Borja Jiménez se perfiló en corto ante Mitonero, un serio cárdeno de Victorino, y se volcó sobre el morrillo, la muleta en la izquierda por bajo, la derecha con la espada que clavó en todo lo alto. Un estoconazo de premio, de los que dejan recuerdo, de los que dan gloria a la suerte suprema. Quién sabe si como aquella estocada que le recetó Machaquito al miura Barbero una madrileña tarde de mayo en los albores del siglo XX que quedó inmortalizada por el genio de la escultura Mariano Benlliure en la «Estocada de la tarde». El toro aguantando la muerte con la espada hasta los gavilanes.Así debió ser, y así fue la de Borja Jiménez a ese tercer victorino al que cortó una oreja bien ganada desde que se abrió de capote, sacándoselo a los medios con poder. Tras brindar la faena a Uceda, se dobló llevándolo muy largo y sometiendo mucho. Le dio distancia en una primera serie en la que no acabó de acoplarse para cogerle el aire en la siguiente con muletazos de buen trazo. Como con la mano izquierda en una tanda de mérito y en otra más rotunda que puso definitivamente todo a su favor. La estocada de ley, la suerte suprema para el recuerdo, el aval para pasear una oreja en triunfo.Le quedaba el sexto victorino para redondear la tarde. Lo buscó, pero el toro no estaba para exquisiteces. Se dobló con él sobre las piernas y poco más pudo hacer que ponerse e intentarlo. Con la derecha, se tragaba el primero. Ni uno más. Y ahí acabó su tarde.Que nadie pensara que Victorino Martín llegaba a Las Ventas como tierra conquistada. Lo midieron y mucho, sobre todo en los dos primeros toros. Cualquier amago de perder las manos, ahí surgían los pitos y hasta gritaro desde el siete eso de «¡toros, toros!», lo que dirigido a un victorino no deja de tener su aquel. Así fue el primer tercio del segundo, en definitiva, el de mejores embestidas de la tarde. Con las fuerzas medidas, es verdad, pero también ofreciendo profundidad y hondura en sus arrancadas. Lo entendió bien Paco Ureña, que lo llevó largo en las primeras probatinas con la muleta. Ahí aprecio sus bondades, le dio distancia por el pitón derecho, y tres y el de pecho ya pusieron a todos de acuerdo. Soberbio un natural y al mismo nivel una serie de frente, de uno en uno, pero con los tendidos metidos ya en la faena. Todo fue a más con la mano derecha sin estoque, encajado y ajustado Ureña, humillando hasta el final el victorino. Faena de premio que se quedó en una fuerte ovación por un pinchazo a destiempo antes de una estocada desprendida.Feria de Otoño Plaza de toros Monumental de Las Ventas Domingo 4 de octubre de 2026. Cuarta de la feria de Otoño. Lleno de «No hay billetes». Se lidiaron toros de Victorino Martín, serios y complicados, destacó el buen segundo. Uceda Leal, de blanco y plata. Estocada desprendida (silencio). Pinchazo y estocada (ovación). Paco Ureña, de marino y oro. Pinchazo y estocada desprendida (ovación). Media atravesada (pitos). Borja Jiménez, de verde y oro. Estocada (oreja). Pinchazo y estocada (silencio).El panorama cambió para el murciano en el quinto, Verdadero, que peleó con bravura en varas en un emocionante tercio, mal resuelto por el picador, Ureña y la cuadrilla. El público tomó partido por el toro que se hizo el dueño de la situación en banderillas y en ese ambiente hostil una faena imposible, pues el toro desarrolló maldades.Uceda Leal vistió de blanco y plata, el mismo terno con el que hace treinta años y un día Curro Romero lo invistió de matador de toros en esta misma plaza. Treinta años y un día que no han sido una condena, treinta años y un día de un torero de Madrid, de un torero pleno de excelencias. Y si poco había que hacer con el primero, bien que lo demostró con el cuarto al que adivinó que si tenía algo que sacar era para ponerse pronto y por el pitón izquierdo. Así lo hizo, y en ese instante dibujó una intensa serie al natural. Supieron a poco esos muletazos de tan buen son como tantas veces a los aficionados les ha sabido a poco el propio torero madrileño. No hubo más, el de Victorino dijo que ya bastaba. Quedaba la espada, pero pinchó llevándose un susto antes de un buen volapié.
Powered by WPeMatico