Con la traca final de calor que nos está brindado el mes de septiembre, pensar en el otoño es una fantasía. Pero llegará. Y con él vendrán las borrascas, los primeros jerséis y, mucho más interesante, un auténtico chorreo de puentes. Octubre, noviembre y diciembre vienen cargados del mejor regalo que puede recibir un trabajador: días libres estratégicamente colocados en el calendario. Puentes y festivos suficientes como para empezar a hacer cuentas y buscar una excusa digna para salir de casa.
La cuestión es que los puentes tienen una trampa: duran poco. Y cuando solo tenemos tres o cuatro días, nadie quiere pasarse medio viaje en el coche para acabar haciendo exactamente lo mismo que podría haber hecho en su casa. Queremos que la escapada cunda. Dormir en un sitio especial, comer bien, descubrir un paisaje, hacer algo que no hacemos habitualmente y, a ser posible, volver con la sensación de haber estado fuera una semana, aunque el lunes toque fichar. Por eso les propongo hoteles en los que el alojamiento es solo el principio.

Hay propuestas para quienes quieren ponerse las botas y salir al campo, para los que prefieren un spa cuando ya ha anochecido, para quienes llevan años diciendo que algún día probarán la hípica y para los que directamente quieren sentirse dentro de un documental de naturaleza. También hay vino, gastronomía, estrellas Michelin, safaris, experiencias a caballo y algún que otro plan bastante más extravagante. Hoteles capaces de convertir esos pocos días libres en una escapada que merezca realmente la pena.

Y entre todas estas formas poco habituales de aprovechar un puente hay una que nos permite cambiar el coche por las riendas y descubrir el paisaje a lomos de un caballo. Dos Relais & Châteaux han convertido la tradición ecuestre en una parte esencial de su propuesta, con caballos lusitanos, clases adaptadas a distintos niveles y paseos que permiten recorrer sus fincas de una manera mucho más pausada. En Relais & Châteaux Finca La Donaira, en plena Serranía de Ronda, la equitación forma parte de la propia filosofía de la finca y gira alrededor de sus caballos lusitanos, criados y entrenados bajo una mirada que combina los principios clásicos con una concepción más amable y respetuosa del comportamiento equino. Los huéspedes pueden acercarse a este mundo tanto si son jinetes experimentados como si se suben por primera vez a un caballo.

Al otro lado de la frontera, Relais & Châteaux Herdade da Malhadinha Nova, en el Alentejo portugués, también tiene en los caballos lusitanos uno de sus grandes vínculos con el territorio. Su coudelaria —yeguada en español—, fundada en 2008 y dirigida por el jinete profesional Pedro Sousa, está dedicada a la cría y entrenamiento de esta raza, además de acercar la tradición ecuestre a quienes visitan la propiedad. Aquí se puede desde iniciarse en la doma o disfrutar de una clase privada hasta salir a caballo entre viñedos y campos, descubriendo el paisaje alentejano de una manera diferente.

Si hay algo que puede convertir un puente cualquiera en una escapada de las que se recuerdan, es dormir en un árbol. En Navarra, Basoa Suites propone precisamente eso: siete suites construidas entre los árboles, en pleno bosque, donde hasta el desayuno y la cena llegan a la habitación en una cesta que se sube mediante una polea. Una manera bastante literal de desconectar del mundo y pasar unos días con los pies bastante más cerca de las ramas que del suelo.

Para quienes prefieran cambiar el bosque por un paisaje directamente marciano, Cueva Tardienta Monegros lleva la escapada hasta Los Monegros. El alojamiento está integrado en una antigua cueva excavada en la montaña y situado junto a un aeródromo, en un entorno que poco tiene que ver con el típico hotel rural. Aquí el plan consiste precisamente en desaparecer durante unos días en mitad de un paisaje árido y silencioso que parece sacado de otro planeta.

En plena Mancha, La Caminera Club de Campo es de esos hoteles en los que cuesta encontrar una buena excusa para salir de la finca. Aquí el puente puede empezar con un paseo a caballo y terminar en su spa nocturno, aunque hay planes bastante más peculiares: desde safaris en 4×4 para intentar avistar al lince ibérico hasta experiencias de vendimia, rutas entre viñedos, golf y propuestas gastronómicas. Y para quienes quieran rematar la escapada a lo grande, su restaurante Retama, con estrella Michelin, pone la parte gastronómica. Y por si todo esto no fuera suficiente, el hotel cuenta con su propio aeródromo privado y pista de aterrizaje, así que hasta la llegada puede formar parte del plan.

Y si la idea es llevar aquello de «me voy de puente» hasta sus últimas consecuencias, queda La Nava del Barranco también en Castilla-La Mancha. Una finca privada de 6.000 hectáreas que se puede alquilar en exclusiva y que pone a disposición de sus huéspedes chef y servicio propios, safaris fotográficos, paseos a caballo, vuelos en globo y una auténtica inmersión en la naturaleza. Un plan para quienes consideran que tres días libres merecen una producción a la altura.
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