La reaparición de Pedro Sánchez después de un mes ausente de vacaciones durante la mayor crisis migratoria y de seguridad que ha sufrido Ceuta en su historia reciente, no sirvió para despejar las grandes incógnitas que rodearon la avalancha y que siguen hoy sin explicación. Tampoco para concretar los plazos del retorno de miles de inmigrantes que siguen en la ciudad autónoma, ni para garantizar un horizonte de tranquilidad a la población ceutí. Y mientras se amontonan las críticas al Gobierno por la insuficiente y tardía gestión de la crisis, el presidente decidió señalar al Rey Felipe VI por no haber visitado Ceuta a lo largo de su reinado, al tiempo que reconocía que una eventual visita de esa naturaleza tendría que coordinarse con el Ejecutivo, que siempre refrenda los actos del monarca.Durante la entrevista que concedió a la ‘cadena Ser’ y ante las preguntas sobre la posibilidad de que Don Felipe viaje a la ciudad autónoma –extremo que se producirá, según dijo, «cuando se den las circunstancias»– Sánchez involucra al Rey en la crisis, poniéndose en valor a sí mismo por haber visitado Ceuta más que ningún otro presidente de la democracia y lanzando la siguiente afirmación: «Yo llevo ocho años gobernando este país. El Rey lleva reinando más de 20 años. ¿Cuántas veces ha ido el Rey a Ceuta y Melilla? No ha ido ninguna vez». El presidente continuó: «Con administraciones del Partido Socialista y con administraciones del Partido Popular».Sánchez -que en otra ocasión más volvió a decir que Felipe VI llegó al trono hace 20 años a pesar de que lo hizo en 2014, tras la abdicación de Juan Carlos I, hace 12 años- buscó una comparación directa con el jefe del Estado , poniendo en la balanza sus visitas frente a las que no ha realizado el monarca; y después aseguró que «hay argumentos y razones suficientes para que el jefe del Estado visite, por fin, Ceuta y Melilla». En ese momento Sánchez aseguró que era un asunto que había tratado con el Rey en alguna reunión, aunque dijo que no desvelaría más detalles de los despachos: «Es lo que he compartido con el jefe del Estado y es lo que se va a hacer».Al pretendido señalamiento a Felipe VI le siguió otra afirmación que, en realidad, descargaba la responsabilidad de que la visita no se hubiera producido en los hombros del propio Gobierno: «Esa visita se hará. Y es una visita que, lógicamente, tendremos que coordinar y trabajar, pues, la Casa Real en este caso y el Gobierno de España».Ataque previo de PuenteEn las últimas semanas la posibilidad de que Don Felipe acuda a Ceuta -el presidente Juan Jesús Vivas se ha mostrado convencido de que lo haría más pronto que tarde, y también el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, deslizó la idea de que el Rey querría acudir y estaría esperando la autorización del Gobierno- ha provocado algún choque entre ministerios. Horas después de que la ministra portavoz, Elma Saiz, despachara el asunto asegurando que «la Casa Real es dueña de su agenda», era el titular de Transportes, Óscar Puente, el que desautorizó a su colega afirmando que «es el Gobierno el que decide la agenda del Rey». Y apostilló: «Sobre todo en materias de sensibilidad política. El Gobierno se ha cansado de decir que habrá una visita y que se elegirá el momento más oportuno para que eso se produzca».Al habitual tono chulesco que caracteriza al ministro Puente, en esa ocasión hablando de la agenda oficial del jefe del Estado, se sumaba un episodio de días anteriores, cuando el responsable de Transportes del Gobierno atacó directamente a Felipe VI por haber saludado al periodista Javier Negre durante la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. Primero lo calificó de «ignominia» y más tarde, en una entrevista, llegó a decir que Zarzuela había «cruzado una línea roja» por un saludo «intolerable» y que constituía «una grave equivocación». Este ha sido el caldo de cultivo a lo largo del mes de agosto y en su vuelta al ruedo oficial del nuevo curso político, el presidente decidió enviar un mensaje al Rey aprovechando la crisis de Ceuta y las dificultades de su Ejecutivo para retomar el control que nunca tuvo. A las contradicciones permanentes entre Interior y Defensa –que exhibieron en el Congreso la semana pasada con sus comparecencias– sobre el papel del CNI en las horas previas a la gran avalancha del 30 de julio; las afirmaciones de medio Gobierno a los pocos días de la invasión asegurando que la ciudad autónoma estaba recuperando la normalidad –«otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez» llegó a escribir Puente el 1 de agosto– se suma la defensa compacta que han mostrado los distintos ministros y, ahora el presidente, hacia Marruecos. Sánchez insistió en repetir que no tiene ninguna información que le haga pensar que el reino alauí provocó la llegada de 80.000 inmigrantes a territorio ceutí ni que tenga culpa del episodio que ha dejado en un ‘shock’ crónico a la ciudad autónoma. De Marruecos el presidente solo alaba una supuesta colaboración que nadie más percibe en Ceuta.El antecedente de PaiportaLa emergencia es de muy distinta naturaleza, pero hay similitudes con otros enfrentamientos que el Gobierno ha provocado con la jefatura del Estado en esta legislatura, haciendo visible su malestar por el papel que ha jugado el Rey en algunas crisis cuando la debilidad de Sánchez era enorme.El más contundente fue el doloroso episodio de Paiporta, epicentro de la DANA que dejó arrasada buena parte de la provincia de Valencia en octubre de 2024. El presidente decidió acompañar a los Reyes a las zonas más afectadas de la riada, como también el entonces jefe de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón. El malestar y la crispación del pueblo valenciano hacia los dos gobernantes era más que evidente y se visibilizó en una escena jamás antes vista: barro y gritos de frustración que los alcanzaron a ambos, y también a Don Felipe y la Reina Letizia.Al poco de llegar y ante la creciente tensión Sánchez abandonó la comitiva acompañado de dos escoltas. Pero los Reyes decidieron permanecer. La petición de Don Felipe a su equipo de seguridad fue incluso que evitaran protegerlo con la ayuda de un paraguas. El presidente ya se había esfumado. Aquella situación elevó el malestar de Moncloa con Zarzuela y recuerda en algo a lo que sucede ahora en Ceuta: la población se manifiesta contra Sánchez mientras espera con ansia la visita del Rey.Ha habido otros momentos de tensión visible entre ambas instituciones, a pesar de que las dos se esfuerzan por asegurar que existe una colaboración y cooperación; desplantes y gestos que aunque no han tenido mayor recurrido, en el momento de producirse sí tuvieron impacto. Como la polémica que generó el presidente en abril de 2024 cuando recibió al jefe del Estado con las manos en los bolsillos en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes. O cuando el pasado 12 de octubre hizo esperar a los Reyes y tuvo que justificarse, asegurando que había salido cuando le habían indicado. En el ámbito de la política exterior hay muchos ejemplos. El más reciente el pasado julio, cuando Don Felipe llegó a Perú sin ningún ministro del Gobierno para asistir a la toma de posesión de Keiko Fujimori, en la que sí estuvo el líder de la oposición. Desde que José Manuel Albares asumió la cartera de Exteriores en el verano de 2021 solo ha acompañado al Rey a siete de quince tomas de posesión y todas fueron de presidentes de izquierdas.
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