Las vacaciones escolares no tienen por qué convertirse en una sucesión de deberes, fichas y ejercicios para que los niños «no pierdan el ritmo». Tampoco tienen que estar llenas de actividades programadas de principio a fin. El verano puede ser, precisamente, el momento en el que los más pequeños descubran que aprender no significa necesariamente sentarse delante de un libro. Una excursión, una conversación, preparar una receta, calcular cuánto dinero se puede gastar en un plan, aprender a orientarse con un mapa o intentar comunicarse con otro niño en otro idioma son también experiencias de aprendizaje. La clave está, según explica Milana Maliaukaite, psicóloga y consejera estudiantil del Hamelin-Laie International School de Barcelona, en cambiar el enfoque: «A veces confundimos dejar de estudiar con dejar de aprender. Y son cosas completamente diferentes».La especialista considera que durante el verano los niños deben poder desconectar de la exigencia académica, pero eso no significa que tengan que desconectar de la curiosidad . «No intentaría reproducir el colegio durante las vacaciones. Haría justamente lo contrario: permitir que el aprendizaje salga del aula y vuelva a encontrarse con la vida», señala. Desde el centro educativo proponen cuatro alternativas para mantener activo el aprendizaje durante las vacaciones sin que los niños tengan la sensación de estar haciendo deberes. Un e-book puede ser un aliado para recuperar el hábito de lecturaEl verano es un buen momento para recuperar el placer de leer, pero no todas las pantallas son iguales cuando se trata de concentrarse. Frente a la tablet, que ofrece acceso simultáneo a vídeos, juegos , aplicaciones, mensajes y notificaciones, el lector electrónico está concebido fundamentalmente para una única actividad: leer. «La concentración no consiste únicamente en mantener los ojos sobre una página. Concentrarse también implica ser capaz de dejar temporalmente fuera otros estímulos posibles», explica Maliaukaite.Por eso, más allá de la pantalla en sí, la psicóloga pone el foco en qué posibilidades compiten por la atención del niño. Un e-reader reduce esas distracciones y permite que el menor se centre en la historia. Además, la lectura electrónica puede resultar especialmente práctica durante las vacaciones: permite llevar varios libros en un único dispositivo y mantener el hábito lector durante viajes o desplazamientos. Pero la especialista insiste en que el objetivo no debería ser conseguir que el niño lea un número determinado de páginas como si se tratara de una tarea escolar. Se trata de que encuentre una historia que le interese y tenga tiempo para sumergirse en ella.Convertir una visita al museo en una experienciaVer y escuchar no es lo mismo que ver, tocar, experimentar y hacerse preguntas. Por eso, museos, exposiciones y espacios científicos pueden convertirse durante el verano en auténticos escenarios de aprendizaje. La diferencia está en no plantear la visita como una clase más, sino como una experiencia familiar que despierte la curiosidad . Una exposición de historia puede llevar a hablar sobre una determinada época; un museo de ciencias puede despertar preguntas sobre el cuerpo humano, los animales o el espacio; y una visita relacionada con el arte puede convertirse en una oportunidad para hablar sobre colores, formas o emociones.«La memoria necesita significado», explica Maliaukaite. «No enfrentaría experiencia y memoria porque necesitamos ambas. Memorizar nos permite conservar información, experimentar nos ayuda a comprender por qué esa información importa». En este sentido, una de las herramientas más sencillas que tienen los padres es preguntar. En lugar de ofrecer inmediatamente todas las explicaciones, se puede plantear al niño qué cree que está viendo, por qué piensa que sucede algo o cómo resolvería determinada situación. «Aprender no consiste únicamente en acumular respuestas. También consiste en desarrollar mejores preguntas», apunta la psicóloga.’Summer Camps’: aprender idiomas mientras hacen deporte y amigosLas vacaciones también ofrecen una oportunidad para que los niños utilicen los idiomas en situaciones reales. Y ahí los campamentos de verano pueden jugar un papel especialmente interesante, al combinar aprendizaje, actividad física y socialización. El valor no está únicamente en practicar vocabulario o gramática. Cuando un niño necesita utilizar otro idioma para participar en un juego , pedir algo, hacer una broma o conocer a otro niño, la lengua deja de ser una materia escolar y se convierte en una herramienta para relacionarse. «El objetivo ya no es construir una frase perfecta. El objetivo es conectar», explica Maliaukaite. Una diferencia que puede resultar especialmente importante para aquellos niños que conocen un idioma pero sienten inseguridad a la hora de hablarlo por miedo a equivocarse. Además, los campamentos pueden favorecer la autonomía. Los menores tienen que adaptarse a un entorno diferente, conocer a otras personas, pedir ayuda o enfrentarse a pequeñas dificultades sin tener siempre a sus padres cerca.La confianza no se construye únicamente diciéndole a un niño o adolescente ‘tú puedes’. «Necesita acumular experiencias reales que le permitan pensar: ‘No sabía si podría hacerlo, pero pude’», señala. En este caso, Hamelin-Laie cuenta con propuestas de ‘Summer Camps’ centradas en el deporte y el aprendizaje del inglés con monitores nativos, buscando una experiencia de inmersión que combine actividad física, idioma y convivencia.Libros ‘escape room’ para leer mientras resuelven retosHay niños a los que una novela convencional puede no resultarles especialmente atractiva, pero que disfrutan cuando la lectura les plantea un reto. Los llamados libros tipo ‘escape-room’ pueden ser una alternativa para ellos durante las vacaciones . En este formato, comprender lo que ocurre es necesario para poder avanzar. El lector tiene que recordar pistas, plantear hipótesis, encontrar información relevante, comprobar sus estrategias y cambiar de camino cuando una solución no funciona.«El niño no lee únicamente para saber qué ocurre después; necesita comprender para poder avanzar», apunta la psicóloga. Este tipo de propuestas pueden trabajar capacidades como la memoria de trabajo, la atención sostenida, la planificación, el razonamiento y la flexibilidad cognitiva. No se trata, en cualquier caso, de sustituir la lectura tradicional, sino de ofrecer una experiencia diferente y complementaria.«No intentemos fabricar un verano educativo. Hagamos que los niños participen en las vacaciones que están viviendo» Milana MaliaukaiteMás allá de estas cuatro propuestas, Maliaukaite pone el foco en una cuestión que puede resultar especialmente difícil para las familias durante las vacaciones: qué hacer cuando el niño dice que se aburre. La respuesta, según la especialista, no tiene por qué ser buscar inmediatamente otra actividad . «Cuando cada ‘me aburro’ recibe inmediatamente una pantalla, una actividad o una propuesta, podemos enseñar involuntariamente que cualquier momento vacío debe ser resuelto desde fuera -advierte-. No significa abandonar al niño a su suerte, sino permitirle experimentar con esos momentos de vacío. Una respuesta tan sencilla como ‘¿qué se te ocurre que podrías hacer?’ puede abrir la puerta a que sea él mismo quien busque una alternativa. Porque precisamente del aburrimiento pueden surgir un juego inventado, una conversación, una idea o una nueva curiosidad».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Las fotos de este verano que pueden perseguir a tus hijos toda la vida noticia Si Tania Borg: «Un verano perfecto no necesita ser perfecto» noticia Si En verano no todo vale: Estas son las rutinas que tu hijo no debe perder noticia Si El ‘jet lag’ de los adolescentes: Por qué en verano duermen como si vivieran en otro huso horarioLa psicóloga propone, además, cuatro principios para las familias durante el verano: proteger tiempo sin objetivos , hacer más preguntas y ofrecer menos respuestas inmediatas, dar a los niños pequeñas responsabilidades reales y no medir el valor de las vacaciones por la cantidad de actividades realizadas. Para Maliaukaite, el objetivo durante las vacaciones no pasa por mantener una rutina académica, sino por ofrecer a los niños oportunidades para explorar, tomar decisiones y participar en las situaciones cotidianas. «No intentemos fabricar un verano educativo. Hagamos que los niños participen de verdad en las vacaciones que están viviendo», concluye la psicóloga.
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