El fregadero es uno de los elementos de la cocina que más utilizamos en nuestro día a día y, precisamente por eso, también uno de los que más suciedad puede acumular; restos de comida, grasa, cal, marcas de agua y pequeños residuos terminan depositándose sobre la superficie y alrededor del desagüe. Afortunadamente, devolverle su aspecto original, limpio y brillante, no requiere el uso de productos agresivos como la lejía ni frotar con el estropajo.
Durante mucho tiempo, la lejía ha sido el producto más utilizado para limpiar y desinfectar el fregadero. Sin embargo, existen opciones muchísimo menos agresivas para la salud, el medio ambiente y el propio fregadero. Los expertos en limpieza del hogar insisten en la importancia de identificar primero el tipo de suciedad, ya que no es lo mismo un fregadero con restos de alimentos y grasas que uno con marcas blanquecinas provocadas por la cal. Cada problema necesita un tratamiento diferente.
El truco definitivo para limpiar el fregadero
Antes de aplicar cualquier producto, hay que recoger las partículas de comida que hayan quedado en la cubeta y eliminar también los residuos que puedan encontrarse alrededor del desagüe. Este paso es fundamental, ya que facilita considerablemente la limpieza posterior.
Cuando el fregadero simplemente necesita una limpieza rutinaria, no hace falta recurrir necesariamente a productos especialmente agresivos. Una opción sencilla consiste en utilizar agua templada y un jabón de lavavajillas, formulado para ayudar a eliminar la grasa y los restos orgánicos que pueden quedar sobre las superficies después de lavar platos, sartenes y utensilios.
Se puede aplicar una pequeña cantidad sobre una bayeta suave o una esponja que no raye y pasarla por toda la superficie. No se trata de frotar con fuerza, sino de trabajar de forma uniforme, prestando especial atención a las zonas que suelen acumular más suciedad: las esquinas, los bordes, alrededor del grifo y la zona próxima al desagüe. Después, se aclara bien con agua para que no queden restos de jabón.
Uno de los pasos que más se pasan por alto después de limpiar el fregadero es precisamente el más importante: el secado. Dejar que el agua se evapore por sí sola puede favorecer la aparición de pequeñas marcas, especialmente en zonas donde el agua es dura. Con el tiempo, esas marcas pueden convertirse en depósitos de cal y hacer que una superficie aparentemente limpia tenga un aspecto apagado. Por eso, después de aclarar el fregadero, es recomendable pasar una bayeta de microfibra limpia y seca por toda la superficie.
Cuando el fregadero está muy sucio, lo más habitual es coger un estropajo y frotar con fuerza. Sin embargo, esta práctica puede ser contraproducente, ya que algunos estropajos abrasivos pueden provocar pequeñas marcas en determinadas superficies. Además, una superficie con pequeñas rayaduras puede retener más suciedad y, con el tiempo, generar malos olores en la cocina.
En estos casos, el bicarbonato de sodio es la mejor solución; tiene propiedades para limpiar los metales, como el fregadero de acero inoxidable. Para utilizarlo, basta con mezclar unas cucharadas con una cantidad suficiente de agua para formar una pasta. Una vez lista, se cubre todo el fregadero con ella y se deja actuar durante 15 minutos. Luego, sólo hay que aclarar con agua caliente y secar.
Si además de limpio quieres que quede brillante, el limón es un gran aliado. Lo primero es empapar una bayeta de microfibra con zumo de limón y pasarla por toda la superficie. Después de aplicarlo, se enjuaga la superficie con agua caliente para evitar la acumulación de residuos de limón y se seca.
Cuidados específicos
El acero inoxidable es uno de los materiales más habituales en las cocinas, por lo que conviene conocer una serie de recomendaciones para mantenerlo en perfectas condiciones:
- Siempre hay que limpiar siguiendo las líneas del propio acabado del acero cuando estas sean visibles, ya que frotar repetidamente en distintas direcciones puede dejar marcas que se hacen más visibles cuando la luz incide sobre la superficie.
- También conviene evitar productos abrasivos que puedan rayar el acabado.
- Una vez limpio, el secado vuelve es clave. Las gotas de agua que quedan sobre el acero pueden dejar cercos y favorecer la acumulación de cal.
Limpiador casero
Para el mantenimiento diario del fregadero, se puede preparar una mezcla con agua templada y una pequeña cantidad de jabón lavavajillas. El resultado es un limpiador suave que ayuda a retirar restos de grasa, comida y suciedad sin necesidad de frotar con fuerza.
Para prepararlo, basta con llenar un pulverizador con agua templada y añadir una pequeña cantidad de lavavajillas. Se agita suavemente y se aplica sobre la superficie del fregadero. Después, se pasa una bayeta o esponja suave por toda la cubeta, prestando especial atención a las esquinas, los bordes y la zona alrededor del desagüe. A continuación, es importante aclarar bien con agua para eliminar cualquier resto de jabón. El último paso es secar toda la superficie con una bayeta de microfibra limpia.
Powered by WPeMatico