En 1920, en una finca del norte de Namibia, el granjero Jacobus Hermanus Brits se topó con una roca plana y oscura que asomaba del suelo. Al rascarla con la navaja, debajo apareció un brillo metálico. Aquello no era una piedra cualquiera. Era un bloque de hierro de unas 60 toneladas llegado del espacio, y más de un siglo después sigue en el mismo sitio.
Se llama Hoba y es el meteorito entero más grande que se conoce en la Tierra. Lo curioso no es solo su tamaño. Una mole así debería haber dejado un buen agujero al caer, pero alrededor no hay ningún cráter a la vista. ¿Cómo es posible? La ciencia tiene una explicación, aunque con algún cabo suelto.
Una losa casi cuadrada
El meteorito descansa en la antigua granja Hoba West, a unos 19 kilómetros al oeste de la ciudad de Grootfontein. Tiene forma de losa, de unos 2,7 metros de lado y alrededor de un metro de grosor. Ocupa lo que una habitación pequeña y pesa como unos 40 coches utilitarios.
El Museo Americano de Historia Natural lo describe como el mayor meteorito intacto hallado en nuestro planeta, con casi el doble de masa que Ahnighito, el tercero de la lista. Y nunca se ha movido de donde cayó.
Con los años ha ido adelgazando. Se calcula que llegó a rondar las 66 toneladas, pero la erosión, las muestras científicas y los visitantes que se llevaban fragmentos de recuerdo le han quitado unas cuantas.
Hierro, níquel y algo de cobalto
Por dentro, Hoba es casi todo metal. Tiene alrededor de un 82% de hierro, un 16% de níquel y menos de un 1% de cobalto. En la base de datos del Meteoritical Bulletin, el registro mundial de meteoritos, aparece con su nombre propio.
El museo neoyorquino lo clasifica en el grupo IVB, una familia de meteoritos metálicos especialmente rica en níquel. Por eso Brits vio brillo bajo la costra oxidada, como quien raspa una sartén vieja.
¿De dónde sale tanto metal? Según la NASA, los meteoritos metálicos son pedazos del núcleo de antiguos asteroides. Solo suponen un pequeño porcentaje de los que llegan al suelo, así que dar con uno de este tamaño es rarísimo.
Por qué no dejó cráter
Un objeto así suele entrar en la atmósfera a decenas de miles de kilómetros por hora, y el golpe debería haber abierto un agujero enorme. Aun así, el museo reconoce que Hoba no hizo cráter y que los científicos no saben con seguridad por qué.
La explicación más citada la publicó en 2013 el astrónomo Martin Beech. Su idea es que el meteorito entró con un ángulo muy bajo, casi rozando la atmósfera, y a poca velocidad. Su forma plana habría hecho de freno, como una bandeja que planea antes de caer.
Según sus cálculos, Hoba tocó el suelo a menos de unos pocos cientos de metros por segundo, lo justo para no romperse. Ese choque habría abierto un hoyo modesto, de unos 20 metros de ancho y 5 de profundidad, que la erosión ha ido borrando. Vamos, que el cráter pudo existir, solo que ya no se ve.
En la Luna, sin viento ni lluvia, cualquier impacto deja huella durante muchísimo tiempo, incluso el de un cohete. En Namibia, miles de años de lluvia y arena son otra historia. Beech calcula también que la roca original pesaba unas 500 toneladas antes de atravesar la atmósfera.
Cuándo cayó del cielo
Nadie vio llegar a Hoba. Las estimaciones más aceptadas sitúan su caída hace menos de 80.000 años, aunque hay cálculos que la llevan bastante más atrás. De momento, la fecha exacta sigue abierta.
Para >rocas de Quebec.
Monumento nacional desde 1955
Tanto visitante con cincel tenía un precio. Para frenar los destrozos, Hoba fue declarado monumento nacional en 1955, y en 1987 el dueño de la finca cedió el terreno al Estado. Después llegaron un anfiteatro de piedra y un centro de visitantes.
Hoy figura entre los lugares destacados por el Namibia Tourism Board en la región de Otjozondjupa. Es patrimonio nacional, y las visitas se canalizan a través del Consejo Nacional del Patrimonio de Namibia.
El estudio sobre la caída de Hoba se ha publicado en la revista Earth, Moon, and Planets.
Crédito de la imagen: GIRAUD Patrick (Wikimedia Commons, CC BY 2.5).
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