Es la secuencia de un ocaso. Novak Djokovic, a sus casi 40 primaveras, deambula por la Arthur Ashe hasta vomitar, llorar y caer derrotado a las primeras de cambio tras casi cuatro horas y media de partido. No caía en su debut en un Grand Slam desde el Open de Australia de 2006, hace más de dos décadas. Djokovic se despide superado (7-6, 5-7, 4-6, 6-2, 6-1) por Navone y por su cuerpo, el mismo que ha llevado la contraria al tiempo durante muchos años y que ahora se diluye. Su eterna insubordinación se agrieta y duele verlo. Acabó la noche a merced de Navone. Un martirio para el serbio; fuegos artificiales para el argentino.
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