Brasil acude este domingo a unas elecciones generales decisivas, marcadas nuevamente por una polarización extrema entre el lulismo petismo y el bolsonarismo, que definirá el rumbo de la mayor potencia suramericana hasta 2030. Con los sondeos reflejando un empate técnico y tras semanas de mucha tensión política, más de 150 millones de electores están llamados a elegir entre dos visiones de país diametralmente opuestas: la reelección para un cuarto gobierno del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva o el proyecto conservador del derechista Flávio Bolsonaro .En materia económica, los dos programas presentan modelos opuestos de gestión pública. Lula prefiere mantener las reglas fiscales vigentes mientras refuerza la inversión estatal, los créditos productivos y la reindustrialización nacional. Flávio Bolsonaro, en cambio, promete una severa austeridad mediante la eliminación de al menos diez ministerios, la reducción de la deuda pública y una mayor apertura del país al capital privado, revisando incluso aspectos de la reciente reforma tributaria.El mundo del trabajo es otro de los frentes de batalla ideológica. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) abandera la eliminación de la histórica escala 6×1, buscando implantar una semana de 40 horas sin reducción salarial y protegiendo a los trabajadores de clases más bajas. El senador del Partido Liberal (PL) descarta abolir esa jornada y prefiere apostar por la flexibilidad horaria, dejando las condiciones laborales a la negociación individual entre empresas y empleados.Pese a las diferencias, ambos coinciden en reducir las colas del sistema público de salud (SUS) y universalizar la enseñanza a jornada completa. Sin embargo, las fórmulas son muy distintas: Lula defiende reforzar la atención primaria y los institutos técnicos federales, mientras que el candidato bolsonarista apuesta por la telemedicina, la inteligencia artificial para citaciones y la expansión de colegios cívico-militares.La seguridad y el poder judicial marcan la diferencia más profunda entre ellos. Lula propone crear un ministerio específico para coordinar a las policías, dotarlas de inteligencia y cámaras corporales, respetando el equilibrio del Supremo. Bolsonaro plantea endurecer el código penal, abrir 500.000 plazas penitenciarias, rebajar la edad penal, tipificar a facciones como el PCC de grupos «narcoterroristas«, la castración química para violadores, y cortar las competencias criminales de la máxima corte.En política exterior y la protección medioambiental , Lula defiende la autonomía geopolítica, el combate a la deforestación y la soberanía de los minerales críticos, Flávio prioriza el alineamiento con Estados Unidos, el mercado de carbono y la atracción tecnológica. Las políticas dirigidas a las mujeres revelan también dos estrategias contrapuestas para seducir a un electorado que puede ser decisivo y que en las encuestas aparece más favorable a Lula. Lula prioriza el combate al feminicidio, la ampliación de una red de comisarías de protección especializadas y el impulso a la autonomía económica femenina. Flávio, por su parte, propone la Central de la Mujer, una herramienta de inteligencia artificial para agilizar denuncias y medidas de protección, además de vetar el uso de subsidios sociales en apuestas virtuales.Las apuestas virtuales son otro tema clave en la agenda. Liberadas durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, se han convertido en una epidemia de deudas para una buena parte de la población, con efectos en la economía. La reglamentación propuesta por Lula en su Gobierno no contuvo la crisis y a pocos días de la elección las ha prohibido, mostrando que será línea dura en una próxima gestión. La medida parece tener popularidad para subirle algunos puntos en la recta final.
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