El ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido no ofrecer nuevas explicaciones sobre las joyas intervenidas en su despacho dentro del plazo de tres días fijado por el magistrado José Luis Calama.
El ex presidente sostiene que dicho plazo no constituye un ultimátum, sino una opción, puesto que el auto judicial, fechado el 21 de septiembre de 2026, emplea literalmente la expresión «puede aportar» y no «debe aportar» la documentación relativa a las piezas.
Cuando apenas sólo quedan 24 horas para agotar el plazo impuesto por el magistrado instructor de la Audiencia Nacional Zapatero no tiene previsto hacer nada.
Calama ha comunicado este lunes a la representación procesal de Zapatero que, «en el plazo de tres días», el ex presidente «puede aportar a este órgano judicial toda la documentación que se encuentre en su poder en relación con las joyas» a las que se refiere la resolución. Esa formulación, según el entorno del ex man aria-describedby=»caption-attachment-20365038″ class=»wp-caption alignnone»>
Las joyas de Zapatero
El auto, dictado en el marco de la pieza separada por un presunto delito de contrabando, ha ordenado además la práctica de un nuevo informe pericial gemológico y joyero sobre el lote de piezas incautado en el registro de la oficina del investigado.
Este segundo dictamen ha sido encomendado a la Joyería Yanes, «firma de larga tradición en la alta joyería española» –trabajan desde el año 1861–, según recoge textualmente la resolución. Los peritos de Yanes contarán, además, con el apoyo técnico del Instituto Gemológico Español si lo consideran necesario.
El magistrado ha explicado en el auto que la pericia «resulta pertinente, útil y necesaria para el esclarecimiento de los hechos investigados y para la determinación de la posible relevancia penal de las joyas intervenidas». La decisión llega después de que, el pasado 3 de junio de 2026, el propio instructor encargara a la Joyería Ansorena un primer «análisis preliminar» de las piezas, cuyo informe fue remitido al juzgado el 11 de junio. Lo valoraron en 1,3 millones de euros.
El nuevo dictamen deberá pronunciarse sobre ocho extremos concretos: la descripción individualizada de cada pieza, la identificación del área geográfica de fabricación de las joyas de mayor valor, los metales preciosos empleados, la clasificación de las gemas incorporadas, la existencia de marcas de fabricante o contrastes oficiales, la antigüedad aproximada de las piezas –lo que será clave para saber si corresponde a una visita oficial de algún dirigente africano o árabe–, y el valor de reposición tanto individual como conjunto del lote.
Para ello, el juzgado ha ordenado que se facilite a los peritos «acceso a las piezas intervenidas, así como a la documentación obrante en autos que resulte necesaria para el correcto desempeño de su cometido». Asimismo, ha requerido a la policía judicial que garantice «en todo momento la cadena de custodia de las joyas».
El instructor considera que la posesión de bienes de lujo de elevado valor, unida a la ausencia de trazabilidad fiscal sobre su adquisición, constituye «un indicio objetivo y racional de la posible existencia de una defraudación tributaria relevante». Por este motivo, Zapatero está también investigado por presuntos delitos fiscal y de contrabando.
Durante su declaración como investigado, celebrada el pasado mes de junio, el ex presidente se negó a hablar sobre las joyas intervenidas por la Policía Nacional. Su defensa llegó a señalar entonces que necesitaría «una semana o diez días» para estar en disposición de pronunciarse sobre el asunto.
La discusión jurídica sobre la naturaleza del plazo no es baladí. Mientras la Fiscalía Anticorrupción reclama al juez que amplíe las pesquisas patrimoniales sobre Zapatero y su entorno, el debate sobre si tres días son un plazo perentorio o una simple invitación revela hasta qué punto cada palabra del auto se somete a un escrutinio milimétrico.
Lo que el magistrado ha planteado como una posibilidad, la defensa lo ha leído como una puerta que, de momento, prefiere dejar cerrada. La pregunta que queda flotando es si ese silencio, sostenido en la literalidad jurídica, resultará tan elocuente como cualquier explicación que Zapatero pudiera haber ofrecido sobre el origen de sus joyas.
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