«Paseas por el barrio y ves edificios con persianas bajadas y tan solo alguna una luz encendida en el edificio», describe Pilar Rodríguez, vecina de Chamberí a este periódico. Le apena que la vida de barrio a la que estaba acostumbrada parezca apagarse poco a poco en este distrito de la capital, donde tan solo algunos mayores se reconocen en las glorietas, parques o cuando bajan a por la compra. En el barrio de Salamanca, que durante décadas ha sido hogar de la aristocracia madrileña, el cambio ha sido más brusco después de la pandemia: «Los dueños de muchas viviendas no residen aquí, tan solo pasan algunas pequeñas temporadas o aprovechan durante el verano. El resto del tiempo permanecen vacías», Alejandro Fernández, residente en este último distrito.«Madrid es una ciudad que todavía no es tan cara a nivel europeo. Es segura, está bien comunicada, se come bien y hay buen clima. Estos compradores no lo ven solo como una inversión sino como refugio», explica a este periódico Alberto Cabas, franquiciado de Redpiso en Madrid. Dibuja una gran diferencia entre estos dos distritos. Así, ambos exclusivos enclaves son los que más viviendas «no principales» albergan. En Chamberí, de las 78.278 inmuebles familiares que contabiliza el Instituto Nacional de Estadística (INE), 16.542 son de este tipo. Es decir, el 21.13% de los inmuebles son propiedad de dueños que no las utilizan toda o la mayor parte del año como su casa habitual. El distrito de Salamanca, según el censo de Población y Viviendas de 2021 –el último publicado–, vive una situación parecida:un 20% de las casi 80.000 viviendas familiares registradas en sus seis barrios tienen este uso, que engloba tanto las segundas residencias como viviendas vacías. Mientras que Chamberí –a excepción del barrio de Almagro, que se parece más al distrito vecino– tiene un carácter más residencial, las operaciones de este tipo destacan en el barrio de Salamanca, la zona preferida por excelencia de los ultrarricos latinoamericanos y donde se han llegado a registrar cierres que han superado los 18.000 euros por metro cuadrado. «A veces lo utilizan los propios dueños y otras algún familiar, como sus hijos. Pero hay quienes también trabajan con agencias de ‘relocation’, un servicio al que acuden empresas para trasladar a sus empleados a una ciudad de manera temporal», describe Cabas.Según los datos de uso de las viviendas extraídas de las cifras de ventas de Engel & Völkers, un 47% de las operaciones cerradas en el distrito de Salamanca en 2025 fueron segundas viviendas. «La mayoría adquiere esta segunda residencia porque busca un lugar donde establecerse cuando viene a Madrid o un espacio donde sus hijos puedan estar cuando los mandan a estudiar aquí. Así, aprovechan para hacer una inversión patrimonial al tiempo que tienen donde quedarse en verano», cuenta a este periódico Andrea Acosta, directora de ventas de esta inmobiliaria de lujo en el distrito de Chamberí.«Los compradores aprovechan para hacer una inversión patrimonial al tiempo que tienen donde quedarse en verano» Andrea Acosta Directora de ventas de Engel & Völkers en ChamberíSin embargo, en el distrito de Chamberí, donde el 85% de los compradores son españoles, las ventas cerradas por esta empresa alemana el pasado año fueron el 7% del total, donde es más habitual la compra de estos inmuebles las hagan ciudadanos de otras comunidades autónomas que invierten en un alojamiento para sus hijos mientras cursan grados o másteres en la capital. «En general, estos clientes pueden alquilar los inmuebles, pero la mayoría los usan para una segunda residencia. Al final, y sobre todo en el barrio de Salamanca, siempre acabarán siendo rentables estas inversiones a largo plazo», destacaba Acosta.Las operaciones en ambos enclaves, que se sitúan entre los más codiciados de la capital –principalmente por el interés de grandes fortunas en ellos, entre las que destacan las latinoamericanas– también tienen un gran impacto en sus barrios. Alejandro Fernández, portavoz de la asociación vecinal de Goya-Dalí, señala que hay edificios de varias viviendas en los que tan solo reside durante el año una sola persona. «El tejido vecinal acaba deteriorándose. No hay sensación de convivencia ya que estos compradores llevan un nivel de vida muy alto», incide.«No residen aquí. Tan solo pasan algunas temporadas. El resto del tiempo las casas están vacías» Alejandro Fernández VecinoPero también señala la transformación que llega incluso al comercio: «Cada vez hay menos comercios locales y bares de toda la vida y han comenzado a abrir restaurantes de sushi peruanos, comida mexicana o cócteles». El último gran ejemplo del cambio que recuerda este vecino es el cierre del Vips de la calle de Ortega y Gasset, cuyo local, augura, acabará transformándose en un espacio dedicado al perfil de aquellos «que solo vienen a pasar unas vacaciones».
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