Los responsables de Urbagestión, propietaria de la vivienda de María del Carmen Abascal, conocida como Maricarmen, emprenderán acciones legales contra la cascada de ciudadanos que se han dirigido a ellos en una «campaña orquestada» contra la empresa para obligarles a sentarse a renegociar las condiciones del contrato de alquiler. En conversación con ABC, el responsable la agencia inmobiliaria, Ricardo Alonso, desvela su intención de presentar una denuncia por «amenazas, coacciones y acoso» detrás de la cual, sospechan, estaría el Sindicato de Inquilinas. Todo empezó hace una semana, el miércoles 23 de septiembre, recién conocido el desahucio de María del Carmen Abascal, conocida como Maricarmen. Los propietarios de Urbagestión, sita en la calle Zurbano de Madrid, comenzaron a recibir amenazas telefónicas en su oficina. La centralita se colapsó. «No tenéis vergüenza, sois una panda de sinvergüenzas. En vez de ir a la señora a su casa, la semana que viene vamos a ir a vuestra oficina para que os veamos las caras. Un abrazo, hijos de puta», es uno de los mensajes que se registraron en el contestador telefónico a los que ha tenido acceso este diario.Embalaje en el que llegó el tupper con cucarachas.Los insectos enviados a Urbagestión.El aluvión fue de tal magnitud que desconectaron los teléfonos y dieron la orden a sus trabajadores de marcharse a casa. «Buitres», «cerdos», «malnacidos», «asesinos» y «desalmados», era el tenor de las centenares de grabaciones anónimas recogidas. En paralelo, se desplegó una «campaña de acoso» en redes sociales, donde se airearon las fotografías y nombres de los dos responsables de la empresa y la dirección de la misma, junto al llamamiento a una «convocatoria de urgencia» frente a la sede para «señalar a los responsables». Una «acción coordinada» que empezó a canalizarse también con mensajes en el buzón de entrada del correo electrónico de la sociedad infor@urbagesa.com. De entre los cientos de mensajes, fuentes de la compañía denuncian «amenazas de muerte» del tipo: «Subiremos a la quinta planta a pegaros dos tiros»; o insinuaciones como «las sorpresas llegan en forma de bomba lapa». La docena de correos electrónicos a los que ha tenido acceso este periódico fueron generando un caldo de cultivo de «presión y acoso» para forzarles a llegar a un acuerdo con la anciana de 87 años desalojada de su vivienda de 100 metros en el distrito de Retiro en Madrid. En muchos de ellos, se les advertía de que «sabemos dónde dormís» y que su intención era «arruinaros la vida como ustedes destruyen la vida de ancianos».La guinda se produjo el pasado viernes 25, cuando recibieron en su despacho una caja con cucarachas en sus oficinas. Las fotografías a las que ha tenido acceso en exclusiva el diario ABC muestran una caja que alertaba de «animales vivos» en su etiqueta de envío. Al abrirla, se encontraron en su interior un envase de plástico lleno de cucarachas. El remitente es una empresa llamada Scale área, una tienda online de productos para reptiles y anfibios.De forma simultánea, detectaron el hackeo de los correos electrónicos de los trabajadores de la empresa, llegando a suplantar la identidad de sus responsables a través de las cuentas electrónicas de la empresa, solicitando información financiera de la misma. Una clima de presión que motivó la orden de la dirección de la empresa a sus trabajadores de no acudir a la oficina, dada la presencia de personas apostadas en las inmediaciones del edificio para acosar a los empleados.Mensajes recibidos por la empresa Mensajes recibidos por la empresa Mensajes recibidos por la empresa Mensajes recibidos por la empresa Mensajes recibidos por la empresa En varios de los mensajes enviados, los emisarios dejaban clara su intención de «hundir vuestro negocio de piratas y ladrones». Ricardo Alonso denuncia a ABC que el daño reputacional de su compañía ya ha tenido consecuencias ya que «media docena de clientes han prescindido de sus servicios». Algunos de los trabajadores se han dado de baja como consecuencia del nivel de acoso al que han sido sometidos. En la mañana del viernes, tras recibir la caja de cucarachas, Urbagestor se puso en contacto con la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo del Ayuntamiento de Madrid para buscar un mecanismo de mediación. Les mandaron una solicitud de intervención con la intención de llegar a un acuerdo. El organismo dependiente del consistorio madrileño agendó un encuentro para el lunes 28 a las 16:00 horas. El sindicato de inquilinos acudió una hora tarde, a las 17:00 horas, y tras cinco horas de negociación, cerraron un acuerdo que permitía prorrogar ocho años el alquiler de la mujer de 87 años en una cantidad que no superara el 30% de su renta. «El marco contractual permitía hacerlo a 7 años, elevando la cantidad al 40% de la renta», explica su responsable a este diario, «pero nos hemos visto obligados ante la campaña de presión» de un sindicato de inquilinos que «lleva detrás de Maricarmen desde hace años», y que funciona como «una milicia».
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