Simeone entró al auditorio del Metropolitano con cara de pocos amigos. Su equipo había cuajado una primera mitad formidable, en la que llegó a ser líder virtual del campeonato, pero descarriló en un segundo tiempo donde se fundió a negro y acabó la noche a cinco puntos del Barcelona. El Metropolitano despidió a los suyos entre silbidos, pero el Cholo debió no escucharlos. «Fue un partido extraordinario de los futbolistas», dice.
«Partido extraordinario de los futbolistas. Nada que reclamar. Hicimos el partido que planeamos. Les llevamos a situaciones a las que no están acostumbrados y tampoco cómodos. Generamos situaciones de gol. Esta vez no tuvimos la contundencia que sí en otros partidos. Estoy muy orgulloso de los jugadores, me encantó. Estoy muy contento por el trabajo. El resultado es justo porque marcaron dos goles y nosotros uno», dijo Simeone.
También fue despedido con pitada un Julián Álvarez que erró dos manos a manos el día que gozaba de la mejor oportunidad para resarcirse. «Hizo un partido importante, participó en tres ocasiones más la asistencia a Giuliano. Tuvo en el segundo tiempo esa que intentó rematar por encima del portero, el centro a Baena y qué más le podemos pedir. Todos quisiéramos que hubiese llegado ese gol, pero le esperaremos, le necesitamos porque si queremos llegar a donde queremos llegar, le necesitamos, si no, no vamos a llegar», dijo Simeone.
Los cambios del Cholo no consiguieron revertir la superioridad del Barcelona. «Siempre uno quiere que los que entran lo hagan extraordinariamente. A veces el partido o el rival no lo permite y me quedo con la intención de que se quiso hacer bien. Contra un rival importante, los partidos tienen tiempo, tuvimos 50 minutos buenos que fue nuestro tiempo y después vino el tiempo del rival, que fue más contundente que nosotros», añadió el Cholo.
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