Alguien decía que para ser feliz había que tener buena salud y mala memoria. El Atlético de Madrid goza de una salud excelente. Tiene unos aficionados leales y entusiastas, más de ciento sesenta mil socios, un accionariado solvente y un estadio cinco estrellas, con un proyecto espectacular de ciudad deportiva a su alrededor que va a ser la joya de la corona del futuro colchonero. Cuenta con una plantilla de grandes jugadores nacionales e internacionales. El futuro de Simeone dependerá de cómo vaya la temporada. ¿Podrá con él el Atleti ganar alguna vez la Liga de Campeones y dar ese salto de calidad que le permita codearse y competir todos los años con Real y Barça? A pesar de sus deseos, la conclusión de quien esto escribe es que no, que su ciclo se agotó hace ya muchas temporadas y que urge un relevo, máxime ahora que parece que hay algo de dinero y un director deportivo que sabe lo que hacer en materia de fichajes, por más que no acaben de gustarle al míster, los empeore como a Lookman o no sepa cómo ubicarlos… en la opinión de un profano, que admite que otros saben de fútbol más que él. Es demasiado pronto para reiterar que al equipo le falta ambición y le sobran imprecisiones. Tras dos derrotas consecutivas ante el Athletic y el Liverpool, se consiguió ganar a la Real en los diez minutos finales. Ojalá fuera igual en los dos próximos partidos.Mejor olvidar a Jesús Gil, la intervención judicial y los años de Segunda. En su lugar, mucho más agradable recordar a Barroso o a Calderón o por ejemplo las dos Ligas conseguidas con el Cholo en los últimos quince años, y las cuatro (o sea, el doble) que se obtuvieron en el periodo glorioso que va de 1966 a 1977 (es decir, en cuatro años menos) o los triunfos del Atlético de Ben Barek o el esplendor del Atlético Aviación, aunque los dos últimos fueran ya de un fútbol de otra época y no muchos los hayan vivido en directo. Pero forman parte de una memoria colectiva y de un viaje particular a Ítaca, que, como el poeta, se desea sea largo, que dure muchos años para que cuando se llegue a la isla se comprenda que no tiene ya nada que dar al atletista.
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