Rabat utiliza sus infraestructuras críticas como aeropuertos para poder infectar los dispositivos de sus objetivos con programas espías como Pegasus. Un confidente del servicio de Inteligencia marroquí ha revelado a Amnistía Internacional los movimientos internos del régimen de Mohamed VI . Critican que emplean estas herramientas tecnológicas para vigilar de forma ilegal a activistas, periodistas y también sujetos de interés del panorama político internacional. Uno de los primeros puntos del informe elaborado por esta organización recuerda que Marruecos ha negado reiteradamente el uso de software espía para vigilar a sus ciudadanos. Sin embargo, la nuevas pruebas recopiladas por Amnistía Internacional, que incluyen testimonios de denunciantes e información filtrada a través de datos de vigilancia, registros gubernamentales de objetivos de software espía y archivos de empresas que venden herramientas de vigilancia, demuestran lo contrario.Todo ello se conoce ahora gracias a la colaboración de un ex agente de la Inteligencia marroquí que ha dado el paso de contar su experiencia y todo lo que sabe desde dentro de Rabat. Esta investigación identifica a la Dirección General de Vigilancia Territorial (DGST) como la entidad responsable del despliegue de Pegasus en Marruecos y del uso indebido, ampliamente documentado, de este software espía contra activistas y periodistas entre 2017 y 2021. Para ello se han empleado métodos como seleccionar tiendas de telefonía para vender teléfonos móviles preinfectados con software espía y reclutar a vecinos de defensores de derechos humanos como informantes. Estas tácticas afectan no solo a los activistas a los que van dirigidas, sino también a sus familias y a sus redes sociales y profesionales.Amnistía Internacional logró identificar a los propietarios de 103 números de teléfono marroquíes entre los posibles objetivos de Pegasus. Sesenta y cinco pertenecían a miembros de la sociedad civil (34 defensores de los derechos humanos, 22 periodistas y otros profesionales de los medios de comunicación, cinco abogados y cuatro académicos), 25 eran representantes políticos o miembros de las autoridades, y cinco eran diplomáticos o representantes de organizaciones internacionales. Los ocho restantes incluían empresarios, figuras religiosas y otras personas cuya identidad o afiliación aún se desconoce.Teléfonos infectadosEl confidente de la organización desveló que el software espía se desplegaba de forma rutinaria cuando las personas objetivo estaban en tránsito en aeropuertos marroquíes, así como mediante planes para proporcionarles subrepticiamente dispositivos «nuevos» a través de tiendas de teléfonos de segunda mano. «Estos teléfonos parecen nuevos y en perfecto estado de funcionamiento, pero una vez activados, otorgan a las autoridades acceso total a las comunicaciones de la persona», añadió.Las personas objetivo son filmadas y grabadas sin su conocimiento en centros de detención, en sus oficinas, automóviles, cafeterías e incluso en sus habitaciones. Sus llamadas telefónicas son interceptadas con regularidad. Se rastrea su ubicación, revelando los movimientos diarios de los activistas y sus colaboradores.Las pruebas digitales descubiertas por Amnistía Internacional demuestran que los defensores de los derechos humanos han sido blanco de ataques mediante diversos métodos, entre ellos la infección física de dispositivos; ataques de «un clic», que normalmente requieren que la víctima pinche en un enlace malicioso; ataques de «cero clics», que pueden infectar a un objetivo sin necesidad de abrir un enlace ni realizar ninguna acción; y ataques de inyección de red, llevados a cabo a través de la red del operador estatal Maroc Telecom.
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