidatura ni su liderazgo. Este domingo se reunirán a marchas forzadas para tratar de revertir esta situación de vacío de poder. En puridad, esto no es algo que complique el escenario electoral del PSOE, pues en Moncloa son plenamente conscientes de que el resultado de las urnas les desalojará del poder, pero quieren hacerlo desde una posición hegemónica en la izquierda y con un PP debilitado por el auge de Vox.Con el calendario en la mano, la primera fecha posible para convocar comicios es el 29 de noviembre y esto permite tener cierto margen para tomar la decisión. En caso que finalmente se opte por adelantar, Sánchez podría aprobar el decreto de disolución de las Cortes el lunes -cuando hay convocada una ejecutiva del PSOE- para su publicación el martes en el Boletín Oficial del Estado (BOE). «Hagan lo correcto o, si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de lo que imaginan», les espetó Sánchez a las bancadas de PP, Vox y Junts al cierre de su intervención en el Congreso.Con el debate del anticipo vivo, el Gobierno trata de sacudirse la sensación de «profunda decepción» que existe internamente por el fracaso de los dos decretos de vivienda. Fuentes gubernamentales aseguran que, cuando el martes se llevó el decreto al Consejo de Ministros, tenían cerrado el apoyo de Junts. «No podemos entender que hayan votado en contra», lamentan, recordando que han hecho una tarea de orfebrería para tratar de conseguir el «punto de equilibrio» que hiciera compatibles las pretensiones de ocho partidos diferentes y antagónicos en lo ideológico. Unas negociaciones en las que llevan trabajando más de cinco meses, tal como publicó este diario.En el Ejecutivo aseguran que Junts y partidos como PP y Vox «no son conscientes de lo que han hecho hoy», pero quieren esperar a ver cuáles son las consecuencias, también a nivel demoscópico. «Han votado en contra de la ciudadanía», sentencian. Otras fuentes gubernamentales se muestran menos categóricas sobre la posibilidad de que todo acabe desembocando en elecciones. «Se puede seguir gobernando y legislando», señalan, asegurando que la simbólica derrota en el Congreso «no supone un bloqueo de facto a la mayor» ni «una enmienda a la totalidad» de la legislatura. El movimiento de jaque en la partida de ajedrez que mantienen Sánchez y Puigdemont es evidente, la clave será determinar si aboca o no al final del juego. Y, por tanto, del mandato. En las próximas horas, en los núcleos de poder socialista se tratará de determinar si la consolidación del malestar es de tal magnitud que pueda sostenerse hasta dentro de 54 días -el tiempo que media entre la convocatoria y las elecciones- y permite acudir a las urnas con opciones de ganar o de mantener un resultado lo suficientemente solvente como para aguantar en la oposición en un ‘gobierno imposible’ de PP y Vox.Sumar, con el pie cambiadoLos tambores de inminente adelanto electoral cogen a Sumar, el socio minoritario, con el pie cambiado. La coalición electoral que todavía capitanea Yolanda Díaz -ahora echada en brazos de la OIT, organización que aspira a liderar a partir de noviembre de 2027 tras su renuncia a encabezar de nuevo a la izquierda alternativa española- está obligada a movilizarse de urgencia y convoca una reunión extraordinaria de su mesa de partidos para este domingo a falta de acordar si será telemática o presencial. Un cónclave al que están llamadas todas las formaciones que integran el grupo parlamentario, incluidos partidos de corte regionalista como Compromís, Chunta Aragonesista y Més. «De ahí tiene que salir un proyecto político», se apremian a sí mismos varios dirigentes del espacio, aún descabezado. La sombra de Ada Colau, que regresaría a la política institucional tras dos años, planea con fuerza y sería, además, un atractivo de cara a la reconciliación con Podemos. Todo casa, pues la aspiración es que sea otra mujer la que ocupe el trono de Díaz. El anuncio del nuevo líder, así como de la nueva marca electoral -que, según pudo confirmar ABC, será Frente Amplio- estaba previsto para inmediatamente después del Día de la Hispanidad, aunque está por decidir si el fantasma del adelanto electoral no precipita la noticia. «Estamos preparadísimos», tratan de convencerse a sí mismo fuentes internas de un nuevo artefacto electoral izquierdista descabezado, al que solo se han adscrito, por el momento, cuatro partidos (Sumar, IU, Más Madrid y Comuns) y que tiene a Podemos aún descolgado. «Ya está, hasta aquí se ha llegado, que [Sánchez] convoque», admitía un alto cargo del ala de Sumar del Gobierno en conversación con este diario a primera hora del viernes, minutos antes de dar comienzo el pleno que derogó los dos decretos de vivienda. Reconocieron, además, lo significativo de la llamada que se produjo entre Díaz y Sánchez (desvelada por la propia vicepresidenta Segunda en una entrevista en la Cadena SER). «Mi discreción va a ser absoluta. No voy a desvelar ninguna conversación. No debo ni puedo hacerlo», respondía la también ministra de Trabajo, preguntada, directamente, sobre si el presidente le había pedido opinión sobre convocar las urnas. No fue el único diálogo entre el presidente y su vicepresidenta segunda del día de ayer. Ambos se ausentaron del hemiciclo durante varias de las intervenciones de los grupos, entre ellos, la de Junts, para dirigirse al área de Gobierno del edificio de Palacio del Congreso. Más ministros de ambos partidos de la coalición su sumaron a ellos, entre ellos, Félix Bolaños.
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