En la agricultura se utiliza hasta la lana de oveja para optimizar las cosechas, y durante años cuando la sequía afectaba al campo los vecinos murcianos recurrían a las rogativas, las ceremonias para pedir que lloviera. ¿Pero realmente funcionaban?
Aunque podía parecerlo, porque normalmente en los días posteriores al rezo acababa lloviendo, según la ciencia es coincidencia. Pero esa coincidencia aparente esconde una explicación estadística detrás. Y es que las rogativas se celebraban cuando la sequía ya era prolongada, por lo que la probabilidad de precipitaciones aumentaba de manera natural.
Esa es la conclusión de una investigación realizada por José-Antonio Espín-Sánchez, Salvador Gil-Guirado y Nicholas Ryan. Los autores estudiaron más de dos siglos de registros históricos murcianos y comprobaron cómo el comportamiento de la lluvia podía alimentar la impresión de que las ceremonias funcionaban.
Por qué las rogativas para que lloviera en la huerta murciana parecían funcionar
El mecanismo es sencillo, aunque es difícil de detectar sin una serie histórica suficientemente larga. En Murcia, la probabilidad diaria de lluvia no se mantiene constante durante una sequía. Aumenta conforme pasan los días sin precipitaciones.
Según han explicado en el estudio Praying for rain, el evento no se preparaba hasta que la situación era límite. De hecho, podían mantenerse las rogativas hasta que acabara lloviendo.
Es decir, el rezo coincidía justo después de muchos días secos y cuando la posibilidad de que apareciesen precipitaciones ya era mayor.
Los datos muestran que una rogativa celebrada durante el mes anterior estaba asociada con una probabilidad un 71% más alta de registrar una lluvia destacable en un día determinado.
Esto no significa que la oración causara la precipitación. Indica que ambas variables seguían el mismo orden temporal: primero se agravaba la sequía, después se pedía agua y, finalmente, llovía.
Científicos reconstruyen más de 200 años de sequías en la agricultura de Murcia
Para comprobarlo, los investigadores reconstruyeron lo ocurrido en Murcia entre 1600 y 1836. Por un lado, utilizaron los documentos de la Iglesia que anotaban las rogativas y, por otro, las actas del Concejo, donde se registraban episodios de lluvia especialmente relevantes.
Es decir, quienes dejaban constancia de las ceremonias religiosas no eran los mismos que anotaban las precipitaciones, lo que reduce el riesgo de que los datos fueran modificados para presentar las plegarias como eficaces.
Los autores también tuvieron en cuenta la estacionalidad y no se limitaron a comprobar que las rogativas se concentraban cerca de los meses lluviosos, sino que compararon observaciones dentro de un mismo mes y consideraron las precipitaciones recientes. Aun así, las ceremonias continuaban anticipando estadísticamente la llegada del agua.
Las ceremonias para pedir lluvia y las precipitaciones coinciden, según la ciencia
La sequía es un problema global, por lo que los investigadores no se limitaron solamente a estudiar las ceremonias religiosas de Murcia. De hecho, recopilaron información de 1.208 grupos étnicos documentados en 370 fuentes antropológicas.
Al parecer, el 39% contaba con alguna tradición destinada a atraer la lluvia, con ejemplos repartidos por todos los continentes habitados.
Estas prácticas eran más frecuentes en los lugares donde la probabilidad de lluvia aumentaba durante los periodos secos. En las sociedades expuestas a ese patrón meteorológico, las rogativas aparecían un 47% más que en aquellas donde la posibilidad de precipitación no crecía con el paso de los días.
Además, era más frecuente en sociedades que dependían de la agricultura, y quien organizaba la ceremonia solía ser un dirigente de cierto prestigio social.
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