Cada vez que nos subimos a un avión, lo primero que solemos hacer es buscar nuestro asiento y una vez lo encontramos, colocamos rápidamente el equipaje de mano. Sin embargo, justo en ese momento es cuando estamos cometiendo un error como pasajeros que puede terminar complicando el embarque del resto del vuelo. No tiene que ver con llevar una maleta demasiado grande ni con superar el peso permitido, sino con utilizar mal los compartimentos situados sobre los asientos.
Una azafata de Lufthansa, con más de un centenar de vuelos de corta y larga distancia realizados durante los últimos dos años, explica que una buena parte de los viajeros coloca bolsos y mochilas pequeñas nada más entrar en el avión. El problema es que ese espacio debería reservarse principalmente para las maletas de cabina de mayor tamaño, mientras que los objetos personales pequeños pueden colocarse debajo del asiento delantero. «Muchos simplemente no lo saben»», reconoce la tripulante.
Una azafata revela el error que casi todos los pasajeros cometen después de abordar
Colocar en el compartimento para el equipaje de mano, un bolso, la mochila o una bolsa de lo que acabamos de comprar antes de embarcar puede parecer lógico, y más si lo que buscamos es dejar libre el espacio de las piernas, pero precisamente esas piezas son las que deberían ir debajo del asiento situado delante, siempre que no se viaje en una fila de salida de emergencia.
La propia azafata reconoce que es algo que ocurre constantemente. «Sí, es cierto, muchos lo hacen mal. Intentamos solucionar el problema mediante avisos», explica. El inconveniente es que no todos los pasajeros escuchan las indicaciones de la tripulación y otros desconocen directamente que las bolsas pequeñas no necesitan ocupar los compartimentos superiores.»Muchos pasajeros piensan que todo tiene que ir siempre en los portaequipajes», añade. Pero cuando el avión va lleno, unos cuantos bolsos colocados arriba pueden marcar bastante la diferencia. Los compartimentos tienen una capacidad limitada y las maletas de cabina, por sus dimensiones, no pueden guardarse debajo del asiento. Si cuando llegan los últimos pasajeros ya no queda sitio, algunas de esas maletas pueden terminar teniendo que viajar en la bodega.
Por qué las mochilas y bolsos pequeños deberían ir debajo del asiento
La distribución del equipaje no responde únicamente a una cuestión de comodidad. Aprovechar correctamente cada hueco permite acelerar el embarque y evita que la tripulación tenga que reorganizar las pertenencias cuando buena parte de los pasajeros ya está sentada. Lufthansa recomienda que los objetos personales, como bolsos, bolsas de compras o fundas de ordenador, se coloquen debajo del asiento delantero, mientras que los trolleys y las piezas más grandes ocupan los compartimentos superiores.
En los vuelos de corta y media distancia, además, la compañía contempla actualmente una tarifa Economy Basic que incluye únicamente un objeto personal de hasta 40 x 30 x 15 centímetros. Ese artículo debe viajar debajo del asiento delantero. En otras tarifas puede añadirse una pieza de equipaje de cabina de mayores dimensiones, que es precisamente la que necesita el espacio situado sobre las cabezas de los pasajeros.
La excepción está en las filas de salida de emergencia ya que allí, no puede dejarse equipaje en el suelo porque el espacio debe permanecer completamente despejado durante determinadas fases del vuelo. En estos asientos, los compartimentos superiores tienen que utilizarse también para los objetos personales de quienes ocupan esas filas.
Un compartimento lleno puede retrasar el embarque
El problema aparece sobre todo cuando el vuelo está completo. Si los pasajeros que entran primero ocupan los compartimentos con objetos pequeños, quienes embarcan al final pueden encontrarse sin espacio para guardar sus maletas. A partir de ahí comienza una situación bastante conocida: buscar un hueco varias filas más atrás, mover otros bultos o pedir ayuda a la tripulación para encontrar sitio.
Todo ese movimiento se produce mientras otros viajeros siguen entrando por el pasillo, lo que puede ralentizar un embarque que normalmente se realiza con tiempos muy ajustados y además, en determinados casos, cuando ya no existe espacio disponible, algunas maletas tienen que retirarse de la cabina y transportarse en la bodega. Por eso las aerolíneas insisten en aprovechar correctamente los espacios disponibles desde el primer momento.
La tripulación observa a los pasajeros desde que entran en el avión
El equipaje no es lo único en lo que se fija el personal de cabina durante el embarque. La azafata explica que desde el momento de la bienvenida ya observan determinados comportamientos que pueden dar pistas sobre cómo transcurrirá el vuelo. Una persona especialmente enfadada por un retraso o alguien que camina de manera inestable y desprende olor a alcohol puede llamar rápidamente la atención de la tripulación.
Esas señales se comunican entre compañeros de forma discreta para poder estar atentos durante el trayecto. La experiencia también les permite identificar a pasajeros que vuelan con frecuencia y a quienes todavía no están demasiado familiarizados con determinadas normas a bordo.
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