Si han logrado robar en el Louvre, el riesgo es inminente para cualquier colección valiosa de oro y joyas. Sabemos que hay una banda organizada (o tal vez más) capaz de reventar un museo en cuatro minutos: ¿qué podemos hacer? El robo del Tesoro de Villena ha supuesto un golpe irreparable que, según expertos, acabará con el más valioso vestigio de la Edad del Bronce en la península ibérica fundido por el valor metálico del oro. El daño es de una gravedad de la que dudo que seamos conscientes. Un país que tanto sufrió a Erik el Belga , el ladrón que reventó ermitas y museos provinciales, debería extraer algunas lecciones. Llevamos cincuenta años de discursos centrífugos, nacionalismos melodramáticos y peticiones comarcales. Y merecemos un gobierno que se ponga manos a la obra en la protección del patrimonio y la concienciación del peligro. Pocas cosas vertebran más que el patrimonio común, y no deja de ser casi irónico que nuestro ministro venga de un partido con esa raíz léxica y no haya salido a dar las explicaciones debidas. Ni él, ni la directora del museo afectado, ni la consejera de Cultura de la Generalitat. Nadie, a pesar de ser el golpe arqueológico más importante que se recuerda en España.Hará falta más seguridad, réplicas en algún caso, una verdadera puesta en valor y no esos discursos contra la institución del museo nacional, como los que le hemos oído en esta legislatura. Pero no tenemos ministro, al menos para esto. Urtasun ha hablado más del ático de Ayuso que del robo patrimonial más importante de los últimos años, de su competencia. Podría convocar una comisión de seguimiento con cuatro ministerios atañidos, en vez de hacer notas de autobombo sobre la información que ha pedido a las Autonomías. ¡Si tiene el Estatuto de Museos atascado desde hace varios años! Hacer algo que parezca acción de política cultural.Lo ocurrido es tan grave como si fundieran la máscara de Agamenón , que es sólo dos o tres siglos más antigua que el Tesoro de Villena. Pero no tenemos un ministro que dé explicaciones. Él está a otras máscaras, electorales.
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