Josep Lluís Trapero ha presentado su dimisión como director general de la Policía de Cataluña después de dos años en el cargo. Aunque el Departamento de Interior ha explicado su marcha en términos personales, la salida del ‘major’ abre una nueva crisis en el Gobierno de Salvador Illa y constata la situación de inestabilidad casi permanente que arrastra la cúpula de los Mossos d’Esquadra desde los convulsos años del ‘procés’.Trapero será sustituido por el comisario Ferran López, actualmente responsable de la delegación de los Mossos en Madrid. El relevo contiene una significativa carga política: López fue precisamente quien sustituyó al propio Trapero como jefe operativo del cuerpo después de que el Gobierno de Mariano Rajoy destituyera al primero en octubre de 2017, tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución.La consejera de Interior, Núria Parlon, ha completado la remodelación con el nombramiento de Sílvia Catà como nueva comisaria jefa de los Mossos. Catà, hasta ahora responsable de la región policial de Gerona, sustituirá a Miquel Esquius, que se jubila, y se convertirá en la primera mujer que ocupa la máxima responsabilidad operativa de la policía autonómica catalana.La marcha de Trapero supone un revés especialmente significativo para Illa. Su nombramiento había sido uno de los anuncios estrella del dirigente socialista durante la campaña electoral de 2024 y pretendía poner fin a años de cambios, enfrentamientos internos y relevos en la dirección de los Mossos. La figura de Trapero, de gran ascendencia dentro del cuerpo después de su papel durante los atentados de Barcelona y Cambrils y de su posterior absolución por la Audiencia Nacional, parecía llamada a aportar la estabilidad perdida.Dos años después, su salida confirma que aquella normalización no se ha consolidado. Desde 2017, la jefatura operativa ha pasado sucesivamente por las manos de Trapero, Ferran López, Andreu Martínez, Eduard Sallent, nuevamente Trapero, Josep Maria Estela, otra vez Sallent y Miquel Esquius. Ahora será Catà quien tratará de cerrar una etapa marcada por una continua sucesión de nombramientos, ceses, dimisiones y disputas internas. Una rotación que ha mantenido a los Mossos en una suerte de interinidad permanente en sus máximos niveles de responsabilidad.La etapa de Trapero como responsable político ha estado centrada en la lucha contra la multirreincidencia, el despliegue de cámaras, la persecución de las armas blancas y el refuerzo de la presencia policial. Pero también ha estado salpicada por varias polémicas. Entre ellas, la infiltración de dos agentes en una asamblea de profesores que preparaba las movilizaciones educativas, actuación por la que Parlon acabó pidiendo disculpas, y la gestión policial de algunas protestas.Estos episodios fueron deteriorando la relación entre la consejera y Trapero. Las discrepancias se extendieron posteriormente al relevo de Esquius y a la elección de la nueva jefatura operativa. La designación debía contar con el respaldo de Parlon y del director general de la Policía, un consenso que finalmente no se produjo.La dimisión se conoce, además, apenas unos días después de que Tomàs Carrión, secretario general de Interior y número dos de Parlon, abandonara también el departamento para regresar a su plaza de funcionario en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet. Su puesto ha sido ocupado por Joana Ricardo. La acumulación de relevos obliga así a la consejera a recomponer simultáneamente la dirección política y operativa de Interior.La oposición ha aprovechado la salida para cargar contra Illa y Parlon. Junts la ha presentado como el fracaso de uno de los principales fichajes del presidente catalán y ha reclamado la dimisión de la consejera. Su portavoz parlamentario, Salvador Vergés, ha denunciado que «el Govern no tiene a nadie al volante» y que ha perdido «el control de la seguridad».También Vox ha exigido el cese o la dimisión de Parlon, mientras el PP catalán ha descrito al Ejecutivo de Illa como un Gobierno «en descomposición» y un «desbarajuste». Los Comunes, socios parlamentarios del PSC, han celebrado abiertamente la marcha de Trapero por no compartir su gestión de las protestas y las infiltraciones policiales. Su portavoz, David Cid, la ha considerado una buena noticia, aunque ha advertido de que el Ejecutivo catalán «va a crisis por semana» y vive «instalado en la provisionalidad». La portavoz de ERC en el Parlament, Ester Capella, ha celebrado la dimisión de Trapero, tras algunas «actuaciones inadmisibles» del cuerpo como la infiltración en asambleas docentes o la respuesta a las manifestaciones propalestinas.
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