Con la del pasado lunes, son ya 19 las veces que, desde que es presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alias el Saunas por parte de su suegro, ha ido a recibir un masaje con final feliz a la Cadena Ser. 17 de esas sesiones de relajación fueron matutinas, en el programa Hoy por Hoy que, hasta este verano, dirigía, como diría José Luis López Vázquez, su admiradora, su sierva, su esclava, Àngels Barceló, que ha sido sustituida brillantemente, entiéndase la ironía, por un no menos sumiso Aimar Bretos. 19 es un número que no nos dice nada si no lo comparamos con algo. Por ejemplo, la Ser es una cadena de radio comercial privada y si lo comparamos en ese ámbito, con la COPE, que es la segunda en audiencia, no ha ido ni una sola vez, y a Onda Cero, que es la tercera, solamente cuatro veces. A la radio y a la televisión públicas habrá ido la mitad de veces que a la SER, y en El País, del mismo Grupo Prisa, habrá concedido unas 10 entrevistas.
Con esta avalancha de datos quiero decir que, cuando el Saunas quiere relajarse, acude al programa de radio en el que fue masajeado este lunes. Allí se tumba en la camilla, se deja mimar y disfruta sabiendo que nadie le va a repreguntar cuando quiera escabullirse de algún tema que le incomode, ni le van a decir nada cuando suelte las trolas esas que a él tanto le gusta soltar, como eso de que el Rey Felipe VI «lleva reinando más de 20 años», cuando, en realidad, son poco más de la mitad, dos terceras partes de los cuales han coincidido con su presidencia del Gobierno. Tampoco nadie se ríe en la Cadena Ser cuando, hablando del Rey, pregunta «¿cuántas veces ha ido a Ceuta?», ocultando que ninguna visita oficial de nuestro monarca puede realizarse sin el beneplácito del Gobierno.
No obstante, a pesar de encontrarse en un ambiente tan favorable y agradable para él, y aunque Sánchez acaba de alcanzar un récord mundial de vacaciones estivales bajo una enorme crisis internacional, permaneciendo 27 días seguidos relajándose al sol en la Residencia Real de La Mareta, en Lanzarote, atendido por un servicio uniformado, rodeado de sus amigos más íntimos y sus familiares más cercanos; a pesar de todo eso, digo, hemos visto al Saunas completamente desquiciado, absolutamente ido, totalmente alejado de la realidad. Muy moreno y muy delgado, eso sí, pero trastornado como nunca antes, sin ningún control ni sobre sus gestos ni sobre lo que dice. Definitivamente desequilibrado y desbordado por unas circunstancias que, claramente, no controla. La situación se le ha ido de las manos y no sabe qué hacer para recuperar el control.
Ya solo habla para cuñados. Es cierto que, por mucho que nos abochorne reconocerlo, todas las encuestas dicen que a su PSOE corrupto, ineficaz, traidor y desvergonzado aún le va a votar uno de cada cuatro vecinos nuestros, nuevos nacionalizados incluidos. Pero, restando el voto cautivo de los que, de una forma u otra, cobran del partido y defienden sus carguitos y sus paguitas, a Pedro Sánchez ya solamente le votan señoras mayores con el pelo teñido de morado y mucho más rencor social que cultura, a las que les puede decir eso de que «tengo derecho a descansar» mientras nuestro vecino nos invade, que ellas aplaudirán con las orejas mientras llaman fachas a todos los que las rodean. Sánchez sabe que entre Marruecos y la Unión Europea no le van a dejar hacer nada para solucionar la invasión de Ceuta. Unos no le permiten expulsarlos y los otros no le permiten traerlos a la península. Ceuta será la tumba del saunismo. La invasión que no puede solucionar acabará con Pedro Sánchez; él ya lo sabe y, por eso, ahora es más peligroso que nunca.
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