El formato de la Diputación Permanente, con una mesa con un micro y una sola silla, con otra mesa presidencial grande a modo de tribunal detrás, es caprichoso. Si en lugar de los padres de la Constitución y unas cortinas beige -que tapan la luz que entra de la Carrera de San Jerónimo-, hubiera un retrato del Rey Felipe VI, alguien podría pensar que Óscar Puente estaba prestando declaración judicial. Pero por ahora, por mucho que algunos como la portavoz de Vox, Pepa Millán, anticipen hechos a partir de sus deseos, eso no está sobre la mesa. La minuciosa e incipiente investigación judicial de la juez de Orgaz se centra, por ahora, en esclarecer la causa que provocó el alcance del AVE sobre el Iryo. Políticamente, ante la sorpresa de todos, el juicio político sí ha acabado con sentencia: la dimisión abrupta del ministro.A pocas horas de cumplirse la primera semana del trágico siniestro de Urda, ya sin el luto oficial que durante 72 horas hizo aparcar la parte más cruda de la campaña, Puente ha llegado al Congreso consciente de que hoy no tendría muchos aplausos. De hecho ni sus propios compañeros de la bancada socialista han aplaudido con entusiasmo los 35 minutos de su intervención inicial, muy parecida a la que hizo horas antes al término del Consejo de Ministros. Los representantes del PSOE en la Diputación Permanente aporrearon levemente la mesa para cumplir con el trámite y evitar algún titular incómodo. Eso ha pesado en una decisión de renunciar al cargo que negaban al mediodía en Moncloa. De hecho Pedro Sánchez lo ha sabido a media comparecencia, a través de un mensaje procedente del teléfono móvil de Óscar Puente.Tal vez por eso de anticipar que iba a ser una tarde complicada, en la que no podía recurrir a sus exabruptos habituales -aunque al recordar Angrois ha sacado su lado más altivo y altanero, incluso en un momento de tanta debilidad como la que ha evidenciado al final al despedirse de sus todavía compañeros-, Puente ha aprovechado el breve espacio de tiempo que tenía entre la finalización de la rueda de prensa del Consejo de Ministros y su cita con el Congreso para «descansar un rato» junto a los suyos. El ya extitular de Transportes, que tiene su residencia oficial -que abandonará en las próximas horas- a apenas 300 metros de la sede de la soberanía popular, ha optado por abstraerse por completo y buscar en el refugio de la intimidad de su hogar la concentración que requería para una tarde larga y tediosa.Tras ese breve descanso en su mayor zona de confort, sin la compañía de nadie de su equipo de colaboradores más cercano, que almorzaron en un bar en los aledaños de su vivienda y del Congreso, Puente ha recorrido ese breve trayecto hasta la sede del parlamento con la voluntad de «explicarse y defenderse». Lo ha hecho enfundado de nuevo en el traje oscuro que aparcó los días posteriores al siniestro, compareciendo siempre con camisa azul, y con un cambio de corbata curioso entre su comparecencia matinal y la de la tarde. Si por la mañana el titular de Transportes lucía una corbata azul, más soleme y acorde a la señal de luto por las víctimas, por la tarde vestía una llamativa corbata de un tono rosa sobre una camisa azul. El ministro, con la corbata azul, por la mañana en Moncloa Matías NietoYa en el Congreso, tras un rato acabando de preparar los flecos de su intervención junto a su gabinete, en una sala de la primera planta próxima a la Sala Constitucional, Puente se ha dirigido a la silla dispuesta para el compareciente sin atender a los decenas de periodistas que se agolpaban en el pasillo buscando respuesta a la pregunta más repetida de los últimos siete días: «¿Va a dimitir?». Acompañado únicamente por Javier Alfonso Cendón, secretario general del grupo parlamentario y líder del PSOE de León, el ministro ha entrado más solo que nunca, con todos sus compañeros, a los que ha saludado discretamente a lo lejos, en la esquina más alejada a su paseíllo. Lo habitual es que el portavoz, Patxi López, o el representante en la comisión del ramo, en este caso Transportes, escolten al ministro de turno. Hoy no ha sido así y eso, ahora, tiene una lectura trascendental. El manual del buen político deja claro desde el minuto uno que caminar solo, o casi solo, como era el caso, es la peor imagen que uno puede trasladar.Y es que pese a la importancia de la comparecencia, en la que Puente se jugaba algo más que recuperar la confianza de la Cámara -algo que ha quedado demostrado que no tenía, hecho que le ha llevado a la dimisión-, al exministro de Transportes tampoco le han escoltado sus principales escuderos. Ni el secretario de Estado de su ministerio, José Antonio Santano, ni los presidentes de Adif y Renfe, Luis Pedro Marco de la Peña y Álvaro Fernández Heredia, cada uno con su grado de responsabilidad en lo ocurrido en Urda (Toledo), se han dejado ver en el Congreso de los Diputados para arropar a su jefe. Puente en el Congreso Matías NietoAl final de toda la comparecencia, que seguramente habrá aliviado muy poco a las víctimas y a sus familias y habrá tranquilizado poco a los usuarios habituales de la alta velocidad, menos aún a aquellos españoles sobre los que Sánchez pretende revertir su confianza quebrada en el ferrocarril español, Puente ha salido del Congreso ya como exministro y sin la clemencia, compasión o benevolencia que buscaba por parte de unos socios que, a las puertas de la campaña electoral, han optado por desmarcarse de su gestión como si no hubieran formado parte de un mismo gabinete los últimos seis años.
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