«¡Barcelooonna!» Con este grito de guerra se podría resumir el concierto de The Weeknd en su última parada de su gira española. Hasta 81 veces la gritó o cantó o susurró durante los 122 minutos que duró el espectáculo. Esto saldría a una media de una vez cada minuto y medio, aunque no aconsejaría a nadie que hiciese las cuentas. Está bien que el cantante canadiense sepa dónde está, porque de tanto saltar de ciudad en ciudad tampoco es tan fácil como uno se podría imaginar, pero a veces menos es más. Pero claro, los conciertos de The Weeknd apuestan por el más, siempre, más luces, más fuego, más canciones, más hits , más euforia colectiva. En fin, una delicia para su inmenso grupo de fans.Una puesta en escena muy cinematográfica, con un gigante ídolo dorado de casi diez metros en el centro de los pasillos que atravesaban toda la platea, saludaba a un público que llenó prácticamente el Estadio Olímpico de Montjuïc. El escenario, cubierto por una enorme pantalla, dibujaba un cuadro muy a lo ‘Metrópolis’. Centenares de luces parpadeando sin cesar sirvieron para dar por sorpresa la bienvenida a The Weeknd. El cantante deslumbró desde el primer momento, nunca mejor dicho. Literal, como dicen los jóvenes. Bajo los acordes de ‘Baptized in fear’ apareció el artista vestido de negro y con una máscara robótica con los ojos tapados en luz roja. Un coro de unas 30 bailarinas, tapadas con largas túnicas rojas también con el rostro cubierto con máscaras doradas, servían como hilo narrativo a una actuación que repartía éxito tras éxito sin descanso. Con ‘Wake me up’ y su r&b moderno y ultra procesado, el cantante dejó claro que su voz es un portento y su capacidad de crear ritmos contagiosos simplemente fascinante. El público intentaba cantar con él, pero parecían voces feas de otro mundo, como las sirenas de Ulises, pero al revés. La de The Weeknd es una voz para grandes estadios, nítida, emocional, hermosa. El cantante tenía que callar para dejar a sus fans tener la ilusión de cantar con él. Sin apenas descanso, salvo sus ‘¡Barcelooonnaaaa!, siguió con ‘Starboy’ , uno de sus grandes éxitos, y no había quien no estuviese bailando en ese instante.Un gran pasillo en cruz dominaba la platea, con sus bailarinas rojas bien repartidas como si fuesen una secta del fin del mundo. Recordaban a una mezcla entre la guardia personal del emperador en ‘Star Wars’, los disfraces erótico festivos de ‘Eyes Wide Shut’ y la humillación hecha carne de ‘El cuento de la criada’. Ese parecía el leitmotif del concierto, una banda sonora nocturna y urbana para un resurgir de las cenizas de un mundo acabado. Todo iba tan rápido que era difícil aprehender todos los detalles, pero era algo así. Puede que la película que tenía que ilustrar su último disco, ‘Hurry up tomorrow!’ fuese un fracaso de público y crítica, pero con este ‘After Hours Till Dawn Tour’, está claro que ha intentado resarcirse.En ese instante, se sacó por fin la máscara para delirio colectivo de su público. «El concierto de ayer en Madrid fue muy ruidoso, así que espero…’ y aquí sí que el público consiguió callarle, dejando claro que los barceloneses no iban a aceptar comparación posible con su máximo rival. Bien jugado por este maestro de la manipulación emocional. Se iniciaba así una especie de segunda parte del show más basada en los ritmos frenéticos y la percusión sincopada de club lleno de humo e historias tristes. Con temas como ‘Sao Paolo’ o ‘Cry for me ’ la gente comenzó a botar desesperada. Fuego, ritmos tribales y mucha adrenalina para conseguir cautivar a un público que no sabía bien bien de qué iba todo, pero le gustaba igual.La banda sonora del nuevo mundo continuó con sintetizadores futuristas y fuentes de láser por todas partes para una rave marciana en la que The Weeknd ponía la parte humana. Con ‘ Take My breath’ empezaron los fuegos artificiales y la sensación de que los héroes del soul contemporáneo tienen la necesidad de llenar el escenario con muchas cosas. Cantando ‘’Barcelonaaaaa’ con voz de tenor y a ritmo de Swedish House Mafia como si del mismísimo ‘Thriller’ se tratase, volvimos a los 80 y encantados del viaje.The Weeknd conquista el Estadio Olímpico con un despliegue visual de tintes cinematográficosInteractuaba poco con el público, pero cuando lo hacía quedaba genuino. Este hombre ‘farmea aura’. ‘Barceloooonaaaa’. Sí, seguía en Barcelona. Hizo gritar al público de ambos lados del pasillo de la platea y quedó claro que el 80 por ciento de los fans de The Weeknd son mujeres. Al menos en este concierto. La noche ya era oscura y esto ayudó a meterse más con las melodías nocturnas y las atmósferas urbanas de los éxitos del cantante canadiense. No había tiempo ni de ir a pedir una cerveza. A ‘How do I make you love me’ le siguió una versión acelerada de ‘I can’t feel my face’, canción que le hizo mundialmente famoso y que parecía tener prisa de sacarse de encima. Porque no baila nada, porque si no las comparaciones con el gran Michael Jackson serían inevitables. El estruendo al acabar este segmento fue insoportable.‘Barcelona, ¿puedo llevarte atrás en el tiempo a 2014?’, dijo el canadiense. A estas alturas, el público se lo permitía todo a su ídolo. De eso iba el concierto, de viajar en el tiempo , al futuro, al pasado, donde fuera, pero nunca estar quieto, ni pertenecer a ninguna época, tiempo, país o espacio determinado. Aquí las pulseritas lumínicas que repartían a todos en la entrada se pusieron verdes y el concierto se instaló en su modo más emocional o ‘emosoul’, valga la redundancia. La moda de las luces en la muñeca deslumbra más que alumbra, pero oye, a la gente le encanta y te la pone en los ojos sin importarles si molesta o no.Los lanzallamas se pusieron entonces a toda potencia, hasta notar el calor en la cara. Salían de todas partes y convirtieron a ‘The hills” en un auténtico infierno de humo negro, dando paso a su compañero de fatigas en esta gira, Playboi Carti, para dos temas juntos, ‘Timeless’ y ‘Rather lie’ . La compenetración entre los dos es genial, la nitidez de uno con la rotura, los gritos y la voz nasal del otro crea una contraposición que rompe todos los esquemas. Suena a destrucción, a un nuevo día, a revolución final.The Weeknd y su fiel escudero, Playboi CartiHabíamos atravesado el ecuador del concierto y se instaló cierta modorra por la repetición de ritmos y esquemas. Nada grave, pasa en las mejores familias, pero el concierto perdió algo de ritmo. No fue hasta la reaparición de su ejército de túnicas rojas y a canciones como ‘I feel it coming’ o ‘Die for you’ que se recuperó la excitación. Incluso el cantante llegó a bajar al público y dejó el micrófono a una chica rubia para que arruinara sus canciones. Sabía toda la letra, la melodía, la vivía con pasión, pero tenía una voz horrible. The Weeknd no sabía cómo recuperar su micrófono. Todos queríamos gritar: «¡así, rápido y sin miramientos!» y al final lo hizo.Y como pasa en todos estos macroespectáculos, lo mejor se dejó para el final. Su rendición de ‘Save your tears’ puso la piel de gallina, con 50.000 voces cantando el coro como si no hubiese mañana. O con la versión extendida de ‘Blinding lights’, la canción más escuchada de la historia en Spotify e himno no oficial del tiempo más negro de la pandemia, que hizo que todo el mundo coreara su estribillo como si fuera la finalísima de un Mundial. Y así, con más fuegos artificiales y bises como ‘House of Ballons y ‘Moth to a flame’, acabó todo. «¡Barcelooonaaaa, no me quiero ir!» dijo de Weeknd. No me extraña. Aunque la tarde ya empezó caldeada con la explosividad de Playboi Carti. Este genio del ‘mumble rap’ recuperó canciones propias, colaboraciones existosas y el imprescindible ‘autotune’ para una intensa media hora de vibrante hip hop abstracto y abrasador. Arrancó con ‘Fein’, su colaboración con Travis Scott en ‘Utopia’ y ya se vio que no estaba para perder el tiempo. Con un gorro de piel negra bien recubierto de lana, no le importó el calor para hacer saltar a un público entregado a su desbordante energía. Luego se atrevió con ‘Sky’, canción fetiche de revolucionario disco ‘Whole Lotta Red’, cuando se convirtió en el nuevo fenómeno de masas selectas para las nuevas generaciones.Porque con Playboi Carti no importa lo que dice, importa cómo lo dice, su hipnótica cadencia y esa capacidad de gritar y atraparte en un ritmo arrollador. ‘Type Shit’, su colaboración con Metro Boomin y The Future, y ‘Carnival’, con su admirado Kanye West , pusieron al público a botar como locos. «Volveré, prometo que volveré» dijo después de una media hora escasa. Sobró un poco su rendición a su colaboración con Madonna, pero cuando llevaba las canciones a su terreno era imparable. Bien secundado por tres MC’s de apoyo y un guitarra sacado directamente de una banda de Nu Metal, se despidió con la sensación de un trabajo en proceso.
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