Todo el mundo ha sentido la necesidad en algún momento de apartar la mirada viendo una película. Un impulso de protección frente a lo desagradable, aquello que rechazamos por su naturaleza violenta o fatalidad. No nos referimos a escenas gore. El tema tiene que ver con la incomodidad que ciertas secuencias nos hacen sentir y que forman parte de la propia experiencia cinematográfica potenciada por la dirección de unos cineastas convertidos, como nosotros, en voyeurs del sadismo. A continuación, repasamos las 7 escenas más turbias del cine, un carrusel de inquietud para el alma que, simplemente con intentar describirlas, ya se nos ponen los pelos de punta:
(El artículo va cargado de spoilers de varias películas. Recomendamos leer bien el epígrafe para saber el filme del que estamos hablando).
Las 7 escenas más turbias del cine
1-El accidente de coche de ‘Hereditary’

La ópera prima de Ari Aster es una de las principales referencias cuando se habla de terror moderno. Para muchos, Hereditary es El exorcista de su generación. Aunque lo más terrorífico del filme no es su espacio sobrenatural, sino la famosa escena del coche, donde, tras decapitar en un accidente de coche a su hermana pequeña, el joven interpretado por Alex Wolff llega a su casa como si nada hubiese pasado. En pleno shock, sube a su cuarto y pasa la noche en vela. La cámara de Aster se queda en el primer plano del personaje y, en fuera de campo, a la mañana siguiente, escuchamos los gritos de la madre al contemplar la inenarrable tragedia.
2-La crudeza inevitable de ‘Irreversible’

Hubo un éxodo masivo de espectadores en su presentación en Cannes. ¿El motivo? Gaspar Noé le dedicó nueve minutos ininterrumpidos a la escena de la violación de Alex (Monica Bellucci), filmada en un plano secuencia que obliga a los espectadores a ser testigos impotentes de dicha crudeza. Se dice que en aquella sala del certamen de la Croisette, alrededor de 20 personas se desmayaron, sufrieron náuseas o incluso, ataques de pánico.
3-La escena del control remoto de ‘Funny Games’

Michael Haneke es el rey de la tortura narrativa dentro del cine autoral europeo. El director nos ha acostumbrado a mostrar la violencia de una forma seca y sin ningún tipo de estilismo, usando tomas largas y frías. En Funny Games, esto alcanzó su cenit, llevando a que los asesinos de la historia rompiesen la cuarta pared para hablar con el público, convirtiendo a todos en cómplices directos de sus juegos sádicos. Sin embargo, lo realmente escalofriante llega cuando los protagonistas consiguen zafarse de sus captores, plantándoles cara. Uno de los asesinos lo para todo y directamente rebobina lo sucedido para volver a tener el control de la situación. Nunca hubo ningún tipo de esperanza real y el realizador alemán nos lo hizo sentir de una forma terriblemente cruel.
4-El freno de mano de ‘Sirat’

El fenómeno del celuloide español el año pasado también fue un trauma sideral para millones de espectadores. Ganadora del Premio del Jurado en Cannes (ex aequo con El sonido de la caída) y nominada a dos premios de los Oscar, Sirat tiene una de las escenas más turbias de nuestro cine. Sí, nos referimos a la muerte brutal del niño pequeño de la historia y su perro dentro de un coche que se precipita al vacío al no tener el freno de mano puesto. La respuesta del padre protagonista, con un dolor inmenso, no es otra que seguir hacia adelante.
5- La paliza a un border collie en ‘Langosta’

Si hablamos de torturadores cinematográficos actuales, el nombre de Yorgos Lanthimos aparece gigante y con luces de neón en nuestra mente. Una de las escenas más turbias de su filmografía tiene que ver con la muerte de un border collie, quien en la historia es la reencarnación del hermano del protagonista. Una de las mujeres del hotel donde se contextualiza la historia lo mata a patadas para demostrar su falta de empatía y demostrar si el protagonista (Colin Farrell) es igual de frío que ella.
6-La escena de la cafetería de ‘Mulholland Drive’

Nadie nos ha generado nunca tanta desorientación narrativa como David Lynch. Y, de entre todas sus obras, Mulholland Drive es la cima de esa incertidumbre y ruptura entre lo real y lo onírico. La secuencia que todo el mundo recuerda, por su impacto e inesperadísimo jumpscare, es la de la cafetería. Dos personajes que no hemos visto nunca, hablando de algo que no entendemos y con la presencia enigmática e inexplicable de un ser extraño en un callejón de al lado al final del encuentro.
7. ‘El último tango en París’

Maria Schneider declaró años más tarde sentirse humillada y «un poco violada», asegurando que las lágrimas que derramó en la escena de la mantequilla de El último tango en París fueron reales. El director Bernardo Bertolucci y Marlon Brando acordaron no avisar a la actriz sobre el uso de la mantequilla en la agresión sexual del filme, donde el intérprete utiliza dicho elemento como lubricante. La escena no estaba escrita en el guion original y supone una de las anécdotas más infames de la carrera de Brando y el realizador italiano.
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