En menos de un año, tres operaciones de la Policía Nacional contra el cártel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación. Las tres: para abortar la producción de droga sintética en España . Aquí fabrican metanfetamina para transportarla a terceros países. En el último de los casos, establecieron sus cocinas en Cataluña . ¿El motivo? Su posición geoestratégica, próxima a la frontera con Francia, con buenas conexiones marítimas y terrestres. «Están utilizando, logísticamente, zonas abandonadas del Mediterráneo y del centro del país, para desplegarlas», explica a ABC el comisario Alberto Morales, jefe de la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional. Por un lado están los laboratorios de extracción de cocaína y ahora también los de droga de síntesis. Lo que supone un cambio relevante: que las organizaciones criminales ahora emplean territorio español como espacio de producción o fase final de elaboración de la sustancia, con cocinas itinerantes. «Son productos químicos con los que pueden ponerse en marcha rápidamente. Se instalan, producen, cierran y desaparecen, también con mucha rapidez», indica a este diario el inspector jefe Alejandro Martín-Blas, responsable de la Unidad de Drogas Sintéticas de la Policía Nacional.El trabajo de los investigadores, con sendos golpes a laboratorios desplegados por cárteles mexicanos, ha permitido certificar que España ya no sólo es lugar de paso o distribución, sino que se ha convertido en zona de producción. Los cárteles intentan romper la trazabilidad de las rutas tradicionales, para evitar ser detectados. Es decir, recurren a terceros países para que el origen de la mercancía no levante sospechas. En el caso de la última operación contra el cártel Jalisco, que desplegó sus cocinas en un pequeño pueblo de Lérida, Almenar, la metanfetamina llegó primero a un puerto francés, diluida y camuflada en botellas de esencia de vainilla. «Las organizaciones conocen las rutas históricas y procuran introducir itinerarios diferentes para dificultar su seguimiento», precisa el comisario Morales. La mercancía puede llegar por vía marítima o aérea y, dependiendo de la organización que se encuentre tras su envío, puede entrar en España ya preparada o necesitar sólo el paso final, señala Martín-Blas. «Los cárteles mexicanos prefieren acabarla aquí. Calentar, eliminar impurezas, preparar, enfriar y distribuir. Es una especie de cocina de quinta generación: el último proceso antes de poner el producto en el mercado». Por lo general, las sustancias —como también ocurre con la cocaína— vienen ya ‘mezcladas’, por dos motivos, precisa el inspector: porque es más difícil detectarlas, y también complica que puedan sustraerles la mercancía —los denominados ‘vuelcos’; robos entre traficantes—. Así, en ocasiones, se llega a incautar parte de la misma, pero no su totalidad, lo que les permite seguir operando. Para ello recurren a lo que en la jerga se denomina candados químicos, niveles de ocultación, mediante modificaciones moleculares o procesos de camuflaje, por los que la droga se mezcla con otras sustancias para alterar su composición o enmascarar su detección por los K-9 o mediante escáneres. Después, en destino final, un químico —el denominado ‘cocinero’— es el encargado de revertir estos pasos.«Son productos químicos con los que pueden ponerse en marcha rápidamente. Se instalan, producen, cierran y desaparecen, también con mucha rapidez» Alejandro Martín-Blas Inspector jefe de la Policía NacionalLos dos golpes previos contra las organizaciones mexicanas, las operaciones Washima y Oyamel, fueron en colaboración con la DEA estadounidense, y, en el último caso, también con las autoridades de Países Bajos, que sigue siendo el principal productor —y consumidor— de drogas sintéticas en el Viejo Continente. La primera, en enero de este año, se saldó con la desarticulación del principal punto de abastecimiento de drogas sintéticas en Europa, vinculado al cártel de Sinaloa. La segunda, desmantelando la ‘oficina’ del cártel Jalisco Nueva Generación en España. Introducían grandes cargamentos de cocaína y metanfetamina desde Sudamérica para su posterior distribución. Entre la veintena de arrestados, también integrantes de la Camorra. Modelo industrialA diferencia de la marihuana, o la cocaína —y su ciclo de producción—, las drogas de síntesis presentan una gran rentabilidad, eliminan costes logísticos y se fabrican a pocos kilómetros del consumidor final. Es decir: el narcotráfico evoluciona hacia un modelo industrial, que ya no depende de la tierra, ni del clima. Y eso también explica su itinerancia. Lo ejemplifica el inspector, con el golpe asestado al cártel Jalisco en Cataluña: «En dos días, habían obtenido 800 kilos de metanfetamina». Cuando llega la materia prima, la transforman, cierran el laboratorio y la distribuyen. Una deslocalización que dificulta enormemente las pesquisas para desarticular sus cocinas antes de que finalicen el proceso. Las desmanteladas en España, precisan los mandos policiales, presentaban características similares a las desplegadas en Países Bajos. De hecho, los cárteles mexicanos recurren también a la infraestructura existente en este último territorio —más enfocado al MDMA— para producir su metanfetamina. Y es que, también en Cataluña, concretamente en Tarragona, la Policía Nacional desmanteló hace un año el mayor laboratorio de MDMA descubierto hasta la fecha en España. Tras él: un holandés de 35 años, con vínculos con la Mocro Maffia, que dirigía el entramado desde prisión. Interior del laboratorio desplegado por el cártel Jalisco en un pueblo de Lérida. La detección de la droga diluida en líquido de vainilla llevó a la Policía Nacional a desarticularlo. CedidasY es que las organizaciones — multinacionales del crimen — no son estructuras estancas; colaboran y establecen vínculos entre sí. Subcontratan transporte, logística y seguridad armada. Eso significa que quien controla la producción —los cárteles mexicanos envían a alguien de su confianza para supervisar el proceso— no tiene por qué participar en la posterior distribución. En cuanto al papel que juega la delincuencia patria, los policías descartan que se hayan pasado a ese tipo de producción, pero sí señalan que «colaboran con la infraestructura», facilitando su entrada. Sobre el riesgo asociado para el territorio, es decir, la posible implantación de los cárteles en suelo español, o posibles incidentes armados —como los ajustes de cuentas entre organizaciones balcánicas, que en Cataluña se han saldado con seis asesinatos a tiros en lo que va de año—, los mandos se muestran cautos. Recuerdan que los traficantes buscan, a toda costa, pasar desapercibidos, de ahí que escojan zonas despobladas para instalar sus laboratorios. «Donde suelen trabajar, no quieren conflicto», resume el comisario. Sí es palpable la corrupción asociada, la colaboración con empresas para utilizar sus entramados legales para blanquear, y también que la legislación española, en lo que a tráfico de drogas se refiere, es más laxa que en otros países de su entorno. A nivel policial, para atajar su actividad, constata Morales, es más relevante desmantelar su estructura que incautar ingentes cantidades de la droga.
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