Ha sido un desahucio, el de Maricarmen , la chispa de la protesta. Ha roto la paciencia. El lanzamiento de la mujer esta misma semana, de 87 años, propició manifestaciones en toda España y Madrid no ha sido menos. Pero es también algo más, es el hartazgo, especialmente de los jóvenes, que protagonizan la acampada, de no poder asumir alquileres si no es compartiendo habitación. O el constante creer que independizarse es una imposibilidad, o una muy lejana. Por ello, alrededor de un centenar de personas, esta noche y sin saber hasta cuándo han elegido la calle, frente a la comodidad de su hogar, precisamente para reivindicarlo. Llevan horas acampados en una noche que describen larga, de poco dormir. «Es una situación extraña. Estar barriendo la Puerta del Sol no es una cosa que pensé que pasaría», conversan dos jóvenes, escoba en mano. Hacen turnos y comparten motivaciones , el espíritu de la protesta. Que quién quiere «potasio por la mañana», dicen quienes reparten comida en bolsas. Lo hacen enfundados en camisetas naranjas con las letras blancas del Sindicato de Inquilinas, los organizadores de la protesta de este sábado y quienes llevan la voz cantante en la acampada. Después de la comida, reparten el agua. Gran parte provienen de donaciones de quienes han decidido acercarse esta mañana a aportar. Muchos de éstos son personas con ya experiencia en la vida, que aunque no hacen la noche al raso sí que apoyan la reivindicación de la juventud. Algunos que presenciaron incluso en 15M. «Los que estuvimos en el 15M estamos emocionados», se acercan a decirles a quienes pasan las horas en el suelo. «No entiendo qié hacéis aquí. Si quieres una casa, cómpratela», le dice una mujer a un joven, suscitando las risas a su alrededor. Tras pasar allí la noche, este jóven volvió a su casa para coger sus apuntes de la oposición de filosofía y estudiar mientras reivindica. No se conoce todavía la duración de la primera acampada en la Puerta del Sol después del 15M, pero en la céntrica plaza nadie parece por la labor de levantarse. Decían anoche que, si algo les dejó Maricarmen, fue un claro mensaje: «No dejéis de luchar». «Mañana, cuando la vayamos a ver, le mostraremos estas imágenes y le diremos: »Mira lo que has montado«.Entre ellos, se ven con «buena actitud» incluso tras una noche larga. No quieren, eso sí, que se confunda con un botellón. Lo demuestran carteles que rezan: «Esto no es un botellón, recoge tu basura». Y lo demuestra su constante acción de limpieza y las escobas que se turnan, las bolsas con las que recogen. «Si alguien necesita algo, hay tiritas, hay ibuprofeno, hay de todo» , grita una joven mientras continúan pasando viandantes que se hacen fotos, que conversan con ellos o atraviesan las tiendas para ver de cerca un momento que los acampados califican de «histórico».La organización del día ya está cuadrada. Por la mañana, a las 10.00 horas, era una clase de yoga y un taller de «acción directa no violenta». A mediodía, confluye en la plaza una manifestación por la educación con la decoración de la acampada. A las 14.00 habrá una comida popular y ya por la tarde comenzarán a darse las «asambleas de bienvenida». A las once escribirán cartas para Maricarmen y después, «a por la segunda noche».
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