Septiembre llega con una lista de tareas que parece no tener fin. Madrugar, preparar la mochila, llegar a tiempo al colegio, atender durante horas, hacer deberes, organizar las extraescolares… Y todo ello después de varias semanas de horarios más flexibles, más tiempo libre y menos obligaciones . Por eso, no es extraño que algunos niños empiecen el curso más cansados, despistados o irritables de lo habitual. No se han vuelto vagos ni han olvidado de repente lo aprendido. Su cerebro está volviendo a adaptarse a la rutina. «Los niños también necesitan un periodo de adaptación, aunque su duración varía», explica Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUP. La vuelta al colegio supone reajustar el reloj biológico y recuperar hábitos de atención prolongada, al tiempo que el niño vuelve a enfrentarse a demandas académicas, sociales y emocionales. Además, sus funciones ejecutivas todavía están en desarrollo, por lo que necesitan en mayor medida «estructura externa, repetición y acompañamiento de los adultos».Durante las vacaciones, los horarios de sueño pueden desplazarse incluso más de una hora. Recuperar de golpe el madrugón , las clases y todas las obligaciones puede resultar exigente. En algunas transiciones escolares, especialmente importantes como el comienzo de la escolarización, la respuesta fisiológica de estrés puede mantenerse elevada durante las primeras dos semanas y disminuir después a ritmos diferentes en cada niño. «Por eso, necesitar varios días o semanas para recuperar el ritmo puede considerarse esperable», apunta la especialista.Los primeros días pueden dejar escenas conocidas en muchas familias: el niño pierde el hilo de una explicación, olvida una instrucción que acaba de recibir, no encuentra el material que necesita o tarda mucho más de lo habitual en empezar los deberes . Atención sostenida, memoria de trabajo, control inhibitorio y planificación son algunas de las funciones cognitivas que pueden mostrarse temporalmente más difíciles.La memoria a largo plazo no desaparece durante el verano. Lo que puede resultar menos eficiente durante un tiempo es recuperar información ya aprendida o incorporar contenidos nuevos. Y el cansancio o el estrés pueden hacer todavía más visibles unas dificultades que ya forman parte del proceso normal de desarrollo de las funciones ejecutivas. Por eso, que un niño llegue a casa agotado, proteste más, esté irritable o necesite más recordatorios no significa necesariamente que esté teniendo un problema. «Puede ser una respuesta normal durante los primeros días, siempre que sea leve, transitoria y vaya mejorando», señala Medina.En ocasiones, además, el cansancio infantil no se manifiesta con sueño, sino con irritabilidad, inquietud, llanto o una menor tolerancia a la frustración. Los padres pueden facilitar esta etapa utilizando instrucciones breves, listas visuales o preparando juntos el material. La clave es retirar progresivamente esa ayuda a medida que el niño recupera su autonomía, y no asumir por él todas sus responsabilidades.El error de querer recuperar septiembre en un díaMadrugones, deberes, extraescolares y rendimiento académico. Todo a la vez. Para la neuropsicóloga, recuperar simultáneamente todas esas demandas puede ser demasiado. «Cuando coinciden falta de sueño , estrés y exceso de exigencias, las funciones ejecutivas trabajan con menos eficacia y pueden aumentar los despistes, la impulsividad y los conflictos». Esto no significa eliminar responsabilidades ni convertir septiembre en un mes sin normas. Las rutinas y los límites proporcionan seguridad, pero la carga puede introducirse de manera gradual. Durante los primeros días conviene priorizar el descanso, la asistencia al colegio, la organización básica y la adaptación emocional. Después se pueden ampliar las tareas y actividades.El sueño ocupa aquí un lugar especialmente importante. Los niños de 6 a 12 años necesitan generalmente entre nueve y doce horas de sueño, mientras que los adolescentes necesitan entre ocho y diez. Mantener horarios regulares favorece la atención, la memoria, el aprendizaje, la conducta y la regulación emocional. También ayuda adelantar progresivamente los horarios una o dos semanas antes de comenzar el curso, entre 15 y 30 minutos cada pocos días. La luz natural por la mañana, la actividad física durante el día y reducir las pantallas antes de dormir pueden favorecer el reajuste del reloj biológico.Otro de los clásicos de septiembre es llenar la agenda para recuperar cuanto antes la «normalidad». Pero una tarde de colegio seguida de varias actividades puede dejar poco espacio para descansar, jugar o estar en familia . Las extraescolares no son perjudiciales por sí mismas. Pueden favorecer la actividad física, la socialización, la autoestima y el aprendizaje de habilidades. El problema aparece cuando su intensidad supera los recursos del niño o cuando deja de disfrutarlas. Por eso, la especialista recomienda observar su sueño, apetito, humor, motivación y tiempo libre antes de decidir cuántas actividades puede asumir. «Los padres funcionan como figuras de corregulación» Valeria MedinaEn casa también conviene recuperar primero unas pocas rutinas esenciales: una hora estable para levantarse, un horario de sueño suficiente y una secuencia de mañana sencilla y previsible. Preparar la ropa y la mochila la noche anterior reduce decisiones y posibles conflictos a primera hora. Mantener horarios previsibles de comidas y reservar un pequeño momento diario para hablar de cómo ha ido el día también puede ayudar.Y hay algo más que los niños perciben: cómo viven sus padres la vuelta. «Los padres funcionan como figuras de corregulación », explica Medina. El tono de voz, las prisas o la manera de afrontar los imprevistos pueden influir en cómo el niño interpreta este periodo. No se trata de ocultar el estrés, sino de mostrar formas saludables de afrontarlo: anticipar, priorizar, pedir ayuda y aceptar que no todo tiene que salir perfecto.MÁS INFORMACIÓN noticia No Pablo Ojeda, nutricionista, sobre cuál es el mejor desayuno para los niños: «Si le das un tazón de cereales por la mañana, al mediodía le va a dar una hipoglucemia» noticia Si Septiembre llega con una factura que las familias no pueden esquivar noticia Si Una experta en oratoria advierte: «El miedo a hablar en público se aprende en la infancia» noticia No Rocío Ramos-Paúl, psicóloga de ‘Supernanny’: «Tu hijo no cuenta nada porque le estás haciendo la pregunta equivocada»Lo esperable es que el cansancio, los pequeños despistes o la necesidad de mayor cercanía vayan disminuyendo a medida que se recuperan el sueño y las rutinas. Si, por el contrario, la ansiedad es intensa o aumenta con los días, interfiere con el sueño, la alimentación, las relaciones o la asistencia al colegio, o aparecen aislamiento, pérdida de interés, ataques de pánico, descenso brusco del rendimiento o una evitación persistente del centro escolar, conviene hablar con el colegio y solicitar orientación profesional. «El objetivo inicial no debería ser recuperar inmediatamente el máximo rendimiento, sino construir una rutina suficientemente estable para que toda la familia vuelva a sentirse segura y organizada», concluye la neuropsicóloga.
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